El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, viajará el próximo 20 de julio a Argelia en la que será su primera visita oficial al país desde la crisis diplomática desencadenada en 2022 por el respaldo de Madrid al plan de autonomía marroquí para el Sáhara. Según informó Europa Press, el desplazamiento marcará una nueva etapa en la recomposición de las relaciones bilaterales y permitirá consolidar la interlocución política entre ambos gobiernos, en un contexto en el que la cooperación energética ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda estratégica hispano-argelina, sin que ello implique una revisión de la posición española sobre el contencioso del Sáhara.
El viaje llega después de varios años de distensión progresiva entre Madrid y Argel, tras una crisis que puso a prueba uno de los vínculos diplomáticos más relevantes de España en el Magreb. No obstante, el proceso de normalización impulsado por ambas capitales se ha desarrollado sin que el Ejecutivo de Sánchez haya introducido modificación alguna en el giro diplomático anunciado en marzo de 2022, cuando trasladó al rey Mohammed VI que España consideraba la iniciativa marroquí de autonomía como "la base más seria, creíble y realista" para resolver el diferendo regional.
Bajo ese nuevo escenario, la agenda de la visita estará previsiblemente articulada en torno al fortalecimiento de la cooperación económica y, especialmente, al refuerzo de la asociación energética entre ambos países. Argelia continúa ocupando una posición determinante en el abastecimiento gasista español y se mantiene como un socio estratégico para la seguridad energética de España, una realidad que ha adquirido aún mayor relevancia en el actual contexto internacional.
La cuestión del Sáhara, en cambio, no se perfila como uno de los ejes de las conversaciones. Lejos de reabrir un debate que el Gobierno español considera políticamente cerrado, Madrid afronta esta nueva fase de las relaciones con Argel desde la premisa de que la cooperación en materia energética y económica puede desarrollarse sin alterar la línea diplomática consolidada desde 2022 respecto al conflicto.
El cambio de posición adoptado por España hace cuatro años provocó una respuesta inmediata por parte de Argelia. Las autoridades argelinas retiraron a su embajador en Madrid, suspendieron el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación y restringieron buena parte de los intercambios comerciales con empresas españolas. Sin embargo, ni las medidas económicas ni la presión diplomática modificaron la posición del Ejecutivo español, que desde entonces ha reiterado en numerosas ocasiones su respaldo a la propuesta marroquí de autonomía como marco de referencia para una solución política del conflicto.
Con el paso del tiempo, ambas partes optaron por encauzar el proceso de normalización de sus relaciones. El regreso del embajador argelino a Madrid a finales de 2023, el levantamiento de las restricciones comerciales en noviembre de 2024 y la visita del ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a Argel el pasado mes de marzo contribuyeron a restablecer los canales de interlocución política. Tras aquel encuentro, Albares aseguró que ambos países habían inaugurado "una nueva etapa" en sus relaciones, mientras Argel confirmó la plena vigencia del Tratado de Amistad.
Más allá de su dimensión diplomática, la visita de Sánchez responde también a una lógica estratégica. El Gobierno español aspira a preservar una relación estable con Argelia en sectores considerados esenciales para sus intereses nacionales, al tiempo que mantiene intacta la arquitectura política construida con Marruecos desde el relanzamiento de la hoja de ruta bilateral en 2022.
De este modo, Madrid busca consolidar un equilibrio entre dos socios fundamentales en el norte de África: Marruecos, como aliado prioritario en materia política, económica y de seguridad, y Argelia, como actor clave para la seguridad energética española.
Ese equilibrio encuentra su principal expresión en el sector gasista. Según los datos recogidos por Europa Press, Argelia se mantuvo durante el primer semestre de 2026 como el principal proveedor de gas natural de España, con una cuota del 33,9 % de las importaciones, por delante de Estados Unidos.
Ese peso explica que la recomposición de la relación bilateral haya pasado a formar parte de las prioridades de la política exterior española, aunque sin cuestionar la posición que el Gobierno de Sánchez mantiene sobre el Sáhara, convertida ya en uno de los pilares de la actual asociación estratégica entre Madrid y Rabat.