Las fuerzas de seguridad españolas han evacuado por completo, en las primeras horas de este domingo, la playa del Trampolín en Ceuta ocupada, liberando la zona costera donde permanecían cientos de personas acampadas en las últimas semanas.
La denominada 'Operación Trampolín' ha contado con un imponente despliegue logístico y policial que incluye el desembarco de tanquetas y vehículos blindados de la Policía Nacional, además del apoyo de la Guardia Civil y efectivos de las Fuerzas Armadas. La actuación responde al objetivo de reorganizar el litoral y trasladar a los migrantes hacia centros de acogida e instalaciones temporales habilitadas fuera de la franja costera.
Con este movimiento y la exhibición de medios blindados, las autoridades buscan reordenar la zona fronteriza y asegurar el perímetro antes de la visita anunciada del rey Felipe VI y la reina Letizia a la ciudad a mediados de este mes, una cita rodeada de una especial delicadeza política y diplomática.
Desde la perspectiva de los analistas y medios marroquíes, la medida trasciende el mero control de seguridad; se interpreta como un intento de proyectar normalidad institucional, ocultando la complejidad humanitaria en la zona fronteriza ante la llegada de la Corona. En el plano político, la visita reaviva el rechazo de la opinión pública y los sectores civiles marroquíes, que mantienen intactos sus principios sobre el estatus histórico de Ceuta y Melilla. Este escenario ha repercutido asimismo en la agenda internacional de Madrid, provocando reajustes en sus compromisos bilaterales en la región.
En el lado marroquí, las reacciones no se han hecho esperar. Yahya Yahya, presidente de la "Comisión Nacional para la Liberación de Ceuta, Melilla y las Islas Chafarinas", ha convocado movilizaciones y manifestaciones en la vecina ciudad de Fnideq. Esta respuesta popular busca reafirmar la postura marroquí frente a la visita real, anticipando días de alta atención política y seguimiento mediático a ambos lados de la frontera.