Tras Ceuta: Madrid consolida su lazo con Rabat, desvincula el Sahara y deja a Argelia sin baza

La irrupción migratoria registrada en la ciudad ocupada de Ceuta los pasados 30 y 31 de julio no derivó en una crisis diplomática susceptible de ser rentabilizada por Argelia o el Frente Polisario en el marco del litigio del Sahara. A pesar de la magnitud de los acontecimientos y de las severas críticas de la oposición interna, el Gobierno español mantuvo su apuesta por la continuidad en la cooperación con Marruecos.

En lugar de permitir que esta ola migratoria degenerara en un conflicto diplomático abierto con Rabat, el Ejecutivo español optó por contener sus repercusiones y ratificar la continuidad de la coordinación bilateral. En este contexto, ambas partes anunciaron un acuerdo para agilizar la repatriación de las personas que ingresaron de forma irregular en la ciudad ocupada de Ceuta.

Asimismo, la cuestión del Sahara —que marcó los desencuentros anteriores entre ambos países— no fue utilizada por Madrid como baza de presión. El Ejecutivo español optó por remarcar el valor estratégico de su relación con Rabat, reduciendo el episodio, en su balance político, a una crisis migratoria y fronteriza más que a un conflicto diplomático en toda regla.

Argelia y el Polisario: un balance sin réditos

En lo que respecta a Argelia y al Frente Polisario, la crisis migratoria en la ciudad ocupada de Ceuta no se ha traducido en réditos políticos ni diplomáticos utilizables contra Marruecos en el litigio del Sahara. El Gobierno español evitó acusar formalmente a Rabat de instrumentalizar la irrupción migratoria, a pesar de las especulaciones de analistas y medios locales sobre una eventual intencionalidad política tras la relajación del control fronterizo los días 30 y 31 de julio.

De hecho, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante su última visita a la ciudad ocupada de Ceuta, destacó la continuidad de la cooperación con las autoridades marroquíes y valoró su disposición para agilizar el retorno de los migrantes. Asimismo, el jefe del Ejecutivo subrayó que la comunicación con Rabat se mantuvo fluida e ininterrumpida a lo largo de toda la crisis.

En este mismo contexto, el Ministerio de Asuntos Exteriores español calificó de "excelentes" las relaciones con Marruecos, asegurando que los episodios de la ciudad ocupada de Ceuta no alteran los lazos bilaterales. Por su parte, el Ministerio del Interior enfatizó que la cooperación marroquí para afrontar la situación es "sincera y continua", mientras que desde Rabat se calificó la colaboración en materia migratoria con Madrid de "ejemplar".

Por todo ello, el episodio lejos de derivar en una ruptura política que otorgara a Argelia y al Polisario un nuevo margen de maniobra —como sucedió en crisis anteriores—, se ha traducido en la consolidación de la coordinación migratoria y el refuerzo del control fronterizo en la ciudad ocupada de Ceuta. Todo esto ocurre a pesar de las voces en España que reclaman mayor firmeza ante Rabat, frente a un Gobierno central que mantiene su apuesta por la contención y la vía diplomática.

Madrid afianza su alianza estratégica con Rabat

Se evidencia en la mayoría de las declaraciones oficiales de Madrid, desde los sucesos de la ciudad ocupada de Ceuta hasta la fecha, su empeño en preservar las buenas relaciones con Rabat. El Gobierno de Pedro Sánchez mantiene esta postura a pesar de la intensa presión política de la oposición de derechas, que le exige señalar directamente a Marruecos y adoptar una línea más dura.

Asimismo, el Gobierno español ha reiterado que la cooperación con Rabat se mantiene ininterrumpida, tanto antes como después de los sucesos de la ciudad ocupada de Ceuta. En este sentido, el presidente Pedro Sánchez expresó su agradecimiento a Marruecos por su disposición a colaborar en la agilización de los procesos de repatriación.

Pese a los desencuentros verbales sobre la soberanía de las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla —como las afirmaciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, y la réplica de la ministra de Defensa española, Margarita Robles, al sostener que la soberanía española es "innegociable"—, este cruce de declaraciones se mantuvo acotado al plano ideológico y territorial, sin degenerar en una crisis diplomática abierta.

Esto se manifiesta claramente en las declaraciones de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, quien el martes 18 de agosto definió a Marruecos como un "socio fiable". La titular española subrayó la importancia de la cooperación bilateral, enfatizando que la contención de la crisis no habría sido posible sin el concurso activo de Rabat.

A diferencia de crisis anteriores: el Sahara, al margen de la tensión

Lo más reseñable de este episodio migratorio es que la cuestión del Sahara no se ha erigido en el eje del choque político entre Madrid y Rabat, a diferencia de la intensidad registrada en crisis anteriores. Pese a las presiones internas y externas, el Ejecutivo español evitó instrumentalizar su postura sobre el litigio para presionar a Marruecos, desvinculando oficialmente la gestión de la crisis fronteriza en la ciudad ocupada de Ceuta del expediente del Sahara.

Este escenario dista del vivido durante la crisis de 2021, marcada por una severa tensión diplomática tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, por motivos médicos. Aquel episodio culminó con un giro histórico en la postura española sobre el litigio del Sahara, dando inicio a una nueva etapa en las relaciones bilaterales.

Desde el viraje de la postura española en 2022 —cuando Madrid respaldó la iniciativa de autonomía marroquí como la base más seria, realista y creíble para resolver el conflicto—, la cuestión del Sahara se ha integrado en el núcleo estratégico de las relaciones bilaterales. En este marco, el Gobierno español reitera de forma recurrente que dicha posición ha permitido consolidar una nueva etapa de cooperación reforzada en ámbitos clave como la seguridad, la gestión migratoria y la economía.

Durante la última crisis en la ciudad ocupada de Ceuta, no se observaron indicios en la postura oficial española de que se estuviera utilizando el expediente del Sahara como baza de presión contra Rabat. Todo ello ocurrió en un contexto regional delicado, tras la visita del presidente Pedro Sánchez a Argelia el 20 de julio para encauzar las relaciones bilaterales. En este sentido, el Ministerio de Asuntos Exteriores español enfatizó desde el primer momento que los lazos con Marruecos son "excelentes" y que no se ven alterados por el acercamiento con Argel.

De este modo, la evolución de este episodio evidencia que Madrid ha optado por desvincular la gestión migratoria de los dosieres estratégicos que rigen su relación con Rabat, con la cuestión del Sahara a la cabeza. Si bien una escalada política habría otorgado un mayor margen de maniobra a Argelia y al Frente Polisario, la continuidad de la cooperación bilateral y el blindaje del expediente del Sahara permitieron acotar el episodio a su dimensión estrictamente migratoria y de seguridad, evitando que degenerara en una crisis diplomática abierta.

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