La capacidad de acogida de Ceuta vuelve a estar sometida a una fuerte presión migratoria tras la llegada o el intento de entrada a nado de más de un millar de migrantes desde las costas marroquíes. El aumento de los cruces ha obligado a reforzar los dispositivos de rescate y seguridad, mientras las autoridades locales reclaman al Gobierno español medidas urgentes para hacer frente a una situación que consideran cada vez más difícil de gestionar.
La jornada de hoy estuvo marcada por un amplio operativo de rescate. Según informó el diario El Faro de Ceuta, patrulleras de la Marina Real marroquí y embarcaciones del Servicio Marítimo de la Guardia Civil participaron en el auxilio de alrededor de un millar de personas que se habían lanzado al agua con la intención de alcanzar las costas ceutíes.
La presión migratoria ya se había dejado sentir el día anterior, cuando los equipos de rescate auxiliaron a cerca de 600 personas. Ante estas cifras, agentes de la Guardia Civil señalaron que la intensidad de las llegadas estaba «batiendo todos los récords».
Según los datos difundidos por medios españoles, entre quienes protagonizan esta nueva oleada figuran ciudadanos marroquíes, argelinos y migrantes procedentes de distintos países del Magreb y del África subsahariana.
Los intentos de entrada se registraron principalmente en las zonas del Tarajal, Juan XXIII, El Recinto y El Sarchal. A lo largo de la jornada, grupos de hombres, mujeres y menores fueron alcanzando distintos puntos del litoral en intervalos muy próximos, mientras embarcaciones de la Guardia Civil y de los servicios de salvamento trasladaban a decenas de personas rescatadas y las unidades policiales recorrían la ciudad para localizar a quienes habían conseguido llegar a tierra y abandonar los puntos de desembarco.
En paralelo, las autoridades marroquíes desplegaron un dispositivo para contener las salidas desde la costa de Fnideq. El operativo incluyó el cierre de varios tramos del litoral, la instalación de barreras para impedir la concentración de personas dispuestas a cruzar a nado hacia Ceuta, el desalojo de algunas playas y el traslado de los migrantes interceptados a las zonas alejadas de la frontera.
Pese a estas medidas, centenares de personas, entre ellas menores y familias enteras, permanecieron concentradas junto a la costa a la espera de una oportunidad para intentar la travesía. Entre los casos registrados figura el de una madre que trató de cruzar acompañada de sus tres hijos antes de que todos fueran rescatados cuando corrían riesgo de ahogarse.
El impacto de esta nueva oleada ya se deja sentir en la red de acogida. El Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) ha rebasado su capacidad disponible y algunos de los recién llegados han tenido que pasar la noche en el exterior de las instalaciones.
A esta situación se suma el aumento del número de menores extranjeros bajo tutela de la administración ceutí, que ha pasado de 180 a 472 en apenas diez días, lo que sitúa la ocupación de los centros especializados en torno al 1.600 % de su capacidad ordinaria.
Ante este escenario, el presidente del Gobierno de Ceuta, Juan Vivas, afirmó que durante esta última oleada han llegado a la ciudad más de 1.500 migrantes, con una media superior a las 200 personas al día, y advirtió de que, si las entradas continúan al mismo ritmo, el enclave podría volver a una situación similar a la vivida durante la crisis migratoria de mayo de 2021.
El dirigente ceutí reclamó al Ejecutivo español una respuesta inmediata que incluya el traslado de adultos y menores a otras comunidades autónomas, la asignación de recursos económicos adicionales, el refuerzo de los efectivos de las fuerzas de seguridad y la creación de un mando único para coordinar la gestión de la emergencia.
Vivas, instó también a al Gobierno central a intensificar la cooperación diplomática con Marruecos y promover una reforma de la legislación migratoria tras la sentencia dictada por el Tribunal Supremo español el pasado 8 de julio.
Esa resolución estableció que las denominadas devoluciones inmediatas solo pueden aplicarse a quienes acceden a Ceuta o Melilla a nado superando las barreras fronterizas, dejando fuera de ese procedimiento a los migrantes que llegan por vía marítima.
Responsables públicos y sindicatos policiales consideran que esta decisión judicial ha podido contribuir al incremento de los intentos de entrada por vía marítima. Las organizaciones humanitarias, por su parte, sostienen que el fenómeno también responde a factores como la pobreza, la falta de oportunidades y la búsqueda de mejores condiciones de vida.
La nueva oleada ha reactivado igualmente el debate político en España. Pese a la participación de la Marina Real marroquí en las labores de rescate, el director del Observatorio de Ceuta y Melilla, Carlos Echeverría, acusó a Marruecos de utilizar la presión migratoria como instrumento político frente a España y la Unión Europea.
Se trata, no obstante, de una valoración formulada en el marco del debate político español que no está respaldada por datos oficiales que acrediten la existencia de una decisión de las autoridades marroquíes de favorecer o impulsar estas salidas.
La nueva crisis vuelve a situar a Madrid ante importantes desafíos de carácter social, económico y de seguridad, mientras las autoridades de Ceuta insisten en que la respuesta a esta presión migratoria debe dejar de recaer exclusivamente sobre la ciudad y convertirse en una responsabilidad compartida por el Estado español y la Unión Europea.