La gestión de la crisis de Ceuta abre una brecha entre Sánchez, sus socios y dirigentes del propio PSOE

La gestión de la crisis de Ceuta ha abierto un nuevo frente político para Pedro Sánchez a las puertas de su comparecencia del jueves en el Congreso. Las explicaciones ofrecidas este lunes por el presidente del Gobierno han reavivado las diferencias con varios de sus socios parlamentarios y han coincidido con un creciente malestar en la propia ciudad, donde dirigentes del PSOE y los sindicatos CCOO y UGT cuestionan la tardanza de las medidas adoptadas, reclaman soluciones para aliviar la presión migratoria y exigen una respuesta de mayor alcance a las consecuencias económicas y sociales de la crisis.

Pedro Sánchez abrió este lunes el curso político con una extensa entrevista en la Cadena SER en la que defendió la actuación de su Gobierno ante la crisis de Ceuta, respaldó la cooperación mantenida con Marruecos y descartó que la información disponible permita atribuir a Rabat la responsabilidad de las entradas masivas registradas los días 30 y 31 de julio. Sus explicaciones llegaron después de varias semanas de creciente presión sobre el Ejecutivo y dieron paso, pocas horas después, a nuevas críticas procedentes de algunos de los partidos que sostienen su mayoría parlamentaria.

El presidente aseguró que Marruecos respondió de forma «instantánea» cuando España solicitó su colaboración y explicó que el Centro Nacional de Inteligencia había trasladado informes de situación antes de la crisis, aunque ninguno advertía de la magnitud que alcanzarían las entradas. Al referirse a su origen, señaló la difusión en redes sociales de informaciones falsas sobre las posibilidades de acceder a territorio español y vinculó su amplificación con entornos relacionados con Rusia, Israel y la denominada «internacional reaccionaria».

La respuesta desde Sumar llegó poco después. Ernest Urtasun, ministro de Cultura y portavoz de la formación, compareció en rueda de prensa en su sede y reclamó al Ejecutivo que acelere el traslado de migrantes desde Ceuta a la Península. En ese mismo contexto se distanció de la interpretación de Sánchez sobre el papel de Rabat y afirmó que Marruecos tiene responsabilidad «por acción y omisión» en lo ocurrido. «La responsabilidad es clara», sostuvo.

Las reservas dentro de Sumar alcanzaron igualmente al balance general de la actuación gubernamental. Su portavoz en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, reprochó que las explicaciones del presidente hubieran dejado sin respuesta algunas de las principales cuestiones planteadas por la crisis. Consideró que habían faltado críticas a Marruecos, pero también «empatía con la población ceutí y las personas migrantes» y, sobre todo, «vías de resolución» para una situación que se prolonga desde finales de julio.

Más contundente fue Alberto Ibáñez. El diputado de Compromís, integrado en el grupo parlamentario de Sumar, consideró «en absoluto creíble» que Marruecos permaneciera al margen de las entradas de los días 30 y 31 de julio y cargó contra la política de Sánchez hacia Rabat. Ibáñez llegó a instar al presidente a superar su «síndrome de Estocolmo» hacia el rey Mohammed VI y cuestionó que señalara a Donald Trump, Israel y Rusia al hablar de la «internacional reaccionaria» mientras exoneraba de responsabilidad al país vecino.

El malestar entre los aliados parlamentarios encontró su expresión más dura en Podemos. Su portavoz, Pablo Fernández, compareció este lunes en rueda de prensa en la sede de la formación y acusó al Ejecutivo de mantener una «inacción absolutamente calculada» que estaría demorando la resolución de la crisis. Fernández responsabilizó al Gobierno de prolongar una situación que afecta tanto a los migrantes como a la población local y elevó posteriormente el tono contra la relación mantenida con Rabat, al acusar a Sánchez de estar «arrodillado» ante Marruecos y calificar de «patético» su nivel de «sumisión».

A las posiciones expresadas desde Sumar y Podemos se suman las reservas del BNG y Coalición Canaria, dos formaciones que han desempeñado un papel relevante en la mayoría parlamentaria de Sánchez. El resultado es un escenario particularmente incómodo para La Moncloa: las críticas a la respuesta ante Ceuta han atravesado el bloque parlamentario en el que el Ejecutivo se ha apoyado durante la legislatura y llegan apenas unos días antes de que el presidente tenga que dar explicaciones ante el Congreso.

El foco de mayor tensión, sin embargo, se encuentra en la propia Ceuta. Allí, el vicepresidente de la Asamblea y dirigente socialista Melchor León ha endurecido públicamente sus críticas al Gobierno central. En una entrevista concedida este lunes a Al Rojo Vivo, de La Sexta, posterior a la intervención de Sánchez, atribuyó la creciente tensión en la ciudad a la falta de respuestas desde Madrid. «Hay muchísima crispación en los últimos días y el máximo culpable es el Gobierno de España por no poner soluciones», afirmó.

León llevó además su enfrentamiento con la dirección federal del PSOE a las concentraciones convocadas para este miércoles, 2 de septiembre, en numerosos ayuntamientos españoles en apoyo a Ceuta. El dirigente socialista denunció durante la misma entrevista que desde el partido se estaba instando a sus cargos a no participar y lanzó un llamamiento en sentido contrario.

«Le pido a todos los compañeros del PSOE, diputados, senadores, diputados autonómicos, concejales de toda España... que salgan el día 2», afirmó. Para León, la convocatoria trasciende la disputa partidista: «No estamos defendiendo colores políticos, estamos defendiendo a Ceuta. No va de ideología, va de dignidad». El vicepresidente de la Asamblea llegó a solicitar a sus compañeros que no atendieran a las «amenazas» que, según denunció, estaban recibiendo desde Ferraz.

La intervención de León coloca a la dirección socialista ante una contestación surgida desde sus propias filas y, además, desde uno de los territorios directamente afectados por la crisis. Las comparecencias de varios ministros ante el Congreso durante la semana pasada ya habían mostrado las dificultades del Gobierno para cerrar el debate sobre su actuación, pero las declaraciones del dirigente ceutí trasladan ahora el desacuerdo al interior del PSOE.

El malestar acumulado en Ceuta ha llegado asimismo a los sindicatos. Las organizaciones locales de CCOO y UGT difundieron el domingo un comunicado conjunto en el que calificaron la respuesta del Gobierno de «tardía, insuficiente y marcada por la improvisación». Su crítica apunta especialmente al tiempo transcurrido hasta la adopción de algunas de las principales medidas anunciadas desde Madrid.

«Un desfile de ministros y un mando único anunciado prácticamente un mes después de los hechos no pueden ocultar la realidad: España y Europa han dejado sola a Ceuta», señalaron ambas organizaciones. El pronunciamiento sindical añade así presión al Ejecutivo desde el terreno social y pone el acento en las consecuencias que la prolongación de la crisis está teniendo sobre la ciudad.

La sucesión de críticas llega en un momento especialmente delicado para Sánchez. El presidente comparecerá este jueves en el Congreso después de un mes en el que la respuesta gubernamental ha pasado por distintas fases, desde las primeras medidas de emergencia hasta la declaración de la situación de emergencia de seguridad nacional y la designación de una autoridad funcional para coordinar la actuación del Estado.

Para entonces, el debate político se habrá desplazado mucho más allá de las circunstancias que desencadenaron las entradas de finales de julio. Los socios de Sánchez reclaman respuestas sobre la situación de los migrantes, los traslados a la Península y el papel de Marruecos; desde Ceuta, dirigentes socialistas cuestionan la falta de soluciones y desafían abiertamente las directrices de Ferraz; y CCOO y UGT denuncian que la reacción institucional ha llegado tarde y reclaman una mayor implicación con la ciudad.

La comparecencia del jueves se presenta así como la primera ocasión en la que Sánchez tendrá que defender personalmente ante el Congreso el conjunto de la gestión desarrollada desde el inicio de la crisis. Lo hará ante una oposición que mantiene su ofensiva contra el Ejecutivo, pero también frente a varios de los aliados que han hecho posible su mayoría y que llegan al debate con reproches propios sobre la respuesta dada a Ceuta.

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