Sánchez tacha de “bulos” las acusaciones de chantaje de Marruecos y dice que “darían para una serie de Netflix”

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha rechazado que Marruecos esté detrás de la entrada masiva de migrantes registrada en Ceuta los días 30 y 31 de julio y ha negado que su Ejecutivo esté sometido a algún tipo de presión por parte de Rabat. Durante una entrevista concedida este lunes a El Intermedio, Sánchez pidió “paciencia” ante una crisis que, según explicó, el Gobierno espera tener “estabilizada” antes de que termine el año.

Sánchez salió así al paso de las acusaciones que apuntan a un supuesto chantaje marroquí relacionado con la información obtenida tras el espionaje de su teléfono mediante Pegasus. El jefe del Ejecutivo respondió tajantemente que no existe tal presión y calificó estas versiones de “bulos” que, a su juicio, pueden servir para “una serie de Netflix”, pero no para explicar una realidad que debe sustentarse en hechos.

El presidente sostuvo, además, que no existe por ahora información que permita atribuir a las autoridades marroquíes la organización de la llegada masiva de migrantes a Ceuta. Según su relato, durante las horas de mayor presión migratoria sí hubo comunicación y coordinación entre las autoridades de ambos países, aunque ninguna de las partes pudo anticipar la magnitud que alcanzaría la llegada de personas a la ciudad.

En este punto, Sánchez defendió la necesidad de mantener una relación de cooperación con Marruecos, especialmente en materia migratoria. A su juicio, romper o deteriorar esa relación supondría “enquistar el problema”, dado que España necesita la colaboración marroquí para contener las llegadas y gestionar posteriormente el retorno de una parte importante de los migrantes que permanecen en Ceuta.

El presidente del Gobierno también rechazó que las comunicaciones internas conocidas durante la crisis demuestren que España disponía de una alerta previa sobre la dimensión que alcanzaría la entrada masiva. Sánchez reconoció que las autoridades españolas y marroquíes estaban siguiendo el incremento de los movimientos migratorios, pero insistió en que la información disponible no permitía prever una movilización de las proporciones registradas el 30 y el 31 de julio.

La gestión de la crisis ha quedado así vinculada, según Sánchez, a tres frentes principales. El primero pasa por reforzar la cooperación en la frontera con Marruecos y aumentar la inversión en esa zona; el segundo, por reubicar, identificar y tramitar la situación de los migrantes que permanecen en Ceuta; y el tercero, por evitar que la presión migratoria termine afectando a la actividad económica y a la vida cotidiana de los ceutíes.

Para hacer frente a esta situación, el Gobierno español ha establecido un mando único y se ha fijado como horizonte el final de 2026. Sánchez aseguró que espera que para entonces la situación esté estabilizada y que Ceuta pueda recuperar progresivamente la normalidad. El Ejecutivo prevé, además, ampliar de forma considerable la capacidad de acogida, mientras avanza el proceso de identificación y retorno de los migrantes.

La posición defendida por Sánchez supone, en definitiva, mantener abierta la vía de cooperación con Marruecos frente a quienes reclaman una respuesta más dura y atribuyen a Rabat un papel directo en la crisis. El presidente ha dejado abierta la posibilidad de una “respuesta contundente” si aparecieran pruebas de una implicación marroquí, pero insiste en que, hasta ahora, no existen hechos que permitan sostener esa acusación.

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