Al menos 359 personas han muerto y centenares continúan desaparecidas tras la devastadora riada que golpeó el miércoles el norte de Nepal, cerca de la frontera con el Tíbet, en una de las catástrofes naturales más graves registradas recientemente en la región del Himalaya. Las autoridades nepalíes sitúan en 579 el número de viajeros desaparecidos, de los cuales 466 son extranjeros y 113 ciudadanos del país.
El desastre se produjo tras una repentina crecida en Rasuwa, una región montañosa próxima a la frontera china. Una enorme masa de agua, barro y rocas descendió por el Lhende Khola, afluente del Bhote Koshi, antes de incorporarse al cauce del Trishuli, arrasando viviendas, carreteras, puentes e instalaciones. Más de 4.300 miembros de los servicios de emergencia y de seguridad han sido movilizados, mientras helicópteros participan en la búsqueda de supervivientes y en el envío de ayuda a las localidades aisladas.
La destrucción de las infraestructuras complica las operaciones de rescate: al menos 35 puentes para vehículos, 45 puentes colgantes y unos 40 kilómetros de carreteras asfaltadas han resultado destruidos o dañados. La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 10.000 familias necesitan asistencia urgente, mientras las autoridades han advertido además del riesgo de desbordamiento de un lago formado tras las inundaciones y de posibles nuevos desprendimientos.
La catástrofe afecta a una de las principales rutas terrestres entre Katmandú y Lhasa, frecuentada por montañeros, turistas y peregrinos, lo que explica la elevada presencia de extranjeros entre los desaparecidos. En el lado tibetano de la frontera, las autoridades chinas han contabilizado también centenares de personas sin localizar en el distrito de Gyirong y han movilizado efectivos militares y helicópteros para acceder a las zonas incomunicadas.
Las causas exactas de la riada siguen bajo investigación, aunque los primeros análisis científicos apuntan a que un desprendimiento de hielo y roca en un glaciar del Himalaya pudo desencadenar la enorme avenida de agua. Los expertos han descartado inicialmente un terremoto como origen del desastre. Mientras continúan las labores de búsqueda, Naciones Unidas y varios países han anunciado el envío de ayuda, con la prioridad puesta en localizar supervivientes y asistir a las comunidades que permanecen aisladas.