La capital rusa ha dejado de ser un bastión inexpugnable. En la madrugada del último día de la jornada electoral, una oleada masiva sin precedentes de vehículos aéreos no tripulados irrumpió en el espacio aéreo de Moscú y su región metropolitana, convirtiendo la noche en un escenario de explosiones, fuegos antiaéreos y evacuaciones masivas. Lo que hasta ahora se percibía en la metrópoli como un conflicto distante se materializó en el distrito industrial de Kapotnya con un impacto directo sobre la Refinería Petrolera de Moscú, encendiendo las alarmas de que la guerra ha entrado en una fase destructiva y sin retorno en pleno suelo ruso.
Una lluvia de fuego sobre la infraestructura estratégica
Los reportes oficiales confirman la magnitud de una incursión coordinada a gran escala. Según el gobernador de la región de Moscú, Andréi Vorobiov, las defensas antiaéreas neutralizaron 249 drones en el perímetro bajo su jurisdicción. Por su parte, el alcalde de la capital, Serguéi Sobianin, informó que al menos 186 aparatos se dirigían directamente hacia el casco urbano capitalino. A lo largo de la madrugada, Sobianin confirmó el derribo de otros 35 drones adicionales mientras las alarmas no dejaban de sonar.
A pesar del despliegue defensivo, el ataque logró vulnerar la seguridad capitalina. Proyectiles y fragmentos incandescentes impactaron directamente en un sector del complejo industrial de la Refinería Petrolera de Moscú, una instalación clave para el abastecimiento de combustible de la región. El propio alcalde confirmó los daños materiales en el recinto, aunque aseguró que en ese punto específico no se registraron víctimas mortales.
Noche de terror en las calles: víctimas y evacuaciones masivas
El impacto de la ofensiva se sintió con virulencia en las zonas residenciales. La caída de restos de aparatos interceptados provocó incendios en varios inmuebles. Un virulento fuego desencadenado tras el impacto de un dron en un edificio de viviendas obligó a los servicios de emergencia a desalojar a unas 400 personas en medio del pánico de la madrugada.
El balance humano deja al menos dos civiles muertos: una mujer de 44 años y un hombre de avanzada edad, fallecidos en dos puntos distintos de la región moscovita. Mientras la aviación y las baterías antiaéreas intentaban contener la oleada, Vorobiov advertía a través de su canal de Telegram con un mensaje lapidario: "El ataque continúa".
La guerra irrumpe en las urnas: sombras de fraude y tensión electoral
El masivo ataque coincidió con la culminación de la cita electoral en Rusia, en un contexto donde Kiev ha intensificado sus incursiones contra objetivos logísticos y energéticos dentro de territorio ruso. La jornada, diseñada por el Kremlin como una demostración de cohesión en apoyo a la gestión del presidente Vladímir Putin, quedó fracturada por el sonido de las detonaciones y las denuncias internas.
En el plano político, la oposición arremetió contra el proceso, centrando sus críticas en el sistema de voto electrónico. La formación opositora Yábloko denunció que a varios ciudadanos se les impidió votar mediante papeleta física argumentando que el sistema informático ya registraba un sufragio telemático a su nombre sin su consentimiento. Asimismo, representantes opositores señalaron que al menos cinco colegios electorales de Moscú carecían por completo de papeletas de papel.
La presidenta de la Comisión Electoral Central (CEC), Ela Pamfílova, rechazó tajantemente las acusaciones argumentando que la prioridad era celebrar unos comicios "inmaculados" y acusó a los medios y a la oposición de actuar "a favor de los enemigos que buscan desacreditar a Rusia". Por su parte, la Unión Europea y Ucrania adelantaron que no reconocerán la legitimidad de los resultados.