El anuncio de Marruecos sobre una inversión millonaria para reconstruir las zonas afectadas por las inundaciones ha actuado como un espejo incómodo para España. Bajo el contundente titular "Marruecos da una lección a España", el diario El Español pone el dedo en la llaga sobre la lentitud burocrática española frente a la audacia y rapidez de Rabat ante los extremos climáticos.
Burocracia frente a rapidez de gestión
La inquietud en el debate español nace de una comparación inevitable. Mientras que en España la gestión de catástrofes suele atascarse en disputas políticas y retrasos administrativos entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, Marruecos ha reaccionado con un firme golpe de timón financiero tras sufrir unas lluvias torrenciales que cortaron de golpe 7 años de sequía extrema.
La prensa española observa con atención cómo el Gobierno marroquí ha movilizado de inmediato 3.000 millones de dirhams (unos 300 millones de euros). Lo que sorprende no es solo la cantidad, sino el enfoque: una inversión de choque orientada a rediseñar la resiliencia de sus infraestructuras, no un simple subsidio temporal.
Las cifras clave del plan marroquí
El desglose de los datos publicado por el medio español evidencia la magnitud de la respuesta de Rabat:
Inyección directa a las infraestructuras: De los fondos liberados, 1.700 millones de dirhams (unos 170 millones de euros) se destinan con urgencia a reparar carreteras y redes de riego, mientras que el resto se inyecta en la reconstrucción de viviendas, apoyo a agricultores y pymes.
El bum de los embalses: Las reservas hídricas pasaron del 27% a rozar el 70%. Presas clave como Oued El Makhazine superaron el 160% de su capacidad, obligando a abrir compuertas para evitar un colapso, lo que inundó la cuenca del río Loukkos.
El balance de daños: El temporal dejó 188.000 desplazados y más de 110.000 hectáreas agrícolas anegadas.
La lección climática que preocupa a España
El verdadero trasfondo de la preocupación en España es la falta de adaptación al "terrorismo climático", donde cae el agua de todo un año en apenas 48 horas. El análisis concluye que la política hídrica ya no puede limitarse a combatir la sequía con desaladoras (un campo donde Marruecos también invierte).
La lección que Marruecos deja sobre la mesa es la necesidad de rediseñar cauces, canalizaciones y defensas antes de que vuelva a ocurrir la tragedia; una mentalidad preventiva que contrasta con una España que suele responder tarde y a remolque de las crisis.