El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ha mantenido un encuentro de alto nivel en la sede de la ONU en Nueva York con el Ministro de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero del Reino de Marruecos, Nasser Bourita. La reunión se ha desarrollado en un clima de fluidez diplomática en el que ambas partes han repasado minuciosamente la evolución de los principales focos de tensión en el continente africano, con especial atención a la franja del Sahel, así como la delicada coyuntura geopolítica que atraviesa Oriente Medio.
Según recoge la nota oficial de la Secretaría General de Naciones Unidas, el diálogo ha servido para contrastar análisis sobre la estabilidad regional en una coyuntura marcada por la complejidad de las crisis globales. Durante la sesión, el canciller marroquí ha transmitido al máximo responsable de la ONU los saludos del Rey Mohammed VI, reafirmando la voluntad de Rabat de consolidar los cauces de cooperación multilateral. Por su parte, António Guterres ha expresado su reconocimiento al papel constructivo que ejerce la diplomacia marroquí en la prevención de conflictos y en la promoción de soluciones negociadas en el marco del derecho internacional.
El encuentro adquiere una trascendencia estratégica singular al celebrarse en vísperas de las sesiones que el Consejo de Seguridad dedicará en octubre al expediente del Sáhara Occidental. Este hito diplomático se produce en un momento de clara consolidación de la postura marroquí en el tablero internacional, avalada por el creciente respaldo de potencias con derecho a veto y socios clave europeos a la Iniciativa de Autonomía. Frente a las dinámicas de parálisis que han afectado a las mesas redondas impulsadas por el Enviado Personal, Staffan de Mistura, Rabat acude a la cita neoyorquina reforzando su estatus de interlocutor indispensable para la estabilidad del Magreb y el Sahel, e insistiendo en que cualquier solución política realista, pragmática y duradera debe articularse exclusivamente sobre la base de la propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí.
Un pilar sustancial que sostiene la proyección diplomática de Marruecos ante el organismo internacional reside en su compromiso histórico con las Operaciones de Mantenimiento de la Paz. A través de las Fuerzas Armadas Reales, el Reino se mantiene como uno de los principales contribuyentes a los cascos azules en suelo africano. Destaca especialmente su despliegue operativo en la misión MINUSCA en la República Centroafricana y en la MONUSCO en la República Democrática del Congo, donde los contingentes marroquíes asumen tareas críticas de protección de poblaciones civiles, custodia de corredores de ayuda humanitaria y aseguramiento de zonas de alta inestabilidad.
Más allá del ámbito estrictamente táctico, la aportación marroquí a la arquitectura de paz de las Naciones Unidas se distingue por su dimensión médica e infraestructural. La instalación continuada de hospitales militares de campaña en los teatros de operaciones africanos ofrece cobertura quirúrgica y atención sanitaria directa tanto al personal de la ONU como a miles de civiles en situación de extrema vulnerabilidad, consolidando un modelo de cooperación sur-sur ampliamente respaldado por la comunidad internacional.