El conflicto entre Marruecos y España por Ceuta y Melilla ha entrado en una nueva fase en el plano del discurso oficial. En cuestión de horas, el debate pasó de las declaraciones políticas y militares españolas, empeñadas en subrayar la "españolidad" de ambas ciudades, a una respuesta directa desde el Gobierno marroquí, de la mano del ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien dejó claro que Marruecos no renunciará a sus territorios. Con ello, la cuestión de la soberanía, que Madrid había procurado mantener al margen de la agenda bilateral, vuelve a irrumpir con fuerza en las relaciones entre ambos países.
La ministra de Defensa española, Margarita Robles, se desplazó ayer miércoles a la propia Ceuta para escenificar una de las posiciones más firmes adoptadas por España desde el estallido de la última crisis. Tras reunirse con el comandante de la Comandancia General de la ciudad y con efectivos de la Legión Española desplegados en la ciudad ocupada, Robles afirmó que "Ceuta y Melilla no se tocan", y añadió que "cualquier ataque a Ceuta y Melilla es un ataque a toda España", al tiempo que aseguró que las Fuerzas Armadas permanecerán en la ciudad "mientras sea necesario".
Pero aquella no fue la primera posición expresada por Robles durante la crisis. Ya el 3 de agosto, desde la base aérea militar de Zaragoza, había insistido en que "la integridad territorial y la soberanía española no se tocan", y reclamado a Marruecos que investigara "hasta el final" los antecedentes de la ola de cruces masivos hacia Ceuta.
Sin embargo, el discurso español recibió esta vez una réplica política directa desde Rabat. El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, confirmó en una entrevista con el canal Al Sharq que la cuestión de Ceuta y Melilla "sigue sobre la mesa", y aseguró que Marruecos plantea el asunto ante la parte española cada vez que ambos países se reúnen.
En este sentido, Ouahbi fue tajante; "continuamos reclamando nuestras tierras y queremos resolver el problema a través del diálogo". Al mismo tiempo, sostuvo que la política marroquí en este asunto se basa en "la paciencia" y, en esa misma línea, negó que Rabat haya utilizado la inmigración como instrumento de presión para tratar de obtener concesiones territoriales o políticas.
La declaración adquiere un alcance que trasciende la posición de un ministro dentro del Gobierno, ya que vuelve a poner sobre la mesa una posición oficial de Marruecos que consta en los registros de Naciones Unidas. De hecho, cuando el Reino ratificó la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el 31 de mayo de 2007, el Gobierno marroquí depositó una declaración en la que afirmaba literalmente que "Ceuta, Melilla, la isla de Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera y las islas Chafarinas son territorio marroquí", y que Marruecos "nunca ha dejado de reclamar la recuperación de estos territorios bajo ocupación española, con el objetivo de lograr su integridad territorial".
Por tanto, la disputa no se circunscribe a Ceuta y Melilla, sino que, según la posición oficial marroquí, alcanza también a las islas Chafarinas, el Peñón de Vélez de la Gomera y la isla de Alhucemas, territorios e islas bajo control español frente a la costa norte de Marruecos.
A su vez, Madrid depositó en septiembre de 2008 una respuesta oficial ante Naciones Unidas, en la que consideró a Ceuta, Melilla, el Peñón de Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera y las islas Chafarinas "parte integral del Reino de España" y afirmó ejercer sobre ellos una "soberanía plena y completa".
De este modo, el expediente que consta ante Naciones Unidas deja por escrito dos posiciones abiertamente opuestas. Rabat afirma que estos territorios son marroquíes y permanecen bajo "ocupación española", mientras que España defiende que forman parte de su territorio y que ejerce sobre ellos su soberanía.
La cuestión, además, viene de lejos. En enero de 1975, Marruecos ya había solicitado formalmente ante el Comité de Descolonización la inclusión de Ceuta, Melilla, Alhucemas, el Peñón de Vélez de la Gomera y las islas Chafarinas en la lista de territorios no autónomos. España se opuso entonces a aquella petición.
La vuelta de este asunto al debate público pone de manifiesto los límites del discurso político español, que presenta la presencia de un Estado europeo en territorios situados geográficamente en el continente africano como una realidad definitiva que no admite discusión. Una premisa que Rabat rechaza de raíz y frente a la que mantiene que el paso de los siglos no borra su reivindicación de soberanía.
Tras las declaraciones de Ouahbi, el Ministerio de Asuntos Exteriores español se apresuró a responder que "la integridad territorial de España nunca ha sido ni será objeto de debate con nadie", mientras Robles volvió a subrayar que las dos ciudades no son solo españolas, sino "muy españolas".
Sin embargo, el elemento novedoso de la crisis actual es que Rabat ya no deja pasar este tipo de declaraciones españolas sin volver a poner públicamente sobre la mesa su posición sobre la soberanía.
Entre un discurso militar español que insiste en que estos territorios "no se tocan" y una posición oficial marroquí que afirma "continuamos reclamando nuestras tierras", todo apunta a que el contencioso de Ceuta, Melilla y las islas adyacentes volverá a situarse entre los asuntos más delicados de la relación entre Rabat y Madrid. Y con ello, la etapa en la que este diferendo permanecía políticamente congelado podría estar llegando a su fin.