Tres semanas después de los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, el balance de víctimas continúa aumentando y supera ya los 5.000 fallecidos, mientras el país afronta simultáneamente las labores de búsqueda, la atención a decenas de miles de damnificados y el inicio del proceso de reconstrucción.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, informó este viernes de que el número provisional de muertos asciende a 5.069, tras los seísmos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados con apenas 39 segundos de diferencia el pasado 25 de junio, una de las mayores catástrofes naturales de la historia reciente del país. Las autoridades también cifran en 16.740 los heridos, mientras que Naciones Unidas estimó, pocos días después del desastre, que el número de desaparecidos podría rondar las 50.000 personas, aunque el Gobierno venezolano no ha actualizado esa cifra.
La devastación se concentra principalmente en el estado costero de La Guaira, donde centenares de edificios resultaron destruidos o quedaron estructuralmente dañados por la violencia de las sacudidas. La magnitud de los daños ha obligado a miles de familias a abandonar sus viviendas y buscar refugio en campamentos improvisados instalados en estadios, plazas públicas y otros espacios habilitados de emergencia. Según las autoridades, cerca de 20.000 personas permanecen todavía sin hogar.
En paralelo a la emergencia humanitaria, el Gobierno venezolano anunció la obtención de 346 millones de dólares procedentes del Fondo Monetario Internacional (FMI), recursos que serán destinados a financiar las primeras actuaciones de reconstrucción. Los fondos permanecían congelados desde hace años debido a la suspensión de las relaciones entre el organismo financiero y Caracas, una situación que comenzó a revertirse tras la reanudación de los contactos entre el FMI, el Banco Mundial y las nuevas autoridades venezolanas.
La presidenta interina, Delcy Rodríguez, explicó que la financiación permitirá respaldar a las familias afectadas mediante programas de vivienda, la rehabilitación de infraestructuras y la recuperación de servicios públicos esenciales en las zonas devastadas por el doble seísmo.
Mientras tanto, las labores de búsqueda continúan entre los escombros de La Guaira, donde familiares, voluntarios y equipos de rescate siguen intentando localizar a personas desaparecidas. En numerosos puntos de la ciudad, los trabajos se desarrollan con maquinaria alquilada por los propios vecinos ante la insuficiencia de medios disponibles, según denunciaron algunos afectados.
Varios residentes criticaron la lentitud en la recuperación de cuerpos atrapados bajo edificios derrumbados y denunciaron la aparición de personas que cobran por participar en esas tareas. Algunos voluntarios aseguran que estos particulares, conocidos localmente como «topos», exigen pagos de varios cientos de dólares para recuperar los restos de las víctimas, una práctica que consideran consecuencia de la falta de recursos desplegados sobre el terreno.
Pese al avance de las operaciones de rescate, la magnitud de la tragedia mantiene abiertas numerosas incógnitas sobre el número definitivo de víctimas, mientras Venezuela afronta el desafío de reconstruir una de las regiones más castigadas por un desastre natural en las últimas décadas.