Marruecos ha suspendido temporalmente la actividad comercial a través de las aduanas de Ceuta y Melilla con motivo de la Operación Marhaba 2026, el dispositivo anual destinado a gestionar el tránsito de los marroquíes residentes en el extranjero durante la temporada estival. La medida, que comenzó a aplicarse el pasado 15 de junio y se prolongará, en principio, hasta el próximo 15 de septiembre, responde a la necesidad de dar prioridad al intenso flujo de viajeros y vehículos que cruza cada verano entre Europa y Marruecos.
La decisión se basa en las disposiciones del acuerdo bilateral entre Rabat y Madrid, que permite modificar o suspender temporalmente el tráfico de mercancías cuando circunstancias excepcionales aconsejen priorizar la circulación de pasajeros y evitar la congestión de los pasos fronterizos.
En esta línea, la Delegación del Gobierno en Ceuta ha subrayado que dicho mecanismo continúa plenamente vigente y constituye una herramienta prevista para situaciones excepcionales como la Operación Marhaba
No obstante, la aplicación de la medida ha tenido una recepción desigual en ambas ciudades. Mientras en Melilla el cierre ha suscitado críticas entre empresarios y autoridades locales, que denuncian la falta de una comunicación previa suficiente, en Ceuta los operadores comerciales fueron informados con antelación y recurrieron nuevamente a las importaciones desde la Península, como ocurría antes de la reapertura de la aduana comercial.
El cierre temporal llega, además, en un contexto en el que las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla todavía no han conseguido alcanzar un funcionamiento estable desde su reapertura gradual en enero de 2025, dentro de la hoja de ruta acordada por Marruecos y España en 2022 para normalizar las relaciones bilaterales tras la crisis diplomática.
En la práctica, el intercambio comercial ha continuado siendo muy reducido. Las operaciones registradas durante los últimos meses se han limitado principalmente a materiales de construcción, productos agrícolas y algunos electrodomésticos, con un volumen que, en determinados periodos, apenas ha superado un vehículo comercial al día y hasta la fecha, se han registrado 42 expediciones comerciales Ceuta-Marruecos, principalmente de arena y grava, actividad que se detuvo hace unas semanas para facilitar la esta operación.
No obstante, más allá de las consecuencias económicas inmediatas, la decisión ha vuelto a abrir un debate político en España. Diversos medios españoles han interpretado la suspensión del tráfico comercial como un nuevo episodio de presión ejercida por Marruecos sobre Ceuta y Melilla, una lectura que va más allá de la explicación oficial basada en las necesidades logísticas de la Operación Marhaba.
El diario La Razón sostiene que el cierre temporal constituye una muestra de la capacidad de Rabat para condicionar el funcionamiento de las fronteras y de las aduanas comerciales de las dos ciudades. El medio español recuerda que el tránsito de mercancías quedó interrumpido desde el 15 de junio sin que existiera una comunicación oficial por escrito y subraya que el Gobierno español tardó cerca de un mes en confirmar públicamente la medida, circunstancia que ha alimentado las críticas de sectores políticos y empresariales.
En la misma línea, dirigentes del Partido Popular han acusado en distintas ocasiones al Gobierno marroquí de utilizar tanto la gestión de las aduanas comerciales como el régimen de viajeros como instrumentos de presión sobre Ceuta y Melilla. Estas posiciones sostienen que la limitada actividad comercial registrada desde la reapertura de las aduanas y las continuas modificaciones en su funcionamiento responden a una estrategia de presión gradual sobre ambas ciudades.
Sin embargo, desde la parte oficial marroquí, la suspensión responde exclusivamente a criterios organizativos vinculados a la Operación Marhaba, considerada una de las mayores operaciones de movilidad transfronteriza del mundo, que cada verano moviliza a millones de pasajeros y cientos de miles de vehículos entre Europa y Marruecos. El objetivo, según Rabat, consiste en garantizar la fluidez del tránsito y evitar situaciones de congestión en unos pasos fronterizos sometidos durante estos meses a una presión excepcional.
Las diferentes interpretaciones surgidas en torno a esta decisión se producen, además, en un contexto de creciente sensibilidad sobre el futuro de Ceuta y Melilla dentro del debate geopolítico internacional. En los últimos meses, determinados centros de análisis, comentaristas y algunos círculos políticos y mediáticos estadounidenses han reabierto el debate sobre el estatus de ambas ciudades, al describirlas como enclaves españoles situados en territorio marroquí y plantear que su situación podría convertirse en un futuro foco de tensión regional.
Aunque estas valoraciones no representan la posición oficial de Washington, sí han contribuido a alimentar la percepción existente en determinados sectores españoles de que cualquier movimiento relacionado con las fronteras o las aduanas forma parte de una estrategia de presión más amplia por parte de Marruecos sobre las dos ciudades autónomas.