Temor a enfurecer a Washington: el Polisario silencia a sus activistas en redes y prohíbe cualquier simpatía hacia Irán

La dirección del Frente Polisario ha transmitido instrucciones directas a sus seguidores, en particular a los activistas en redes sociales, instándolos a evitar cualquier crítica hacia Estados Unidos en el contexto de la actual escalada con Irán. Esta orientación se produce en un momento en que algunos blogueros cercanos al frente muestran una simpatía abierta hacia Teherán.

La advertencia fue emitida de manera indirecta por una de las figuras destacadas del movimiento, el exrepresentante del Polisario en Europa, Abi Bashraya Al-Bashir. Este posicionamiento refleja una creciente preocupación dentro del liderazgo del frente, que teme las repercusiones de las posturas expresadas en el ámbito digital en un entorno internacional especialmente sensible, donde los equilibrios geopolíticos se entrecruzan con el expediente del Sáhara. Todo ello cobra mayor relevancia tras el respaldo de Estados Unidos y el proceso negociador impulsado durante la administración de Donald Trump en torno a la iniciativa de autonomía marroquí, así como a la luz de la última resolución del Consejo de Seguridad.

En este marco, Al-Bashir instó, en un mensaje publicado en la red social X, a quienes calificó como “blogueros saharauis” a actuar con cautela y a no dejarse llevar por la emoción al comentar la tensión entre Irán y Estados Unidos. Advirtió que cualquier posicionamiento mal calibrado podría acarrear al frente un “precio exorbitante”, en clara alusión al riesgo de generar fricciones con la administración estadounidense en un momento político delicado.

Asimismo, el exresponsable subrayó la necesidad de que los seguidores del Polisario se abstengan de cualquier actuación que pueda debilitar su posición en la mesa de negociaciones, en lo que constituye una confirmación implícita de que la etapa actual exige una disciplina estricta en el discurso, especialmente ante los cambios que experimenta la postura internacional sobre el conflicto.

Este giro se produce en un contexto de creciente presión por parte de Estados Unidos, que, según diversas lecturas, busca empujar al frente a aceptar la propuesta de autonomía planteada por Marruecos en el marco de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad. En este escenario, cualquier tensión con Washington podría traducirse en un coste político significativo para el liderazgo del Polisario.

Estas advertencias coinciden con un aumento notable del debate en el seno de las instituciones estadounidenses sobre la posible clasificación del Frente Polisario como organización terrorista. En este sentido, el Congreso ha sido escenario de la presentación de dos propuestas, siendo la más reciente una iniciativa del senador republicano Ted Cruz, quien solicitó explícitamente su inclusión en las listas correspondientes.

El debate no se limita al ámbito legislativo, sino que se extiende a un discurso político cada vez más presente en los círculos de toma de decisiones en Washington, donde se expresa una creciente preocupación por los supuestos vínculos entre el Frente Polisario e Irán. Según declaraciones de varios responsables estadounidenses, estos vínculos constituirían uno de los elementos que refuerzan la hipótesis de su eventual clasificación entre las organizaciones que amenazan la seguridad regional.

En esta línea, el proyecto de ley promovido por Ted Cruz sostiene que el Polisario desempeñaría el papel de “agente” de Irán en África Occidental, una caracterización que, de prosperar, podría tener importantes implicaciones políticas y de seguridad, abriendo la puerta a medidas de escalada que irían desde una eventual designación formal hasta la adopción de sanciones.

A esta tendencia se han sumado también varios exresponsables estadounidenses. Entre ellos figura Jason Greenblatt, exenviado del presidente Donald Trump para Oriente Medio, quien ha respaldado públicamente la idea de clasificar al Frente Polisario como organización terrorista, advirtiendo sobre lo que considera la gravedad de sus vínculos regionales.

A la luz de estos elementos, el Polisario parece inclinarse por una estrategia de bajo perfil, orientada a controlar su discurso público y a dirigir a sus seguidores para evitar cualquier posicionamiento que pueda interpretarse como hostil hacia Estados Unidos, especialmente en el contexto de la tensión con Irán, que ha reconfigurado las dinámicas de la región.

Sin embargo, este ajuste discursivo no responde únicamente a una táctica coyuntural, sino que refleja también una creciente conciencia dentro del liderazgo del frente de que su margen de maniobra se está reduciendo. En este contexto, cualquier desliz —incluso en el espacio digital— podría traducirse en un coste político directo en un expediente tan sensible como el del Sáhara.

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