La economía marroquí encadenó en 2025 uno de sus ejercicios más sólidos de los últimos años, con un crecimiento del 4,9 %, una inflación contenida y unas cuentas públicas que siguieron ganando margen de estabilidad. Sin embargo, ese comportamiento de los principales indicadores macroeconómicos continúa sin trasladarse con la misma intensidad a la percepción de una parte de los hogares. Ese fue uno de los datos revelados este lunes por el gobernador de Bank Al-Maghrib, Abdellatif Jouahri, durante la presentación del informe anual de la institución ante el rey Mohammed VI.
Lejos de limitarse a destacar la fortaleza de las cifras económicas, Jouahri reconoció que en los últimos años se ha abierto una brecha entre el desempeño de la economía, medido a través de indicadores objetivos, y la valoración que hacen muchos ciudadanos de su propia situación. A su juicio, este fenómeno no responde a un único factor, sino a la combinación de un mercado laboral que todavía no genera empleo al ritmo que exige el crecimiento y de unas desigualdades sociales que siguen condicionando el reparto de sus beneficios.
El gobernador situó el empleo como el principal desafío pendiente. Aunque la aceleración de la actividad permitió aumentar el número de puestos de trabajo creados, admitió que ese avance sigue siendo insuficiente para reducir de forma significativa una tasa de desempleo que cerró 2025 en el 13 %. En este contexto, defendió que el crecimiento económico solo podrá consolidarse si va acompañado de una mejora sostenida del mercado laboral, un sistema educativo y de formación más competitivo y un mayor protagonismo del sector privado como motor de inversión y creación de riqueza.
Buena parte de esa brecha se atribuye también a la persistencia de las desigualdades sociales. Jouahri recordó que el rey Mohammed VI ya advirtió en el discurso del Trono de 2025 de que «no hay lugar, hoy ni mañana, para un Marruecos que avance a dos velocidades». En esa línea, consideró que, además del importante esfuerzo presupuestario destinado a la protección social, será necesario mejorar la focalización de esas ayudas para que lleguen con mayor eficacia a los colectivos más vulnerables.
Los datos del banco central de Marruecos coinciden, en buena medida, con las conclusiones de un reciente informe elaborado por el Centro Omega de Estudios Económicos y Geopolíticos. El documento sostiene que el dinamismo de la economía todavía no encuentra un reflejo equivalente en la economía doméstica y atribuye esa percepción a una distribución desigual de la riqueza entre regiones, sectores productivos y grupos sociales. Según el estudio, una amplia mayoría de los hogares considera que su nivel de vida ha empeorado durante el último año, mientras la capacidad de ahorro continúa deteriorándose y aumentan las dificultades para afrontar determinados gastos de consumo.
Más allá de este diagnóstico, el informe presentado por Jouahri dibuja una economía que mantiene una trayectoria favorable pese a un contexto internacional marcado por la incertidumbre. Bank Al Maghrib estima que el crecimiento alcanzó el 4,9 % en 2025, impulsado principalmente por el esfuerzo inversor, mientras la inflación se estabilizó en el 0,8 %, uno de los niveles más reducidos de los últimos años.
La política monetaria mantuvo igualmente un sesgo acomodaticio. El banco central redujo el tipo de interés de referencia hasta el 2,25 %, continuó proporcionando liquidez al sistema bancario y reforzó los mecanismos destinados a facilitar el acceso de las pequeñas empresas a la financiación, con el objetivo de sostener la inversión y preservar el dinamismo de la actividad económica.
En el plano de las finanzas públicas, Jouahri destacó la reducción del déficit presupuestario hasta el 3,5 % del producto interior bruto, favorecida por el aumento de la recaudación tributaria y por el recurso a nuevos instrumentos de financiación. Al mismo tiempo, las cuentas exteriores mantuvieron una evolución favorable gracias al buen comportamiento del turismo, las remesas enviadas por los marroquíes residentes en el extranjero, las exportaciones de fosfatos y derivados y el creciente peso de la industria aeronáutica. Todo ello permitió elevar las reservas oficiales de divisas hasta los 443.000 millones de dirhams, equivalentes a cerca de cinco meses y medio de importaciones.
El gobernador aprovechó también la presentación del informe para poner el foco en varios desafíos estructurales que, a su juicio, condicionarán la competitividad del país durante los próximos años. Entre ellos citó la necesidad de acelerar la creación de reservas estratégicas de productos esenciales para reforzar la capacidad de respuesta frente a las interrupciones de las cadenas mundiales de suministro, impulsar la transición energética para reducir la dependencia exterior y adaptar el tejido productivo a las nuevas exigencias medioambientales de los principales socios comerciales.
Jouahri subrayó igualmente la importancia de integrar la gestión eficiente de los recursos hídricos entre las prioridades de la política pública y defendió acelerar el despliegue de la regionalización avanzada como instrumento para crear nuevos polos de crecimiento capaces de reducir las disparidades territoriales.
Con esto, la solidez de los indicadores macroeconómicos constituye una condición necesaria, pero no suficiente. El verdadero reto pasa ahora por conseguir que ese crecimiento gane capacidad de arrastre sobre el empleo, la renta de los hogares y la cohesión social, de modo que los avances registrados por la economía encuentren un reflejo más visible en la vida cotidiana de los ciudadanos.