Tras la polémica por las declaraciones de su embajador en Argel: París descarta aumentar los visados y condiciona cualquier avance al 'caso Christophe Gleizes'

El Gobierno francés ha zanjado las especulaciones surgidas en los últimos días sobre un posible incremento en el número de visados concedidos a ciudadanos argelinos. París ha confirmado de manera catégorica que no contempla ningún plan ni objetivo para restablecer el flujo de visados a los niveles previos a la crisis bilateral. Esta postura oficial pone fin a la controversia suscitada por las recientes declaraciones del embajador francés en Argelia, Stéphane Romatet, quien había sugerido la posibilidad de retornar gradualmente a la concesión de unos 250.000 visados anuales, cifra similar a la registrada antes del deterioro de las relaciones.

Por su parte, el ministro delegado de Asuntos Europeos, Benjamin Haddad, en declaraciones recogidas por medios franceses, insistió en que el Ejecutivo no ha adoptado directriz alguna para elevar los cupos de visados destinados a Argelia. "No existen objetivos numéricos, cuotas ni una hoja de ruta en discusión al respecto", subrayó. Estas palabras reflejan la firmeza de París en su política de condicionar cualquier flexibilización del sistema migratorio a avances tangibles en asuntos prioritarios para Francia, tales como la cooperación en la lucha contra la inmigración irregular, el combate a las redes de narcotráfico y, de forma prioritaria, la resolución del caso del periodista francés Christophe Gleizes, quien cumple condena en el país magrebí.

Esta reacción oficial evidencia un claro distanciamiento respecto a la impresión generada por el embajador, cuyas palabras dieron a entender que París avanzaba hacia una suavización de las restricciones y la normalización de las relaciones consulares. Ante esto, el Gobierno francés se apresuró a precisar que un eventual deshielo en esta materia no será una decisión unilateral ni automática, sino que permanecerá estrictamente supeditado a la consecución de resultados prácticos en los contenciosos de seguridad, judiciales y migratorios pendientes.

Según informaciones publicadas por la prensa gala, las declaraciones de Romatet no contaron con el respaldo de las altas esferas de decisión en París. Fuentes cercanas al Ministerio de Asuntos Exteriores indicaron que el diplomático recibió instrucciones precisas de alinearse con la postura oficial del Ejecutivo, tras considerarse que sus comentarios discordaban con la línea estratégica trazada por las autoridades francesas, especialmente en un momento de extrema sensibilidad en el vínculo con Argel.

La polémica ha reactivado el debate político interno en Francia sobre la gestión de las relaciones con el país norteafricano. La sola hipótesis de suavizar los visados desató una oleada de críticas en el espectro de la derecha y la extrema derecha francesa, sectores que consideran cualquier apertura como una concesión injustificada mientras persistan los desencuentros.

En este contexto, el presidente de Agrupación Nacional (RN), Jordan Bardella, tachó de "capitulación" ante Argel la posibilidad de incrementar los visados, sosteniendo que París no debe otorgar facilidades mientras el periodista Christophe Gleizes continúe encarcelado. Bardella abogó por una política de mayor firmeza migratoria y diplomática, asegurando que su formación restaurará "la autoridad del Estado" (l'autorité de l'État) si llega al poder.

En la misma línea, el líder de Los Republicanos (LR), Bruno Retailleau, criticó la gestión del presidente Emmanuel Macron, denunciando que la diplomacia francesa ha encadenado concesiones sin obtener contrapartidas claras. Retailleau enfatizó que cualquier gesto en los visados debe ir precedido de progresos constatables en la repatriación de migrantes en situación irregular y en el caso del periodista Christophe Gleizes, entre otros contenciosos abiertos.

Este choque político coincide con los intentos de París y Argel por reactivar los canales de diálogo tras meses de alta tensión diplomática. Este mes de julio se reanudaron los contactos ministeriales y se acordó restablecer las embajadas y consulados a su plena capacidad operativa, buscando relanzar la cooperación en seguridad, justicia y migración para contener una crisis que afecta a todos los ámbitos de la relación bilateral.

Cabe recordar que el expediente de los visados ha sido uno de los principales focos de fricción en los últimos años, desde que Francia endureció los criterios de concesión para presionar a Argel en la readmisión de sus nacionales en situación irregular. A este conflicto se sumaron posteriormente otros disensos políticos y judiciales.

La tensión escaló drásticamente en el verano de 2024, cuando París oficializó su respaldo a la iniciativa de autonomía marroquí como la base más seria, realista y creíble para resolver el conflicto del Sáhara. La decisión desató la indignación de Argel, que reaccionó llamando a consultas a su embajador en París, sumiendo la relación en una crisis sin precedentes.

Junto al contencioso del Sáhara, otros casos complejos han enconado el escenario bilateral: la situación del escritor franco-argelino Boualem Sansal, el encarcelamiento de Christophe Gleizes, las dificultades en las deportaciones, la crisis de los visados y las protestas de Argel por determinados contenidos de los medios franceses. Todo ello ha hecho que las relaciones franco-argelinas atraviesen uno de los periodos más delicados y complejos de su historia reciente.

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