"Hecho en España ": Cuando 'Marca' no puede digerir el éxito de los Leones y se autoproclama "fabricante de sus goles"

Los sucesivos éxitos futbolísticos de la selección marroquí en los torneos internacionales ya no son una casualidad pasajera que la prensa occidental pueda ignorar o menospreciar, sino que se han convertido en una realidad tangible que se impone con fuerza en la escena mundial. Sin embargo, parece que este continuo brillo ha comenzado a incomodar a la prensa deportiva del país vecino del norte, hasta el punto de que el diario español Marca ha ido más allá de la cobertura periodística neutral en su reciente informe, titulando con una evidente superioridad que refleja una mentalidad condescendiente: "Brahim-Saibari, la conexión 'made in Spain' que da alas a Marruecos". Por si fuera poco, el periódico añade en su subtítulo una frase explícita que confirma este deseo intrínseco de atribuirse el mérito, afirmando que entre el jugador del Real Madrid y el del PSV han "fabricado" los dos goles de los Leones del Atlas, como si las victorias y los resultados del combinado marroquí fueran simplemente una "receta" o un "producto" manufacturado en los laboratorios españoles antes de ser exportado listo para su uso a Marruecos.

Esta narrativa dirigida intenta reducir los triunfos de Marruecos y adjudicárselos al entorno español, una falacia que se desmorona ante la primera prueba de lógica deportiva. Hablar de la "fabricación" de los goles busca, de manera descarada, despojar al sistema nacional marroquí del mérito de la planificación y la ejecución. Olvidan que grandes estrellas como Brahim Díaz e Ismael Saibari sudan la camiseta de la selección con una entrega y una pasión desbordantes que ni las academias europeas más prestigiosas, como Valdebebas o La Masía, pueden inculcar a los jugadores; los goles se hacen sobre el terreno de juego con la determinación de los futbolistas y bajo planteamientos tácticos nacionales, no mediante un "catálogo" español preestablecido. Además, la asombrosa selectividad de los medios españoles queda en evidencia al analizar la trayectoria de un jugador como Saibari: aunque nació en España, el desarrollo de su talento y su formación profesional básica se llevaron a cabo en los terrenos de juego belgas y neerlandeses. Sin embargo, el periódico prefirió omitir estos hechos para alimentar su supuesto orgullo nacional y poner su propio sello al éxito ajeno.

Lo que resulta aún más flagrante es la flagrante doble vara de medir de esta misma prensa. Cuando Marruecos gana con jugadores nacidos o criados en Europa, se apresuran a etiquetarlo como un éxito "made in Spain". Sin embargo, cuando la propia selección española toca la gloria, lo hace sostenida sobre los hombros de estrellas cuyos orígenes e historias familiares provienen directamente de África. Se olvidan convenientemente de aplicar su propia lógica con Lamine Yamal, la joya indiscutible del Barcelona y de España, de raíces profundamente marroquíes, o con Nico Williams, la estrella del Athletic de Bilbao e hijo de inmigrantes ghaneses. Si el éxito de Marruecos pertenece a España por cuestiones geográficas de formación, entonces, bajo esa misma regla de tres, los títulos y la gloria actual de la selección española deberían etiquetarse como "Hecho en África". Pero claro, en la narrativa centralista europea, los éxitos propios son puramente locales y los ajenos siempre se intentan expropiar.

En el fondo, este enfoque provocador refleja una crisis psicológica que vive el fútbol español frente a su homólogo marroquí, manifestada en la incapacidad de aceptar que un país del Sur posea hoy en día un proyecto futbolístico global e independiente, capaz de atraer a la élite, desarrollar talento y competir de tú a tú con las potencias tradicionales en los grandes torneos. En lugar de que la prensa española tenga la valentía suficiente para enfrentarse a su propia federación y hacer autocrítica, preguntándose por las razones de su fracaso al no poder retener a estos talentos ni convencerlos con su proyecto, prefiere siempre huir hacia adelante y consolarse con la débil narrativa de que el éxito de Marruecos es un subproducto de la formación española. Pero, al fin y cada cabo, el terreno de juego no miente: la huella es puramente marroquí y las alas con las que vuelan los Leones hoy en día han sido moldeadas con identidad, planificación inteligente y una inversión nacional integral. Los intentos de atribuir la "fabricación de los goles" a España no son más que un gito de impotencia ante una realidad que confirma que Marruecos escribe su historia contemporánea con su propia tinta y con las botas de sus estrellas, quienes eligieron a su patria por amor y convicción.

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