La diplomacia española ha vuelto a recurrir a la política de hechos consumados, rechazando abrir cualquier vía de diálogo sobre las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla. Esta postura llega como respuesta directa a las recientes declaraciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, quien reafirmó el «derecho histórico y geográfico» inalienable del Reino sobre sus territorios legítimos.
Según han filtrado fuentes oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores de España a medios ibéricos, el Ejecutivo de Madrid rechaza «tajantemente cualquier planteamiento distinto» sobre el estatus de ambas plazas, parapetándose tras la cobertura de la Unión Europea y eludiendo abordar el fondo del contencioso territorial. Las mismas fuentes señalaron que dicha posición ha sido transmitida a Rabat a través de los canales diplomáticos.
Este distanciamiento madrileño se produce tras la intervención del titular de Justicia marroquí en el canal público 2M, donde abogó por la creación de una «comisión de diálogo» bilateral. La propuesta marroquí busca reactivar la visión estratégica y constructiva iniciada en su día por el difunto rey Hassan II con la propuesta «célula de reflexión», con el fin de alcanzar una solución definitiva y pacífica al litigio territorial.
El repliegue de Madrid se ha visto reflejado también en el ámbito parlamentario español; portavoces como Enrique Santiago (Izquierda Unida) mostraron su inquietud ante la firmeza de la diplomacia marroquí en la defensa de sus derechos territoriales, rechazando la mediación internacional y pidiendo al Gobierno de Pedro Sánchez mayor firmeza frente al constante e irrenunciable empeño de Marruecos por resolver las cuestiones pendientes en su frontera sur.