La memoria del periodo colonial ha dejado de entenderse como un episodio cerrado de la historia para convertirse en un debate sobre reconocimiento, reparación y la persistencia de las desigualdades que afectan a los pueblos indígenas.
Cinco siglos después de la caída de Tenochtitlan, la Conquista española sigue siendo objeto de una profunda disputa histórica, política y social en México. Lejos de reducirse a un debate sobre el pasado, la discusión se ha desplazado hacia una cuestión más amplia: si la herencia colonial continúa proyectando sus efectos sobre el presente y hasta qué punto las actuales demandas de reconocimiento y reparación responden a una reinterpretación de la historia nacional.
Esa es una de las principales conclusiones del estudio "Reinterpretaciones del pasado colonial en el México contemporáneo", que analiza cómo ha evolucionado la memoria de la Conquista en las últimas décadas. Según la investigación realizada por Miriam Hernández Reyna y Julio Andrés Camarillo Quesada, durante buena parte del siglo XX el relato nacional mexicano presentó la Independencia como el momento que puso fin al dominio colonial y abrió una nueva etapa de libertad y construcción del Estado. Sin embargo, a partir de finales de los años sesenta comenzó a consolidarse otra interpretación que cuestiona esa visión y sostiene que distintas formas de colonialismo continuaron reproduciéndose después de la independencia mediante la discriminación, el despojo y la marginación de los pueblos indígenas.
Los autores sostienen que este cambio también transformó la forma de entender el propio pasado colonial. La Conquista dejó de ser interpretada únicamente como un acontecimiento histórico para convertirse en el origen de una estructura de dominación cuyos efectos, según esta corriente de pensamiento, siguen presentes en las sociedades latinoamericanas. En ese contexto, conceptos como memoria histórica, etnocidio, reconocimiento, reparación y justicia histórica adquirieron un protagonismo creciente, desplazando la antigua narrativa centrada exclusivamente en la construcción de la nación mexicana.
Este cambio de paradigma ayuda a explicar por qué la petición formulada por México para que España reconozca oficialmente los abusos cometidos durante la Conquista trasciende el ámbito estrictamente diplomático. Tras su primer encuentro con el rey Felipe VI desde el inicio de su mandato, la presidenta Claudia Sheinbaum insistió en que la solicitud de perdón constituye, ante todo, una cuestión de identidad nacional y de reconocimiento hacia los pueblos originarios. Según explicó, trasladó al monarca que esa demanda responde a la necesidad de combatir la discriminación, el racismo y el clasismo que, a su juicio, han acompañado históricamente a las comunidades indígenas, por lo que se trata de "un asunto de dignidad para México".
La narrativa de la Conquista que sigue retrasando el reconocimiento oficial
La dimensión de este debate, sin embargo, trasciende las fronteras mexicanas. Para el internacionalista y politólogo dominicano Luis González, la percepción sobre la herencia colonial española varía de un país latinoamericano a otro y guarda una estrecha relación con el peso demográfico y la presencia histórica de las poblaciones indígenas. En declaraciones al diario Assahifa en Español, el especialista sostiene que la valoración predominante en buena parte de América Latina y el Caribe "no es del todo positiva", al considerar que fueron los colonizadores quienes impusieron un nuevo orden político, social y cultural que supuso el sometimiento y, en numerosos casos, el exterminio de las poblaciones originarias. Aun así, matiza que esa percepción ha experimentado altibajos a lo largo del tiempo: mientras en determinados momentos España ha sido vista como la "madre patria", en otros ha prevalecido una visión mucho más crítica de su legado histórico en la región.
Para González, uno de los principales factores que siguen retrasando un gesto oficial por parte de España es la persistencia de una narrativa que durante décadas ha tendido a justificar la Conquista. A pesar de que España se presenta como una democracia que defiende los derechos humanos, especialmente desde la transición democrática tras el franquismo; aún no haya asumido institucionalmente la responsabilidad por los abusos cometidos durante la colonización. A su juicio, la historiografía tradicional convirtió en figuras heroicas a personajes como Hernán Cortés, Francisco Pizarro o Juan Ponce de León, cuando, desde la perspectiva de los pueblos sometidos, su actuación estuvo marcada por el saqueo, la imposición y el exterminio. "No hay nada más negativo que un conquistador", sostiene el politólogo, quien considera que la historia transmitida durante décadas ha tendido a justificar aquellos hechos bajo conceptos como la evangelización o la civilización, reflejo, afirma, de una visión eurocéntrica que situaba a Europa como modelo superior llamado a imponer su cultura sobre otros pueblos.
Ante este panorama, diversas organizaciones indígenas de América Latina y el Caribe, consideran que una disculpa oficial, aunque necesaria, ya no resulta suficiente para responder a las consecuencias históricas de la colonización. Durante la Cumbre Internacional sobre la Doctrina del Descubrimiento, celebrada en Ciudad de México, representantes de diversos pueblos originarios sostuvieron que el perdón solo tendría sentido si va precedido por un proceso de esclarecimiento de los hechos, el reconocimiento de crímenes como el genocidio, el despojo territorial, la esclavitud y otras formas de dominación colonial, así como por la definición de mecanismos de reparación.
Sobre este punto, Luis González considera que la exigencia de una comisión de esclarecimiento constituye una evolución lógica del proceso iniciado por México, aunque advierte que trasladar la discusión al terreno de las indemnizaciones podría complicar un proceso que, a su juicio, debería orientarse a abrir una nueva etapa en las relaciones entre España y América Latina. El especialista sostiene que una disculpa acompañada de una explicación clara de las atrocidades, del despojo de recursos y de la lógica de superioridad cultural que sustentó la colonización constituiría un paso suficiente para avanzar hacia una relación basada en el respeto mutuo, el diálogo entre civilizaciones y el reconocimiento compartido de la historia.
Los gestos de España y el deshielo de una relación congelada
Mientras las organizaciones indígenas amplían el debate desde el perdón hacia el esclarecimiento histórico y la reparación, la relación entre México y España parece haber entrado en una fase distinta. Sin renunciar a la exigencia de una disculpa oficial por los abusos cometidos durante la Conquista, ambos gobiernos han comenzado a reconstruir un diálogo que permaneció prácticamente congelado desde la crisis diplomática abierta en 2019.
El encuentro entre Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI llevado a cabo el 25 de junio de 2026 en el Palacio Nacional en la Ciudad de México, tampoco puede entenderse sin los movimientos que comenzaron a producirse meses antes. El reconocimiento por parte del monarca de que durante la Conquista se cometieron "abusos", realizado durante una exposición dedicada a las mujeres indígenas en Madrid, fue interpretado por el Gobierno mexicano como el primer gesto político significativo desde la crisis abierta en 2019.
Aunque esas declaraciones estuvieron lejos de representar la disculpa oficial que continúa reclamando México, permitieron abrir un espacio de diálogo que hasta entonces parecía bloqueado. La propia Sheinbaum reconoció que el encuentro celebrado en Palacio Nacional "no se hubiera podido dar" sin ese acercamiento previo, una evolución que, según destacó, incluso provocó críticas desde sectores de la derecha española.
Sobre esta evolución, el internacionalista Luis González considera que el gesto del rey constituye un avance relevante, aunque insuficiente. A su juicio, Felipe VI ha dado "un reconocimiento a medias" que merece ser valorado como un punto de partida, pero sostiene que España todavía mantiene pendiente el paso decisivo: asumir oficialmente, mediante un pronunciamiento institucional, la responsabilidad por los abusos cometidos durante la colonización. En su opinión, el término "Conquista" ha servido históricamente para suavizar una realidad marcada por la imposición, el saqueo, el exterminio y la destrucción cultural, por lo que considera necesario un reconocimiento formal dirigido no solo a México, sino al conjunto de los pueblos de América Latina y el Caribe afectados por el proceso colonial. "Es una iniciativa plausible, pero debe completarse dándole más formalidad", afirma, convencido de que ese paso contribuiría a construir una relación más sólida entre España y las naciones latinoamericanas.
Cabe recordar que ese nuevo clima también se tradujo en compromisos concretos. Ambos países acordaron impulsar tres exposiciones culturales en España, dedicadas al exilio republicano, a Sor Juana Inés de la Cruz y a la cultura maya. Además, el rey Felipe VI trasladó a la presidenta mexicana el interés de que la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno, prevista para los días 4 y 5 de noviembre de 2026 en Madrid, incluya una mesa de trabajo dedicada específicamente a los pueblos originarios, como parte del proceso de diálogo abierto entre ambos países.