¿Quién corta la luz a quién? España amenaza a Marruecos con el suministro eléctrico, pero el gran apagón de 2025 reveló el papel de Rabat, para disipar la oscuridad en el sur español

La tensión surgida tras la reciente crisis de Ceuta ha vuelto a situar la energía en el centro de las relaciones entre Marruecos y España, después de que en Madrid hayan surgido voces partidarias de reevaluar las bazas de presión de las que dispone España frente a Rabat.

El programa Mañaneros 360, de La 1 de la televisión pública española TVE, fue más allá el pasado martes al asegurar, citando sus propias informaciones, que el Gobierno prepara un plan de contingencia que contempla analizar el grado de dependencia de Marruecos respecto a España en materia de electricidad, gas e hidrocarburos. Por el momento, sin embargo, estas informaciones no se han traducido en ningún anuncio oficial sobre posibles «sanciones energéticas». De hecho, la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, afirmó en el mismo programa que Marruecos sigue siendo un «socio fiable». Por su parte, el director general de la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable de Marruecos, Tarik Hamane, declinó pronunciarse ante Assahifa sobre la relevancia de la interconexión eléctrica entre ambos países y sobre el eventual impacto que podrían tener en el Reino las «amenazas españolas».

Este debate vuelve a situar en primer plano una de las infraestructuras estratégicas más sensibles que conectan a ambos países, la interconexión eléctrica submarina a través del Estrecho de Gibraltar. Sin embargo, presentarla como una suerte de «grifo eléctrico» que España puede abrir o cerrar para abastecer a Marruecos, como se ha planteado en algunos medios españoles, no se corresponde con la naturaleza ni con el funcionamiento de esta infraestructura.

Se trata de una interconexión bidireccional concebida para reforzar la seguridad y estabilidad de ambos sistemas eléctricos y permitir los intercambios de energía en función de las necesidades de cada red, los precios y la capacidad disponible. La propia Red Eléctrica, responsable de la operación del sistema eléctrico español y de la red de transporte de alta tensión, señala que las interconexiones internacionales permiten prestar apoyo entre sistemas en situaciones de crisis y facilitan que la electricidad fluya de un sistema a otro en función de las condiciones existentes.

La otra cara de esta interconexión quedó patente durante el gran apagón del 28 de abril de 2025, cuando el sistema eléctrico se desplomó en España y Portugal. En el momento del incidente, Marruecos estaba importando electricidad desde España, pero el flujo se invirtió después de que Red Eléctrica solicitara al sistema marroquí el envío de energía hacia el norte para contribuir a la recuperación de la red y al restablecimiento del suministro eléctrico en el sur de España.

Según los datos disponibles en aquel momento, Marruecos pasó de importar alrededor de 778 megavatios antes del apagón a exportar cerca de 519 megavatios esa misma tarde. La relevancia de la interconexión quedó además reconocida oficialmente por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien señaló que la recuperación del sistema se apoyó, entre otros recursos, en las interconexiones con Francia y Marruecos, junto con la generación hidroeléctrica y las centrales de ciclo combinado de gas.

Aunque la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable de Marruecos declinó facilitar a Assahifa datos sobre esta interconexión, las cifras recabadas del lado español permiten reconstruir su evolución. La interconexión eléctrica entre Marruecos y España se remonta a 1997, año en que entró en servicio el primer enlace entre ambos países, al que se sumó un segundo en 2006.

El sistema opera con corriente alterna trifásica a una tensión de 400 kilovoltios y dispone de una capacidad técnica de 700 megavatios por circuito, lo que eleva su capacidad conjunta a 1.400 megavatios. El tramo submarino está compuesto por siete cables unipolares que recorren aproximadamente 30 kilómetros bajo el Estrecho de Gibraltar y alcanzan una profundidad máxima de 615 metros. La infraestructura es propiedad conjunta de Red Eléctrica de España y de la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable de Marruecos, responsables asimismo de su operación.

En cuanto a la capacidad comercial, esta se sitúa por debajo de la capacidad técnica, ya que una parte se reserva para garantizar la seguridad del sistema, según los datos recabados por Assahifa. En agosto de 2026, Red Eléctrica fijó la capacidad disponible en torno a 900 megavatios en el sentido España-Marruecos y en 600 megavatios en la dirección inversa. Estas cifras reflejan por sí solas que el funcionamiento de la interconexión no responde a un esquema rígido de proveedor y receptor, sino a un sistema bidireccional en el que los flujos pueden invertirse en función de las condiciones del mercado o de las necesidades de seguridad del suministro.

Según las mismas fuentes, en 2025 el saldo neto de electricidad programada desde España hacia Marruecos alcanzó los 3.743 gigavatios hora, frente a los 2.537 gigavatios hora de 2024, lo que supuso el cuarto año consecutivo en el que España registró un saldo exportador con el Reino. El volumen total de energía intercambiada entre ambas redes ascendió a 4.014 gigavatios hora, mientras que la interconexión estuvo operativa con intercambios programados durante el 85 % de las horas del año y generó 12,1 millones de euros de ingresos para el sistema eléctrico español.

En comparación con la demanda eléctrica de Marruecos, que alcanzó los 49 teravatios hora en 2025, el saldo neto de las importaciones procedentes de España equivale matemáticamente a alrededor del 7,6 % de la demanda anual marroquí. Se trata de una proporción significativa, aunque no implica que el Reino carezca de alternativas propias de generación, como han sugerido algunos medios españoles. La capacidad instalada de Marruecos alcanzó los 12.314 megavatios, de los cuales el 46,1 % corresponde a fuentes renovables. A ello se suma el programa de inversiones en el sector eléctrico aprobado por la Oficina Nacional de Electricidad y Agua Potable para el periodo 2026-2030, dotado con 206.000 millones de dirhams y que contempla incorporar 11,6 gigavatios de nueva capacidad renovable y 2,6 gigavatios de almacenamiento energético.

La propia evolución de los intercambios demuestra, además, que el flujo puede invertirse. En 2019, España se convirtió por primera vez en importador neto de electricidad procedente de Marruecos, con un saldo de alrededor de 774 gigavatios hora, una situación que volvió a repetirse en 2021, cuando registró un saldo importador de 182 gigavatios hora. Por ello, presentar a España únicamente como el país que «abastece a Marruecos», sin mencionar el carácter reversible de los flujos, ofrece una imagen incompleta de una infraestructura concebida precisamente para reforzar la seguridad de dos sistemas eléctricos interconectados.

Copia de un documento de Red Eléctrica que confirma que, en 2019, el flujo neto de electricidad se produjo de Marruecos hacia España, con un saldo importador para el sistema español de alrededor de 774 gigavatios hora.

La interdependencia energética entre ambos países no se limita a la electricidad. Desde junio de 2022, el gasoducto Magreb-Europa opera en sentido inverso para transportar hacia Marruecos el gas adquirido por el Reino en los mercados internacionales, que previamente es regasificado en España antes de ser enviado hacia el sur. Este mecanismo amplía la dimensión de los vínculos energéticos entre Rabat y Madrid y muestra que la relación en este ámbito responde a una red de intereses compartidos que va mucho más allá de la mera compraventa de electricidad.

De hecho, ambos países firmaron en 2019 un memorando para estudiar la construcción de una tercera interconexión eléctrica, con una capacidad prevista de 700 megavatios y una inversión estimada de 150 millones de euros, en el marco de una cooperación orientada a reforzar la integración de ambos sistemas eléctricos y facilitar el desarrollo de las energías renovables. Sin embargo, esta tercera interconexión todavía no había entrado en servicio en agosto de 2026, como reflejan las capacidades que Red Eléctrica continúa atribuyendo a los dos enlaces actualmente operativos.

En este contexto, convertir la interconexión eléctrica en un instrumento de «chantaje» por parte de España resulta difícil, precisamente porque no se trata de una línea de suministro unidireccional, sino de una infraestructura concebida para operar en ambas direcciones. En condiciones normales, Marruecos se beneficia actualmente de la electricidad española más de lo que España se beneficia de la electricidad marroquí, pero Madrid obtiene a su vez beneficios de esas exportaciones, de las tarifas de la interconexión y, sobre todo, de disponer de un respaldo estratégico cuyo valor quedó patente durante el gran apagón del 28 de abril de 2025. Cuando el sistema eléctrico colapsó en España y Portugal, se recurrió a Marruecos para invertir el flujo y enviar electricidad hacia el norte, contribuyendo así a la recuperación de la red y al restablecimiento del suministro en el sur de España.

Lo ocurrido durante el apagón de abril de 2025 ofrece el ejemplo más elocuente. La misma interconexión que en condiciones normales transporta electricidad hacia el sur invirtió su flujo cuando España necesitó apoyo y se convirtió en una de las vías que contribuyeron a recuperar el sistema y devolver la luz al sur del país. Una realidad que, sin embargo, apenas encuentra espacio en el debate planteado en estos términos por algunos medios españoles.

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