Jaime Gutiérrez, sobre el cierre de embajadas de Colombia: «Países como Ghana o Argelia poco representan a la estructura económica y la influencia internacional del país»

Un giro geopolítico que trasciende la austeridad

La primera gran decisión de política exterior anunciada por el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, apunta a un cambio de rumbo que trasciende la reducción del gasto público. El cierre de 14 embajadas y 15 consulados, entre ellas las de Argelia y Sudáfrica acompañado de la reapertura de la representación diplomática en Israel con sede en Jerusalén, la ruptura de relaciones con Cuba y Nicaragua y la revisión de la presencia colombiana en distintas regiones del mundo, anticipa una reconfiguración del servicio exterior que coincide con el relevo político tras la etapa de Gustavo Petro.

Para el director de la Escuela Iberoamericana de Innovación Política (Innopolítica), Jaime Gutiérrez, la decisión forma parte de una redefinición más amplia de la política exterior colombiana, orientada a concentrar la presencia diplomática en aquellos países que aporten un retorno tangible en términos económicos, comerciales y de influencia internacional.

Aunque reconoce que el argumento oficial se apoya en la necesidad de mejorar la eficiencia del Estado y reducir el gasto público, Gutiérrez sostiene en una declaración al diario Assahifa en Español, que el trasfondo responde a un cambio de orientación geopolítica respecto a la política exterior desarrollada durante el mandato de Gustavo Petro. En su opinión, el nuevo Ejecutivo pretende reconstruir las alianzas tradicionales de Colombia, recuperar la sintonía con Estados Unidos e Israel y revisar las prioridades diplomáticas establecidas en los últimos cuatro años. Según el especialista, ese giro no responde únicamente a un criterio presupuestario, sino también al propósito de romper con la orientación diplomática del Gobierno saliente y redefinir el posicionamiento internacional del país a partir de nuevas prioridades estratégicas.

En esa misma línea se pronuncia el internacionalista y excanciller del Perú, Miguel Ángel Rodríguez Mackay desde una óptica geopolítica más amplia. En declaraciones a Assahifa en Español, sostiene que la decisión del presidente electo debe entenderse, ante todo, como «una comprensible reacción de un inminente gobernante entrante al desorden en la vida internacional colombiana producido por el Gobierno saliente». A su juicio, Abelardo de la Espriella combina una política de austeridad, materializada en el cierre de misiones diplomáticas, consulados y representaciones ante organismos internacionales que, según afirma, «en los últimos cuatro años no han reportado para el país nada concreto, solamente gastos», con «el trazado estratégico y geopolítico de su política exterior». Por ello, considera que la reestructuración diplomática, especialmente en lo que respecta a África y, de manera particular, a Argelia, «está muy distante de responder únicamente a una medida fundada en la austeridad», sino que anticipa un cambio de prioridades en la inserción internacional de Colombia.

En este sentido, las primeras decisiones anunciadas por Abelardo de la Espriella apuntan, precisamente, en esa dirección. El director de Innopolítica recuerda que Abelardo de la Espriella ya ha anunciado la reapertura de la embajada de Colombia en Israel y ha avanzado que volverá a situarla en Jerusalén, una decisión que, según subraya, posee una importante carga política e histórica. «Sí hay un realineamiento de las relaciones internacionales», afirma. Ese cambio también se proyecta sobre la relación con Cuba. Gutiérrez considera que el futuro Ejecutivo pretende marcar una ruptura con la política mantenida durante los últimos años hacia la isla. En sus palabras, se trata de un «rompimiento total con un régimen comunista», al que atribuye haber respaldado históricamente al Gobierno de Gustavo Petro y servir de «patio de descanso y de retaguardia estratégica de muchos altos mandos de los grupos terroristas de Colombia». En ese contexto, sostiene que el acercamiento a Washington llevará a reducir la presencia diplomática colombiana en Cuba. «Colombia está decidida a acortar toda presencia diplomática en Cuba», asegura, al considerar que Abelardo de la Espriella pretende recuperar la cercanía con la política exterior estadounidense.

Argelia y la revisión de las prioridades diplomáticas de Colombia

Uno de los ámbitos donde el replanteamiento de la política exterior colombiana adquiere una mayor visibilidad es África. Sin poner en duda el creciente peso geopolítico del continente, el director de la Escuela Iberoamericana de Innovación Política (Innopolítica), Jaime Gutiérrez, entiende que el futuro Ejecutivo deberá revisar los criterios que han guiado hasta ahora la presencia diplomática de Colombia en la región. A su juicio, la apertura de nuevas embajadas y la intensa agenda institucional impulsada durante el Gobierno de Gustavo Petro, especialmente a través de la entonces vicepresidenta Francia Márquez, respondieron, en gran medida, a una aproximación vinculada a la herencia africana del país, sin traducirse en beneficios económicos o diplomáticos claramente cuantificables. «Colombia tiene que mantener lazos con África», reconoce. Y añade: «La pregunta estratégica que tiene que hacerse la diplomacia colombiana y la Cancillería es con qué países de África nos interesa mantener esa relación política, económica y diplomática».

Ese cambio de enfoque se refleja también en la valoración que realiza sobre algunos socios africanos. Gutiérrez menciona expresamente a Argelia y Ghana como ejemplos de Estados cuya relevancia, desde la perspectiva de los intereses colombianos, resulta limitada. «Países como Ghana o Argelia poco representan a la estructura económica, los mercados internacionales y la capacidad de influencia colombiana en el exterior», señala, al defender una política africana orientada hacia aquellos actores con mayor capacidad para generar oportunidades económicas, atraer inversiones y ampliar la proyección internacional del país.

Sobre este punto, Miguel Ángel Rodríguez Mackay sitúa ese debate en el equilibrio geopolítico del Magreb. El internacionalista peruano considera que la decisión de cerrar la embajada en Argel responde a una lectura estratégica que trasciende la reorganización administrativa de la red diplomática. «Está claro que Argelia es uno de los países con mayores recursos gasíferos de África y del mundo», reconoce. Sin embargo, entiende que ese potencial contrasta con el progresivo aislamiento internacional del país. «Argelia no es un buen ejemplo en la vida internacional del Magreb y de África; se ha peleado con medio mundo y la tragedia de Argelia ha sido aislarse de la comunidad africana e internacional», afirma.

Para Rodríguez Mackay, la decisión de Abelardo de la Espriella refleja la conclusión de que la relación con Argel ya no aporta un valor estratégico acorde con las nuevas prioridades de la política exterior colombiana. A este respecto, incorpora además el conflicto del Sáhara, al sostener que la diplomacia argelina ha dedicado durante medio siglo buena parte de sus esfuerzos a respaldar al Frente Polisario y a cuestionar la integridad territorial de Marruecos, una estrategia que ha terminado condicionando negativamente la estabilidad y la integración regional del Magreb. En ese escenario, entiende que cada vez son más los Estados que observan el expediente del Sáhara desde parámetros distintos a los que dominaron durante las últimas décadas.

Esa lectura explica, en su opinión, que el presidente electo colombiano llegue al poder con una visión diferente sobre el equilibrio geopolítico del norte de África. «Estoy persuadido de que el presidente De la Espriella está muy bien informado de la Resolución 2797 del Consejo de Seguridad de octubre de 2025, que ha decidido como base para las negociaciones del Sáhara el planteamiento de autonomía presentado por el rey Mohamed VI a la ONU en 2007», acentúa.

Desde esa convicción, anticipa que la política exterior colombiana iniciará una etapa marcada por una mayor proyección atlántica. La posición bioceánica del país, otorga a Bogotá una ventaja estratégica que el nuevo Gobierno buscará aprovechar para redefinir sus prioridades internacionales. El especialista subraya que esa tendencia no será exclusiva de Colombia, sino que acabará extendiéndose a otros países latinoamericanos conforme se consolide la actual reconfiguración del escenario geopolítico.

Por el otro lado, el director de Innopolítica subraya que Abelardo de la Espriella «todavía no ha hecho ninguna manifestación pública con respecto al Reino de Marruecos» ni sobre el conflicto del Sáhara . Por ello, considera prematuro extraer conclusiones sobre una eventual revisión de la posición colombiana en ese expediente, insistiendo en que cualquier valoración deberá esperar a que el nuevo Gobierno defina oficialmente su política hacia esa cuestión.

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