Un informe especializado en asuntos de defensa ha revelado que la lentitud y los continuos problemas técnicos en el programa de los submarinos rusos de la clase Amur han llevado a varios países interesados, entre ellos Marruecos e India, a reconsiderar sus planes de adquisición y a buscar alternativas más probadas y fiables.
El informe, publicado por el sitio 19 Forty Five, explica que el submarino Amur, presentado como un modelo de exportación avanzado derivado de los famosos submarinos de la clase Kilo, aún no ha logrado concretar ninguna venta en los mercados internacionales, a pesar de las promesas que acompañaron su desarrollo en términos de capacidades de sigilo y armamento avanzado.
Según la misma fuente, India fue uno de los países más destacados que estudió la adquisición de la versión *Amur-1650* como parte de su programa naval, pero finalmente optó por los submarinos franceses de la clase Scorpène, debido a los temores de que el proyecto ruso se retrasara hasta después de 2030.
En el mismo contexto, el informe señala que Marruecos había mantenido consultas con Moscú sobre la posibilidad de adquirir el mismo submarino, pero el acuerdo no llegó a concretarse, dada la ausencia de cualquier ejemplar completo de esta clase hasta la fecha. Asimismo, la incertidumbre técnica, junto con el retraso crónico en el desarrollo del proyecto, llevó a Rabat a tratar con cautela la oferta rusa, especialmente en vista de las ofertas competitivas de compañías europeas, particularmente de Francia y Alemania.
El informe destaca que Rusia había presentado el Amur como un submarino de nueva generación, caracterizado por sistemas de propulsión independiente del aire (AIP) y capacidades de lanzamiento vertical para misiles de crucero, además de niveles avanzados de ocultación acústica en comparación con su predecesor, el Kilo.
Sin embargo, estas promesas, según el informe, no se han traducido en una realidad práctica, ya que hasta ahora no se ha construido ningún submarino de esta clase, lo que ha suscitado dudas generalizadas entre los potenciales compradores sobre la viabilidad del proyecto. El programa ha enfrentado grandes desafíos técnicos, especialmente en lo que respecta a los sistemas de gestión de combate y la compatibilidad con los sistemas de sonar, problemas que ya habían surgido en el submarino base Lada, lo que ha afectado negativamente la reputación del proyecto.
El informe señala que estos contratiempos han llevado incluso a la propia Armada rusa a dudar sobre la conveniencia de seguir invirtiendo en el proyecto, lo que a su vez ha afectado las posibilidades de exportación. Además, las sanciones occidentales impuestas a Rusia desde el estallido de la guerra en Ucrania también han complicado la situación, afectando la capacidad de Moscú para obtener componentes esenciales y, en consecuencia, el ritmo de producción y desarrollo.
El informe también destaca que otros países, como China y Argentina, que anteriormente habían mostrado interés en el proyecto, no han firmado ningún acuerdo, prefiriendo optar por alternativas más avanzadas o desarrollar sus propios programas.