La tensión acumulada en Ceuta desde la crisis migratoria de finales de julio ha comenzado a trasladarse, según la diputada de Ceuta Ya! Julia Ferreras, desde el debate político a la propia convivencia entre los habitantes de la ciudad. Después de que su vehículo fuera atacado en el puerto por un grupo de manifestantes, la parlamentaria ceutí ha advertido de las consecuencias de presentar la llegada de migrantes bajo términos como "invasión" e "invasores", hasta el punto de que, según denuncia, ciudadanos musulmanes de Ceuta están siendo increpados al ser confundidos con inmigrantes.
"Ya lo estábamos advirtiendo porque el discurso que se estaba usando estaba inoculando odio en nuestra población y nos iba a pasar factura a los propios ceutíes", afirmó Ferreras este lunes durante una entrevista en La Hora de La 1, de RTVE. La diputada sostiene que esa factura ya comienza a hacerse visible en las calles y responsabiliza del aumento de la tensión al tono que ha acompañado la gestión política de la crisis.
Ferreras dirigió parte de sus críticas al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, al que reprochó haber asumido las tesis del PP en lugar de contribuir a rebajar la tensión. Según la representante de Ceuta Ya!, el discurso empleado durante las últimas semanas, "lejos de calmar los ánimos, ha ido incendiándolos más". Su diagnóstico va más allá de la confrontación partidista: considera que Ceuta ha terminado convertida en "un peón más de una campaña electoral cruenta y dura", en la que la ciudad está siendo utilizada como arma dentro de la pugna política nacional.
El episodio que ha desencadenado sus declaraciones se produjo en el puerto de Ceuta, donde el coche en el que viajaban Ferreras y el activista Rafael Borrego fue rodeado y atacado. Ambos aseguraron posteriormente que llegaron a temer por su vida y que un agente de la Policía Nacional tuvo que subir al vehículo y conducirlo hasta sacarlos de la zona. Borrego reconoció que conocía el clima de tensión existente en la ciudad, aunque no esperaba que alcanzara ese nivel.
Del debate migratorio a la convivencia en Ceuta
Para Ferreras, uno de los efectos más preocupantes de la escalada verbal es que la distinción entre la población ceutí musulmana y los migrantes llegados durante la crisis comienza a diluirse en determinados episodios de protesta. La diputada sostiene que en algunas manifestaciones se increpa a musulmanes ceutíes al confundirlos con inmigrantes, una situación que vincula directamente con la reiteración de conceptos como "invasión" e "invasores" en el debate público.
La dirigente de Ceuta Ya! reconoció, no obstante, el "hartazgo" y el "miedo" existentes entre parte de los habitantes de la ciudad, pero rechazó que la respuesta pueda construirse sobre promesas de expulsiones inmediatas que, según recordó, no permiten los procedimientos legales. "Se ha dicho lo que la gente de la ciudad quería escuchar y era 'invasores, expulsión'", afirmó, antes de señalar que tanto Vivas como su Gobierno conocen que una expulsión inmediata no resulta posible.
Ferreras defendió, frente a ese escenario, abandonar los discursos populistas y recuperar la colaboración institucional. En otra entrevista, en Las Mañanas de RNE, denunció que la "deslealtad institucional" ha contribuido a ralentizar los procedimientos y volvió a reclamar que se explique a los ciudadanos qué puede hacerse legalmente y qué no ante la presencia de miles de migrantes.
Las críticas de la diputada coinciden con un momento en el que la crisis de Ceuta ha dejado de circunscribirse a la gestión de la inmigración para convertirse también en un frente de la confrontación política española. Mientras el PP ha endurecido su posición sobre la gestión de las expulsiones, representantes de Sumar y Podemos han acusado tanto a los populares como a Vox de alimentar un clima de hostilidad mediante sus discursos sobre inmigración.
El portavoz de Sumar, Ernest Urtasun, pidió a Alberto Núñez Feijóo que deje de "competir con la extrema derecha", mientras Podemos responsabilizó directamente a ambas formaciones del clima generado en la ciudad.
El Gobierno de Pedro Sánchez y el Ejecutivo ceutí también condenaron la agresión. El primero llamó a no permanecer indiferentes ante la "normalización del odio", mientras el Gobierno de Ceuta defendió el derecho de la ciudad a exigir respuestas ante la situación que atraviesa, pero insistió en que cualquier reivindicación debe mantenerse dentro de "la ley, el respeto y la convivencia".