La comunidad marroquí supera el millón de residentes y consolida un flujo histórico, aunque su distribución geográfica revela los mayores desafíos de integración en barrios de renta baja
MADRID, 27 Feb.
En el nuevo mapa de la inmigración en España, donde América Latina acapara los titulares por su crecimiento explosivo, hay un dato que se mantiene inalterable con el paso de los años: Marruecos sigue siendo el país del que proceden más residentes extranjeros.
Con 1.165.955 personas nacidas en el país magrebí viviendo en territorio español, la comunidad marroquí lidera el ranking por nacionalidades, por delante de los recientes aumentos de colombianos y venezolanos. Este liderazgo, explican los demógrafos, no responde a una moda reciente, sino a un "flujo histórico y constante" que se ha ido acumulando durante décadas, muy anterior al 'boom' latinoamericano de los últimos cinco años.
Un perfil demográfico propio
A diferencia de la inmigración llegada de América, donde predominan las mujeres (56%), la comunidad marroquí presenta una mayoría de hombres, que superan el 60% del total. Esta característica está directamente vinculada a los sectores económicos que tradicionalmente han demandado esta mano de obra: la agricultura intensiva y la construcción.
El "foco" mediterráneo y las ciudades autónomas
Si los latinoamericanos eligen mayoritariamente Madrid, los marroquíes dibujan un mapa diferente en el territorio español. Su presencia es especialmente significativa en:
- Las zonas de agricultura intensiva del arco mediterráneo, como Murcia, Almería y el sur de Alicante.
- Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, donde representan hasta el 87% de los residentes extranjeros, una cifra que refleja los intensos lazos históricos y familiares transfronterizos.
- Cataluña, donde en la provincia de Barcelona suponen el 14,8% de la población foránea, especialmente en el área metropolitana.
El desafío de la integración: el mapa de la renta
El dato más preocupante que revelan las estadísticas sobre la comunidad marroquí no es su número, sino su lugar de residencia. Los análisis calle a calle de las grandes ciudades españolas muestran que la población originaria de Marruecos es la que sufre un patrón de segregación residencial más acusado.
Su presencia se dispara en los barrios con menor renta de Madrid, Barcelona o Murcia, mientras que disminuye drásticamente en las zonas de nivel adquisitivo medio-alto. Esta concentración en áreas vulnerables, alimentada por la dificultad de acceso a la vivienda y la discriminación, sitúa a la comunidad marroquí en el centro del debate sobre las políticas de cohesión social e integración.
Mientras el mapa migratorio español se tiñe de nuevos colores americanos, la realidad marroquí sigue siendo la piedra angular sobre la que se asienta el desafío de construir una sociedad diversa y equitativa.