¿Qué hay detrás de la nueva crisis migratoria en Ceuta?

La llegada masiva de inmigrantes a Ceuta en los últimos días ha vuelto a situar la frontera hispano-marroquí en el centro del debate político y diplomático, evocando inevitablemente la crisis de mayo de 2021, cuando la entrada de miles de personas estuvo ampliamente vinculada al deterioro de las relaciones entre Madrid y Rabat tras la acogida en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Cinco años después, la nueva oleada vuelve a abrir interrogantes sobre los factores que la han desencadenado. El actual episodio se produce en un contexto de estrecha cooperación entre España y Marruecos, consolidada desde el respaldo del Gobierno español en 2022 al plan de autonomía marroquí para el Sáhara. Ese giro político abrió una nueva etapa en las relaciones bilaterales, reforzada posteriormente mediante una mayor coordinación en ámbitos como la seguridad, la gestión migratoria y la cooperación económica. Precisamente ese contexto ha dado pie a distintas interpretaciones sobre los factores que han podido confluir en el desencadenamiento de la actual crisis migratoria.

Parte de la prensa española ya ha puesto el foco en una serie de elementos que a su juicio podrían explicar la actual oleada migratoria. Medios como El País situaron el episodio en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas y señalaron que la aparente pasividad de las autoridades marroquíes coincidía con la reciente visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia. También apuntaban a la tramitación en el Congreso de la proposición de ley para facilitar la nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo la antigua administración española, al reciente acuerdo entre Madrid y Londres sobre Gibraltar, que Rabat podría interpretar como un precedente para Ceuta y Melilla, e incluso a las discretas negociaciones en torno a la sede de la final del Mundial de 2030, que organizarán España, Marruecos y Portugal.

Sin embargo, el relato oficial de las autoridades españolas y marroquíes, se centraró en otros factores. En un comunicado difundido el 30 de julio, el Ministerio del Interior español destacó la «ejemplar colaboración» entre España y Marruecos en todos los ámbitos, incluido el migratorio, y atribuyó el aumento de los flujos irregulares a la actuación de las redes de tráfico de personas, a las que acusó de instrumentalizar una sentencia judicial para fomentar la salida de migrantes indocumentados, mayoritariamente jóvenes. El departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska agradeció además a las fuerzas de seguridad marroquíes los esfuerzos realizados para impedir miles de intentos de cruce irregular y anunció un refuerzo de la coordinación entre ambos países para agilizar el retorno de las personas que accedieron ilegalmente a Ceuta.

Esa posición fue reafirmada este viernes por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita a Ceuta. El jefe del Ejecutivo defendió la actuación coordinada con Marruecos frente a la crisis migratoria y rechazó las críticas formuladas desde algunos sectores de la Guardia Civil, cuyos agentes sostenían que la policía marroquí no había impedido el avance de miles de personas hacia el espigón del Tarajal durante las primeras horas de la avalancha. Sánchez aseguró que la cooperación con Rabat había sido «ágil y constante» desde el inicio de la crisis y afirmó que Marruecos estaba colaborando en el retorno de las personas que habían accedido de forma irregular.

En la misma línea se pronunció la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich. Durante la recepción organizada con motivo de la Fiesta del Trono, la diplomática aseguró que la situación vivida en Ceuta «no es algo que complazca» al Reino y afirmó que ambos gobiernos mantienen un contacto permanente para gestionar la crisis. Benyaich reiteró que Marruecos desea el regreso de sus ciudadanos, y a su vez, defendió una inmigración «legal, ordenada y segura» poniendo en valor el nivel de cooperación existente entre ambos países, citando como ejemplo la Operación Paso del Estrecho.

La crisis ha dado paso también a interpretaciones que amplían el foco de análisis y sitúan la actual oleada migratoria en un contexto geopolítico de mayor alcance. En declaraciones a Assahifa en Español, el profesor titular de Derecho Constitucional de la Universidad Pablo de Olavide, Héctor Álvarez García, sostiene que la presión migratoria sobre Ceuta no puede analizarse de forma aislada, sino en relación con la evolución reciente de la política exterior española, las tensiones acumuladas con varios actores internacionales y el complejo escenario estratégico que rodea a España y al norte de África.

A juicio del constitucionalista, Pedro Sánchez ha convertido a España en «un Estado fallido incapaz de controlar sus fronteras» y considera que la política exterior del Ejecutivo ha deteriorado la posición internacional del país. En ese contexto, sostiene que la actual presión migratoria sobre Ceuta podría interpretarse como «una operación internacional a tres bandas» en la que convergerían los intereses de Estados Unidos, Israel y Marruecos con el propósito de debilitar políticamente al Gobierno español.

Según explica Álvarez García, Estados Unidos tendría motivos relacionados con las dificultades para utilizar sus bases militares en España durante el conflicto con Irán; Israel respondería al deterioro de las relaciones con el Ejecutivo de Pedro Sánchez y las críticas vertidas desde el Gobierno español; mientras que Marruecos mantendría como elemento de fondo su reivindicación histórica sobre Ceuta y Melilla. A ello añade que la reciente tramitación parlamentaria de la proposición de ley para conceder la nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo la antigua administración española constituye, a su juicio, otro factor de fricción con Rabat.

El profesor sostiene asimismo que la reacción de la Unión Europea evidencia un creciente cuestionamiento de la política migratoria del Ejecutivo español y considera que Bruselas ha trasladado advertencias sobre las consecuencias que esa estrategia podría tener para España en el espacio Schengen. En su valoración final, Álvarez García afirma que la actual crisis podría acelerar el desgaste político del Gobierno de Pedro Sánchez.

Desde otra aproximación, Rafael Esparza Machín, sociólogo e investigador especializado en los asuntos del Magreb, y el escritor y analista especializado en las relaciones hispano-marroquíes, Abdelhamid Beyuki, coinciden en que la actual oleada migratoria debe analizarse con prudencia y desde una perspectiva multicausal, alejándose tanto de las explicaciones simplistas como de las conclusiones precipitadas.

Ambos consideran que la actuación de las redes de tráfico de personas, la difusión de informaciones falsas sobre las posibilidades de acceder a Ceuta y determinadas resoluciones judiciales recientes relacionadas con los procedimientos de devolución constituyen algunos de los factores que ayudan a comprender el aumento de los intentos de cruce. Asimismo, sostienen en declaraciones concedidas al diario Assahifa en Español, que, hasta el momento, no existen pruebas públicas que permitan afirmar que Marruecos haya utilizado nuevamente la inmigración como instrumento de presión diplomática sobre España.

En este sentido, Beyuki añade que tampoco cabe interpretar una eventual relajación puntual de algunos mecanismos de control como una decisión política deliberada del Estado marroquí, al recordar que entre una apertura intencionada de la frontera y un control completamente hermético existe un amplio abanico de situaciones intermedias, derivadas de limitaciones operativas, presión sobre los recursos disponibles, decisiones adoptadas a escala local o del propio incremento de los intentos de cruce registrados en un corto espacio de tiempo. Ambos insisten, por ello, en la necesidad de distinguir entre los hechos acreditados y las hipótesis que siguen siendo objeto de debate.

Ante este panorama, Esparza, considera imprescindible identificar quiénes podrían resultar beneficiados por una crisis de estas características antes de extraer conclusiones sobre su origen. En su opinión, la experiencia demuestra que episodios de este tipo suelen producirse en momentos especialmente sensibles desde el punto de vista político, como ocurrió durante la crisis del islote de Perejil, coincidiendo con la boda del rey Mohammed VI. En esta ocasión, recuerda que la oleada migratoria se ha producido en plena celebración de la Fiesta del Trono, una circunstancia que, a su juicio, difícilmente favorece a Marruecos. Tampoco considera que beneficie a España ni a la propia ciudad de Ceuta, por lo que plantea la necesidad de analizar qué actores podrían obtener un rédito político o estratégico de una situación de estas características. En ese sentido, destaca que la magnitud de los acontecimientos sorprendió tanto a los servicios de inteligencia como a las fuerzas de seguridad de ambos países.

Respecto a las distintas lecturas planteadas en los últimos días, Esparza, estima prematuro establecer una relación directa entre la actual oleada migratoria y cuestiones como el futuro traspaso del control del espacio aéreo del Sáhara, el caso Pegasus, las especulaciones surgidas en torno al Mundial de 2030 o el viaje de Pedro Sánchez a Argelia.

Sobre este último punto, el analista recuerda que el viaje del presidente del Gobierno a Argelia no supuso un cambio en la posición oficial de España respecto al Sáhara, ya que Madrid mantiene su respaldo a la iniciativa marroquí de autonomía como la base para resolver el diferendo. En cuanto al futuro control del espacio aéreo del Sáhara, subraya que se trata de un asunto que trasciende la relación bilateral entre España y Marruecos y en el que también intervienen las instituciones europeas, por lo que considera precipitado atribuirle un papel determinante en la actual crisis migratoria.

En el plano político, Esparza sostiene que la situación sí puede tener consecuencias internas en ambos países. En España, considera que la crisis fortalece el discurso del Partido Popular y Vox contra la política migratoria del Gobierno y aumenta la presión sobre Pedro Sánchez. En Marruecos, por su parte, apunta a la posible existencia de determinados sectores interesados en alimentar el malestar interno o dificultar la acción de la Corona, aunque insiste en que se trata de una hipótesis que deberá ser contrastada con la evolución de las investigaciones. Por ello, concluye que será necesario esperar varios días para disponer de todos los elementos y poder formular un diagnóstico completo sobre las causas reales de la oleada migratoria.

Por su parte, Beyuki, indica que cada vez que la cooperación entre España y Marruecos atraviesa una etapa de estabilidad suelen aparecer factores capaces de introducir incertidumbre. Las redes de tráfico de personas buscan aprovechar cualquier oportunidad, la desinformación contribuye a amplificar los episodios de tensión y, en un espacio tan estratégico como el Mediterráneo occidental, confluyen intereses regionales e internacionales que no siempre coinciden con los de Madrid y Rabat.

Beyuki aclara que esta reflexión no pretende alimentar teorías conspirativas ni atribuir responsabilidades sin fundamento. Se trata, explica, de reconocer que la geopolítica contemporánea es especialmente compleja y que fenómenos como la migración irregular pueden ser aprovechados por distintos actores con objetivos diversos, incluso cuando su origen responda principalmente a causas sociales o económicas.

Desde esta perspectiva, sostiene que la cuestión de Ceuta trasciende la gestión de una emergencia humanitaria o policial y obliga a analizar el Estrecho como uno de los espacios geoestratégicos más sensibles del Mediterráneo, donde confluyen de forma permanente los intereses relacionados con la seguridad, la cooperación bilateral, las rutas migratorias y el equilibrio estratégico entre Europa y el norte de África.

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