Marruecos, la amenaza que persiste en el imaginario español

La proximidad geográfica entre España y Marruecos ha dado lugar, durante siglos, a una relación difícil de encasillar. Pocos vecinos comparten un pasado tan entrelazado, una influencia mutua tan profunda. A un lado y otro del Estrecho se han sucedido periodos de convivencia, intercambio, competencia y conocimiento recíproco que han dejado una huella duradera en la memoria colectiva de ambas sociedades. Esa historia compartida ha contribuido a moldear una imagen de Marruecos que, en España, trasciende con frecuencia la realidad del momento político.

Las percepciones colectivas rara vez evolucionan al mismo ritmo que las relaciones entre los Estados. Se construyen a lo largo del tiempo, se alimentan de referencias históricas, discursos políticos, narrativas mediáticas e imaginarios sociales, y suelen perdurar incluso cuando el contexto cambia. En el caso español, Marruecos continúa ocupando un lugar singular en el debate público, muy distinto al que despiertan otros países de su entorno geográfico.

Ese contraste vuelve a reflejarse en el último Barómetro del Real Instituto Elcano, según el cual el 55 % de los españoles considera a Marruecos la principal amenaza exterior para su país. Un dato que invita a ir más allá de la coyuntura y a preguntarse por las raíces de una percepción que parece resistir a las distintas etapas de acercamiento político entre Rabat y Madrid.

En este contexto, el politólogo Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, invita a leer el dato con cautela. En una declaración concedida al diario Assahifa Español, el experto considera imprescindible contextualizar el dato que sitúa a Marruecos como la principal amenaza exterior para España. Molina explica que el porcentaje del 55 % suele interpretarse de forma simplificada, cuando en realidad corresponde únicamente al grupo de españoles que afirma percibir alguna amenaza para la seguridad nacional.

Según precisa, alrededor del 60 % de los encuestados sostiene que España no está amenazada por ningún país, una proporción que, además, se mantiene relativamente estable desde los años ochenta. Es entre el 40 % restante, quienes sí identifican algún riesgo exterior, donde Marruecos aparece citado con mayor frecuencia. Traducido al conjunto de la muestra, ello equivale aproximadamente al 22 % de los españoles. A ello se añade que el cuestionario permite respuestas múltiples, de modo que un mismo entrevistado puede señalar simultáneamente a Marruecos, Rusia o cualquier otro país.

“Es un dato bastante menos espectacular de lo que parece”, resume Molina. Y añade que “Eso rebaja todavía más ese sentimiento de amenaza, pues es normal que quien se sienta amenazado (una minoría) coloque a Marruecos relativamente alto, pues al fin y al cabo hay una reivindicación territorial unida a un aumento del sentimiento de inseguridad global”. El investigador también subraya que la percepción varía según la orientación política de los encuestados, siendo sensiblemente menor entre la izquierda que entre la derecha.

En la misma línea se pronuncia el internacionalista Machij El Karki, quien considera que esta percepción no responde únicamente a acontecimientos recientes, sino a una construcción mucho más profunda. A su juicio, la desconfianza hacia Marruecos es especialmente intensa entre el electorado de la extrema derecha, aunque recuerda que esa visión "siempre ha existido" y hunde sus raíces en siglos de historia compartida.

El experto sostiene en una declaración al diario Assahifa Español que el pasado sigue teniendo un peso determinante en el imaginario español. Desde Al-Ándalus hasta la colonización española de parte del territorio marroquí, pasando por otros episodios que marcaron la historia de ambos países, se ha ido configurando una memoria colectiva que continúa influyendo en la percepción de Marruecos mucho después de que el contexto político haya cambiado.

Aunque reconoce que episodios como la crisis migratoria en 2021, las tensiones en torno a las ciudades ocupadas por España, Ceuta y Melilla o el fortalecimiento de la cooperación militar de Marruecos con Estados Unidos e Israel tienen un impacto inmediato sobre la opinión pública, El Karki considera que por sí solos no explican el fenómeno. En su opinión, estos acontecimientos suelen verse amplificados por una parte de los medios de comunicación y se insertan en un relato previo que ya presentaba a Marruecos como un factor de inquietud para una parte de la sociedad española.

A ello añade un componente político. Según explica, la creciente proyección internacional de Marruecos tampoco es bien recibida en determinados sectores políticos y mediáticos españoles. El avance diplomático del Reino en África occidental y el fortalecimiento de sus relaciones con potencias como Estados Unidos o China son percibidos con recelo por quienes, afirma, "siguen considerando a Marruecos una antigua colonia". En ese contexto, interpreta que el desarrollo regional de Marruecos contrasta con la limitada presencia histórica de España en el continente africano.

El Karki también coincide en señalar que la polarización política desempeña un papel decisivo. A su juicio, el componente ideológico pesa más que una evaluación objetiva de los riesgos para la seguridad. Mientras la extrema derecha construye un discurso basado en la inmigración, la identidad nacional y la religión, la izquierda tiende a incorporar al debate otros escenarios internacionales, como Ucrania, Palestina, Venezuela o el Sáhara, reflejando así dos formas muy distintas de interpretar las amenazas exteriores.

Pese a ello, el analista no cree que esta percepción termine alterando de manera sustancial la política exterior española hacia Marruecos, dado que los intereses económicos, comerciales y geopolíticos continúan prevaleciendo sobre el debate interno y recuerda que ambos países mantienen una relación de interdependencia. España, explica, necesita a Marruecos como socio estratégico y como puerta de entrada al mercado africano, mientras que Rabat encuentra en Madrid un interlocutor clave dentro de Europa en un contexto marcado por el ascenso de la extrema derecha en varios países del continente.

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