Marruecos: una historia mucho más antigua que 1957

Hay frases que, cuando las pronuncia una historiadora, merecen ser escuchadas con atención. Pero también hay frases que, precisamente por venir de una historiadora, obligan a abrir los archivos y volver a los libros.

En La Tarde de COPE, la historiadora Margarita Torres afirmó: «Hasta 1957, el Reino de Marruecos no existía». La frase es contundente. El problema aparece cuando se utiliza para construir, a partir de ella, una interpretación histórica mucho más amplia: que Marruecos, sencillamente, no existía antes de 1957.

Aquí conviene detenerse.

Antes de 1957 existía el Sultanato de Marruecos. Existía una autoridad soberana, existía un sultán, existía un Gobierno y existía una diplomacia marroquí. Mohammed V no apareció de repente en 1957 para crear un país de la nada: era ya el sultán de Marruecos y había recuperado su trono en 1955. En marzo de 1956, Estados Unidos felicitó oficialmente al sultán y al pueblo marroquí por el reconocimiento de la independencia de Marruecos.

Y hay un detalle que debería bastar para obligarnos a elegir mejor las palabras: en enero de 1957, un informe oficial estadounidense hablaba de un Marruecos que ya había alcanzado la independencia y había ingresado en las Naciones Unidas. En marzo de ese mismo año, documentos diplomáticos estadounidenses seguían identificando a Mohammed V como «Sultan of Morocco».

Entonces, ¿qué cambió en 1957?

Cambió fundamentalmente la denominación institucional: Mohammed V adoptó el título de rey. Eso es historia. Pero convertir ese cambio de título en la afirmación de que «Marruecos no existía» antes de esa fecha es otra cosa.

La precisión histórica importa.

No es lo mismo decir que el Reino de Marruecos, como denominación institucional, comienza en 1957, que afirmar que Marruecos no existía antes de 1957. Entre ambas frases hay una diferencia enorme.

Y aquí echo de menos algo que debería ser esencial en cualquier debate histórico sobre Marruecos: escuchar también a los propios historiadores marroquíes.

Pienso, por ejemplo, en Abdelhadi Tazi (1921-2015), historiador, académico, escritor y diplomático marroquí, miembro fundador de la Academia del Reino de Marruecos y autor de numerosas obras sobre la historia diplomática de Marruecos y sus relaciones internacionales. Su legado incluye precisamente una amplia Historia diplomática de Marruecos, además de trabajos sobre las relaciones marroquíes con otros países.

Tazi no fue un comentarista de redes sociales. Fue un investigador que dedicó décadas a documentos, archivos, diplomacia e historia.

Por eso, antes de explicar Marruecos desde fuera, quizá convendría leer también a quienes dedicaron su vida a estudiarlo desde dentro.

La historia de Marruecos no empezó en 1957. En 1957 cambió el título del soberano y la denominación institucional del Estado. No es lo mismo.

Y esta diferencia no es una cuestión de patriotismo. Es una cuestión de método histórico.

Defender la historia de mi país no significa pedir que nadie la idealice. Significa pedir algo mucho más sencillo: que se estudie con el mismo rigor con el que se estudia la historia de cualquier otro país.

Marruecos merece ese rigor.

Y la historia también.

Escritor y periodista

Presidente de AMILAC — Asociación Marruecos Íbero Latino América y el

Caribe para la Cohesión de las Civilizaciones y la Fusión de las Culturas

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