Marruecos empieza a ocupar una posición propia dentro de la estrategia internacional de crecimiento de Murphy Oil. La petrolera estadounidense ha situado el área Gharb Deep Offshore entre los activos sobre los que concentra actualmente sus perspectivas de exploración, junto con sus operaciones en el golfo de América, Costa de Marfil y Vietnam, apenas unos meses después de desembarcar por primera vez en el mercado marroquí.
El movimiento no implica todavía el inicio de una campaña de perforación ni la existencia de un descubrimiento de hidrocarburos. Lo que refleja es una decisión anterior y probablemente más determinante en esta fase del ciclo petrolero: dedicar recursos técnicos y capital a reducir la incertidumbre geológica de una extensa zona de aguas profundas de la fachada atlántica del Reino antes de decidir si merece pasar del estudio sísmico al pozo exploratorio.
Murphy entró en Marruecos en enero de 2026 mediante un acuerdo petrolero con la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas (ONHYM) sobre Gharb Deep Offshore. El área comprende diez permisos de exploración que suman 16.989,9 kilómetros cuadrados, y la compañía estadounidense opera el proyecto con una participación del 75%, mientras la ONHYM conserva el 25% restante.
La dimensión del perímetro coloca a la compañía ante un dominio exploratorio de más de cuatro millones de acres. Murphy lo compara con una superficie superior a 700 bloques del golfo de América, una referencia que da una idea de la escala del terreno que deberá someter ahora a interpretación geológica antes de seleccionar objetivos concretos.
La entrada en el Reino se ha producido, además, bajo un esquema que deja margen para madurar el activo antes de comprometer una perforación. La fase inicial del acuerdo se extiende durante tres años y no incorpora ningún pozo obligatorio, lo que permite al operador concentrarse primero en la caracterización de la cuenca y en el reprocesamiento e interpretación del material sísmico disponible.
Ese punto resulta especialmente relevante en exploración offshore. Antes de movilizar una plataforma y asumir el elevado coste de un sondeo en aguas profundas, las compañías tratan de acotar el riesgo geológico mediante la lectura de estructuras, trampas, sistemas petroleros y posibles zonas de acumulación. En Gharb Deep Offshore, por tanto, el siguiente salto dependerá menos del calendario administrativo que de lo que termine revelando el subsuelo.
Murphy ya ha adelantado que trabaja sobre una estructura todavía no perforada y que su estrategia pasa por madurar posibles prospectos antes de tomar una decisión de inversión. En la práctica, esto sitúa al proyecto marroquí en una fase de de-risking, es decir, de reducción progresiva del riesgo exploratorio mediante información geológica y geofísica, antes de comprometer capital en un pozo.
Por eso, la relevancia de la posición alcanzada por Marruecos dentro de la cartera de Murphy no reside únicamente en la extensión de los permisos. La compañía está seleccionando un número reducido de geografías en las que considera que todavía existe margen para incorporar nuevos recursos, y Gharb Deep Offshore ha pasado a formar parte de ese mapa apenas unos meses después de la firma del acuerdo.
La apuesta cobra otra dimensión al observar el perfil de Murphy Oil. Se trata de una compañía independiente de exploración y producción con experiencia en proyectos offshore y aguas profundas y con actividad en diferentes cuencas internacionales. En su documentación corporativa, el grupo presenta precisamente la diversificación geográfica y la capacidad de combinar producción con nuevas oportunidades exploratorias como uno de los pilares de su cartera.
Marruecos se incorpora así a una estrategia en la que la compañía trata de equilibrar activos productores con nuevas fronteras de exploración. Esta distinción es importante: Gharb Deep Offshore todavía no aporta reservas ni producción, pero sí representa una opción de crecimiento futuro si los trabajos técnicos consiguen convertir las estructuras detectadas en prospectos perforables.
La posición financiera del grupo le permite, además, mantener ese tipo de apuestas sin depender de resultados inmediatos. En el segundo trimestre de 2026, Murphy destinó 119 millones de dólares a exploración y otros 17 millones a actividades de evaluación, dentro de un programa de inversiones de capital que alcanzó los 476 millones de dólares, según su presentación de resultados.
Su producción durante el trimestre se situó en torno a 169.000 barriles equivalentes de petróleo diarios, mientras la compañía mantuvo una liquidez cercana a los 2.500 millones de dólares. Estos indicadores explican el margen con el que Murphy puede sostener una cartera exploratoria que exige desembolsos relevantes mucho antes de que exista la certeza de un descubrimiento comercial.
Para Marruecos, el interés de la operación va precisamente en esa dirección. La llegada de Murphy amplía la presencia de operadores internacionales en el offshore atlántico y coloca una extensa área del norte de la fachada oceánica bajo una nueva lectura geológica, en un momento en que el Reino continúa tratando de atraer capital y conocimiento técnico hacia cuencas todavía poco exploradas.
La ONHYM presentó el acuerdo de enero como una nueva etapa de cooperación con un operador petrolero internacional y como una muestra del interés que continúa despertando el potencial marroquí en hidrocarburos. La entrada de Murphy supone, además, la incorporación de un nuevo operador a una zona en la que la exploración precedente no ha desembocado hasta ahora en un desarrollo comercial.
El verdadero examen de Gharb Deep Offshore empezará cuando la interpretación sísmica permita decidir si alguno de los prospectos merece ser perforado. Hasta entonces, hablar de reservas o de descubrimientos sería adelantarse varias etapas del proceso exploratorio.
Lo que sí ha cambiado ya es la posición del activo dentro de la estrategia de Murphy Oil. En cuestión de meses, Marruecos ha pasado de ser un nuevo país en la cartera de la compañía a formar parte del grupo limitado de geografías sobre las que el operador está construyendo sus próximas oportunidades de exploración. El petróleo, si existe en cantidades comerciales, tendrá que demostrarlo el taladro; el interés de la industria, en cambio, ya ha empezado a materializarse.