La crisis migratoria que ha experimentado la ciudad de Ceuta ha desencadenado una ola sin precedentes de declaraciones hostiles hacia Marruecos, algunas de las cuales han traspasado los límites de la crítica política y la tensión diplomática para utilizar términos como "invasión", "guerra" y "asedio", e incluso llamando abiertamente a disparar y bombardear la capital, Rabat.
Esta escalada refleja la transición de la crisis, en algunos círculos políticos, religiosos y mediáticos españoles, de un asunto de migración y gestión de fronteras a un enfrentamiento de identidades que recupera el lenguaje de las guerras históricas entre las dos orillas del Mediterráneo.
Entre las declaraciones más destacadas se encuentra la de Javier Aizpún, párroco de Huarte y miembro del clero de la catedral de Pamplona, tras las afluencias masivas hacia Ceuta. Llamó a "reconquistar y cristianizar Marruecos", evocando el testamento de la reina Isabel la Católica, y escribió: "Lo que la reina Isabel dejó sin terminar, sepamos cómo completarlo".
Este discurso se refiere al testamento histórico atribuido a la reina, que instó a sus sucesores a no dejar de "invadir África", mientras que los escritos y publicaciones árabes circulan otra frase atribuida a ella que dice que "todo el bien para España está en que Marruecos esté disperso, ignorante, pobre, y siempre enfermo".
El sacerdote no se limitó a este discurso religioso, sino que en otras publicaciones llamó a "abrir fuego intenso" contra los que describió como "invasores", y a "bombardear Rabat cuando sea necesario", también habló de recuperar el norte de Marruecos como parte de lo que llamó "la eterna España".
La peligrosidad de las declaraciones de Aizpún radica en que no presenta la migración como una crisis humanitaria o de seguridad, sino que la vincula explícitamente con el concepto de "recuperación" y con el proyecto que lideró la Reina Isabel la Católica contra los musulmanes en la Península Ibérica, además de darle una dimensión religiosa, al hablar de la cristianización de Marruecos, lo que transforma el actual conflicto político en un enfrentamiento entre el cristianismo y el islam, y recupera un discurso que se creía que Europa había superado hace siglos.
El uso del lenguaje de guerra no se limitó a publicaciones extremistas individuales, ya que el líder del partido "Vox", Santiago Abascal, describió lo ocurrido en Ceuta como una "invasión", y pidió la "militarización permanente" de las fronteras y el cierre del paso con Marruecos hasta que Rabat ofrezca garantías de que no se repetirán los hechos.
El responsable de migración y seguridad del partido, Samuel Vásquez, recurrió a un discurso con carga belicista cuando instó a los habitantes de la ciudad a que "cada uno defienda a su familia con lo que tenga a su disposición", una frase que generó temores de fomentar el enfrentamiento y la violencia civil.
El líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, describió la crisis como una "ocupación premeditada", responsabilizando al gobierno español por la demora en la respuesta, y pidiendo el uso de amplios medios de seguridad para enfrentar lo que consideró un ataque a la soberanía del país.
Aunque su discurso fue menos extremista que los llamados a bombardear y disparar, el uso de la palabra "ocupación" contribuyó a su vez a trasladar la crisis del léxico de la migración irregular al léxico de los conflictos militares entre países.
Apareció la misma tendencia en las declaraciones del presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, quien describió la ciudad como "asediada", considerando que lo que sucedió superó la presión de la inmigración a una amenaza directa para la unidad de España y la integridad de su territorio. El diputado europeo de extrema derecha Alvis Pérez pidió declarar un "estado de sitio" y la acción militar, mientras que las corrientes extremistas usaron expresiones como "hombres en edad de combatir", en referencia a los jóvenes inmigrantes que llegan desde Marruecos.
Este discurso coincidió con las protestas frente a la embajada marroquí en Madrid, durante las cuales se levantaron lemas anti-musulmanes y anti-inmigrantes, y aparecieron símbolos y saludos nazis, junto con llamados a proteger la "España cristiana".
Así, en cuestión de días, se entrelazaron los vocablos de invasión, asedio, recuperación, cristianización y bombardeo, revelando que la crisis de Ceuta no solo llevó a una nueva tensión entre Madrid y Rabat, sino que abrió el camino para un discurso históricamente hostil que retrata a Marruecos como un adversario civilizacional y militar.
Aunque estas declaraciones no representan a toda la sociedad española o a todas sus instituciones, su emisión por parte de líderes religiosos, líderes de partidos y figuras electas les otorga un peligro particular, ya que contribuyen a transformar al inmigrante marroquí en un "enemigo" y sitúan las relaciones entre los dos países en un marco de guerra, en lugar de mantenerlas en el contexto de un conflicto político y de seguridad que puede ser gestionado a través del diálogo y la cooperación.