Miles de trabajadores españoles se desplazan este verano a Francia para trabajar temporalmente en el sector agrícola, especialmente durante la temporada de vendimia. Se trata de un fenómeno antiguo que se repite cada año y que pone de manifiesto el atractivo que el mercado laboral agrícola francés sigue ejerciendo entre trabajadores procedentes de regiones españolas con tasas de desempleo relativamente elevadas y salarios bajos.
Las estimaciones de los sindicatos españoles apuntan a que entre 12.000 y 15.000 trabajadores españoles se dirigirán este año a Francia para participar en la campaña de vendimia. La Unión General de Trabajadores (UGT) cifra el contingente en unos 13.000 trabajadores, frente a los 13.500 de la campaña anterior, mientras que Comisiones Obreras (CCOO) eleva la estimación hasta una horquilla de entre 14.500 y 15.000.
Aproximadamente tres cuartas partes de estos trabajadores proceden de Andalucía, principalmente de las provincias de Granada, Jaén, Cádiz, Córdoba y Sevilla, aunque también hay una presencia significativa de temporeros de Castilla-La Mancha y Murcia. CCOO calcula que alrededor de 10.800 trabajadores andaluces participarán este año en la campaña de vendimia francesa, de los cuales cerca de 8.000 proceden de Granada y Jaén.
El fenómeno tiene un marcado carácter estacional. Los desplazamientos de los trabajadores suelen comenzar en agosto y prolongarse durante septiembre, en función del grado de maduración de los cultivos y de las distintas zonas productoras de Francia. La contratación temporal en el campo francés no se limita a las uvas, sino que abarca también la recolección de distintos tipos de frutas y hortalizas, así como otras labores vinculadas a la cosecha y al acondicionamiento y empaquetado de los productos. Con todo, la campaña de recogida de la uva continúa siendo el principal flujo estacional organizado de trabajadores españoles hacia Francia.
El principal factor que explica este movimiento es la diferencia salarial y las condiciones laborales. Según UGT, los trabajadores temporeros contratados para la recogida de la uva en Francia perciben al menos 12,32 euros por hora, frente a los alrededor de 8,90 euros que se toman como referencia en España. Esta diferencia puede traducirse en cerca de 30 euros más por una jornada completa. En algunos contratos de temporada, la remuneración mensual puede alcanzar unos 2.156 euros por 35 horas semanales, antes de contabilizar las horas extras.
Los ingresos pueden ser aún mayores en algunas explotaciones. Las ofertas de empleo oficiales para 2026 contemplan salarios de hasta 14,50 euros por hora, además de primas y compensaciones por manutención. Otras explotaciones ofrecen 12,50 euros por hora, junto con complementos adicionales y el pago de las horas extraordinarias.
En contraste, el salario mínimo interprofesional (SMI) en España para 2026 se sitúa en 1.221 euros mensuales, o 40,70 euros al día, una cuantía muy inferior a los ingresos que pueden alcanzarse en el campo francés durante una campaña agrícola breve, pero de elevada intensidad laboral.
Los sindicatos señalan que alrededor del 90 % de los trabajadores que se desplazan a Francia repiten la experiencia, lo que apunta a que ya no se trata de una búsqueda puntual de empleo, sino de un ciclo estacional consolidado para miles de familias españolas. A ello se suma la preferencia de los empleadores agrícolas franceses por los trabajadores españoles, debido a su experiencia en las labores de recolección y en el sector agrario, así como a su disposición a regresar cada año.
Este flujo tiene especial incidencia en las regiones del sur de España, donde el empleo estacional supone una vía de ingresos para quienes afrontan un mercado laboral más precario y unas condiciones salariales menos favorables. De ahí que algunos trabajadores opten por cruzar la frontera y desplazarse a Francia durante unas semanas, con la expectativa de obtener en ese periodo unos ingresos superiores a los que conseguirían trabajando en el campo español.
Aunque el número de trabajadores se ha reducido progresivamente debido a la mecanización y al retroceso de algunos cultivos en Francia, el fenómeno sigue siendo una de las expresiones más visibles de la movilidad laboral estacional dentro de la Unión Europea, donde miles de trabajadores españoles continúan desplazándose temporalmente, no en busca de una residencia permanente, sino de un mejor salario en los campos de un país vecino que garantiza una remuneración más elevada por el trabajo agrícola estacional.