La cuestión de Ceuta y Melilla ha cobrado una nueva dimensión en las últimas semanas dentro de las relaciones entre Marruecos y España. Lo que comenzó como una crisis migratoria de enormes proporciones y derivó en España en un debate sobre seguridad nacional, «guerra híbrida» e integridad territorial ha terminado encontrando respuesta en Rabat mediante una sucesión de referencias oficiales a los derechos históricos y geográficos que Marruecos reivindica sobre ambas ciudades. El giro resulta especialmente significativo por el contexto que lo precede. Tras la avalancha registrada a finales de julio en Ceuta, una parte del debate político y mediático español dirigió rápidamente las sospechas hacia Marruecos y recuperó el precedente de mayo de 2021 para plantear la posibilidad de que Rabat estuviera utilizando la presión migratoria como instrumento político. La hipótesis del «ataque híbrido» fue ganando espacio en determinados medios y ámbitos políticos, hasta el punto de que el excomisario europeo Thierry Breton llegó a sostener que lo ocurrido reunía los elementos de una operación de ese tipo y reclamó una investigación europea.
Esa lectura convivió, sin embargo, con una explicación distinta defendida oficialmente por el propio Gobierno español. El Ministerio del Interior sostuvo desde el 30 de julio que las «redes de tráfico de personas» habían instrumentalizado una sentencia del Tribunal Supremo para fomentar las entradas irregulares y, al mismo tiempo, calificó de «ejemplar» la colaboración de las autoridades marroquíes. Pedro Sánchez mantuvo posteriormente esa explicación y aseguró que una interpretación interesada del fallo judicial había corrido «como la pólvora» por las redes utilizadas por las mafias, aunque calificó la entrada masiva de «violación de la integridad territorial de España».
Las comparecencias posteriores tampoco han desmontado esa tesis de partida. La ministra de Defensa, Margarita Robles, explicó esta semana que antes del episodio se había detectado una intensa actividad en grupos de Facebook destinados a organizar cruces, con información sobre itinerarios, material e instrucciones, y describió una segunda fase en la que TikTok multiplicó la percepción de que era posible acceder a Ceuta sin obstáculos.
Pese a ello, las sospechas sobre Rabat continuaron alimentando una parte importante del debate español. La migración empezó a mezclarse con conceptos propios de la seguridad y la defensa, mientras Ceuta y Melilla volvían a ser presentadas como puntos vulnerables de la soberanía española. La discusión dejaba así de girar exclusivamente alrededor del origen de la avalancha para entrar en un terreno especialmente sensible en las relaciones entre los dos países: el contencioso territorial.
Fue en ese clima cuando Rabat rompió su habitual prudencia pública sobre el expediente. El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reafirmó que Marruecos mantiene sus «derechos históricos y geográficos» sobre Ceuta y Melilla y sostuvo que su futuro debe seguir formando parte del diálogo entre ambos países. El responsable marroquí llegó a plantear la creación de una comisión bilateral que permita abordar la cuestión y buscar una «solución definitiva».
Madrid cerró inmediatamente la puerta a esa posibilidad. El Ministerio de Asuntos Exteriores trasladó por canales diplomáticos su «rechazo tajante» a cualquier cuestionamiento de la soberanía española y reiteró que Ceuta y Melilla forman parte de la integridad territorial de España y de la Unión Europea. La respuesta dejaba patente que, mientras Rabat pretende introducir el expediente en un marco de diálogo bilateral, Madrid no acepta siquiera situar la soberanía de ambas ciudades sobre la mesa de negociación.
Sin embargo, el asunto no quedó ahí. Apenas unos días después, Ceuta volvió a aparecer en un escenario oficial marroquí de especial carga simbólica. Durante la velada religiosa presidida el lunes 24 de agosto por el rey Mohammed VI en el Palacio Real de Rabat con motivo del Eid al-Mawlid an-Nabawi Acharif, el ministro de Habices y Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, evocó la ciudad al referirse al patrimonio religioso marroquí y a figuras como el cadí Iyad y Abu al-Abbas al-Azafi, vinculadas históricamente a Ceuta. El discurso enlazó después ese legado con la movilización de los marroquíes para liberar ciudades costeras ocupadas durante la expansión ibérica.
La referencia adquirió una dimensión política por el lugar, el momento y la solemnidad institucional en que fue pronunciada, aunque el discurso de Toufiq no constituyó una propuesta diplomática de negociación comparable a la formulada días antes por Ouahbi. La mención se articuló a través de la memoria religiosa e histórica de Ceuta y de la resistencia marroquí frente a la ocupación de ciudades costeras, pero se produjo ante el jefe del Estado y en plena reaparición del debate territorial con España.
El asunto pasa de la memoria histórica al recordatorio político oficial
Para Karim Aich, experto del Centro Mediterráneo para Investigaciones y Estudios Internacionales, esta sucesión de mensajes no debe interpretarse como un episodio aislado ni como la antesala automática de una confrontación diplomática con Madrid. A su juicio, lo que empieza a dibujarse es una recuperación gradual del expediente dentro del discurso oficial marroquí.
«La reciente referencia oficial a Ceuta no puede separarse de su profundidad histórica marroquí», explica Aich en declaraciones a Assahifa en Español, recordando que la ciudad «no fue únicamente un emplazamiento geográfico, sino un enclave marroquí y un destacado centro científico y civilizatorio», estrechamente relacionado con figuras de la talla del cadí Iyad y el geógrafo Al-Idrisi.
El experto recurre, en este sentido, a una fuente histórica particularmente próxima a la ocupación portuguesa de Ceuta del 21 de agosto de 1415: Compendio de noticias sobre los ilustres vestigios de la plaza de Ceuta, obra de Mohamed ben al-Qasim al-Ansari al-Sabti concluida en el siglo XV y posteriormente editada por el historiador del Reino Abdelwahab Benmansour. El texto ofrece una descripción de la vida urbana de la Ceuta de aquella época, desde sus mezquitas y bibliotecas hasta sus instituciones religiosas, barrios y estructuras defensivas. La edición de Benmansour fue publicada nuevamente en Rabat en 1983.
Para Aich, este tipo de documentación permite situar el actual debate mucho antes de la formación de los Estados contemporáneos y de las actuales fronteras políticas. El investigador señala además que Benmansour vinculó la ocupación de Ceuta con la posterior expansión ibérica sobre las costas marroquíes, dentro de una secuencia histórica que desembocaría, décadas después, en la caída de Granada en 1492 y en la ocupación de Melilla en 1497.
Es precisamente en esa profundidad temporal donde el experto sitúa el alcance de las últimas declaraciones procedentes de Rabat. «Desde el punto de vista político, la elevación del tono del discurso marroquí sobre Ceuta, Melilla y las islas ocupadas puede considerarse un paso meditado que traslada el asunto desde el ámbito de la memoria histórica al del recordatorio político oficial», sostiene.
Aich introduce, no obstante, un matiz fundamental: «Eso no significa necesariamente la apertura de una confrontación diplomática ni de ningún tipo de choque con España».
Según el experto, la reivindicación marroquí no nace de la actual crisis migratoria ni de las tensiones de las últimas semanas. «Las fuentes históricas documentan los sucesivos intentos de los sultanes marroquíes por recuperar Ceuta y los asedios posteriores a su ocupación, lo que demuestra una continuidad de la posición a lo largo de los siglos», afirma.
Desde esa perspectiva, interpreta la intervención de Ahmed Toufiq durante la celebración del Mawlid ante el rey Mohammed VI como una pieza más de un proceso acumulativo. «Los mensajes recientes, entre ellos la referencia del ministro de Habices durante la conmemoración de la Noche del Mawlid en el Palacio Real, parecen orientados más bien a reafirmar un derecho histórico y soberano y a construir progresivamente el expediente mediante argumentos históricos, jurídicos y políticos, manteniendo al mismo tiempo los intereses comunes y la cooperación estratégica entre Rabat y Madrid».
El factor del Sáhara y los tiempos de la diplomacia
El otro elemento que, según Aich, no puede ignorarse es la evolución del expediente del Sáhara. Los avances diplomáticos obtenidos por Marruecos en los últimos años han reforzado la posición exterior de Rabat y, en su opinión, pueden ampliar su margen para abordar en el futuro otras cuestiones vinculadas a la integridad territorial.
Pero el experto rechaza establecer una relación automática entre ambos expedientes. «No cabe duda de que los progresos logrados por Marruecos en la cuestión del Sáhara marroquí refuerzan su posición negociadora y le conceden un margen más amplio para ordenar las demás cuestiones relativas a su unidad territorial, pero la vinculación entre ambos asuntos no debe hacerse de manera automática ni precipitada», advierte.
El escenario que considera más probable pasa, por tanto, por una estrategia gradual. Marruecos buscaría primero consolidar los avances alcanzados en el Sáhara antes de preparar, a medio o largo plazo, las condiciones políticas necesarias para abordar con España el expediente de Ceuta, Melilla y las islas que siguen bajo administración española.
«El escenario más probable es que Marruecos continúe primero consolidando sus logros en el Sáhara y que, posteriormente, prepare a medio o largo plazo las condiciones para un diálogo bilateral sereno y responsable sobre Ceuta, Melilla y las islas ocupadas, teniendo en cuenta tanto los intereses comunes como los derechos de la población», señala Aich.
La lectura del experto aleja así las últimas declaraciones marroquíes de la hipótesis de una escalada inmediata y las sitúa dentro de una estrategia de largo recorrido. Rabat no estaría poniendo en cuestión la cooperación estratégica construida con Madrid durante los últimos años, sino recordando que esa cooperación no equivale, desde la perspectiva marroquí, a haber dado por cerrado el desacuerdo territorial.
«El discurso oficial reciente recuerda que la cooperación con España no elimina el contencioso territorial y que los derechos históricos de Marruecos no prescriben», concluye Aich, antes de introducir una última clave que probablemente marque cualquier movimiento futuro en este delicado tablero: «Su gestión está sometida a los cálculos del momento oportuno, al realismo y a una diplomacia gradual».