Exclusiva | Fuentes de Junts per Catalunya a Assahifa: «Intentamos abrir canales con Rabat para respaldar la posición de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, pero los responsables marroquíes no respondieron»

Fuentes fiables de Junts per Catalunya han revelado a Assahifa En Español que la dirección del partido intentó recientemente establecer canales de comunicación con responsables marroquíes, en el contexto de la crisis que atraviesan las relaciones entre Rabat y Madrid tras los acontecimientos registrados en Ceuta. Sin embargo, según las mismas fuentes, esos intentos no llegaron a materializarse ante la falta de respuesta desde Rabat.

Las fuentes consultadas dieron a conocer que Junts per Catalunya, formación que defiende la independencia de Cataluña respecto de España, pretendía, por un lado, trasladar a Rabat su posición política favorable a Marruecos en lo relativo a Ceuta y Melilla y, por otro, abrir una vía de interlocución, ya fuera directa o discreta, con responsables marroquíes.

No obstante, esas gestiones no llegaron a traducirse en un contacto político efectivo, en consonancia con la posición que Marruecos ha mantenido históricamente de mantenerse al margen de la cuestión independentista catalana, incluso cuando determinadas posturas de sus dirigentes han convergido con las tesis marroquíes en cuestiones de soberanía territorial.

Este dato adquiere especial relevancia a la luz de las posiciones expresadas en el pasado por el líder histórico del partido y expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. Durante la crisis de Ceuta de mayo de 2021, Puigdemont se pronunció abiertamente sobre el estatus de ambas ciudades y su pasado colonial.

La prensa española se hizo eco entonces de unas declaraciones en las que Puigdemont afirmó que Ceuta y Melilla eran «dos ciudades africanas», en el marco de sus críticas a la postura mantenida por Madrid durante aquella crisis y de su defensa del derecho de Marruecos a plantear la cuestión de ambas ciudades.

El posicionamiento de Puigdemont se produjo en uno de los momentos de mayor tensión entre Rabat y Madrid, tras la entrada de miles de migrantes en Ceuta en mayo de 2021. Aquella sintonía con la posición marroquí, sin embargo, no allanó el camino hacia un acercamiento político efectivo con Rabat. Marruecos mantuvo al movimiento independentista catalán fuera de sus canales oficiales de interlocución y tampoco dio pie a que el Reino se convirtiera en un espacio de acogida política o diplomática para sus dirigentes, pese a los anteriores intentos de acercamiento.

Rabat ya había dejado clara su posición durante la crisis desatada por el referéndum unilateral de independencia de Cataluña en 2017. El 11 de octubre de aquel año, Marruecos expresó oficialmente su rechazo al «proceso unilateral de independencia de Cataluña» y reafirmó su respaldo a la soberanía de España, así como a su unidad nacional y a su integridad territorial. El Gobierno marroquí calificó entonces la vía independentista de «irresponsable e insostenible» y alertó de que podía provocar inestabilidad y división tanto en España como en su entorno europeo.

Esa posición responde a una constante de la política exterior marroquí. Rabat nunca ha hecho de sus desencuentros con Madrid una palanca para respaldar movimientos secesionistas dentro de España, ni siquiera en los episodios de mayor tensión bilateral. En el momento álgido de la crisis catalana, con Puigdemont al frente del proyecto independentista, Marruecos se decantó inequívocamente por el respeto a la integridad territorial, la soberanía nacional y el orden constitucional de España.

En sentido contrario, esta posición contrasta hoy con el creciente respaldo que las tesis separatistas sobre el Sáhara encuentran entre determinados sectores políticos y mediáticos españoles, algunos de los cuales reciben a representantes del Frente Polisario y defienden sus planteamientos como una postura legítima dentro del debate político español.

La cuestión reviste una sensibilidad adicional ante la irrupción, en determinados círculos políticos y mediáticos españoles, de discursos que vuelven a situar el Rif en el centro del debate o recurren a nuevas lecturas de la historia de la región al calor de las disputas políticas con Marruecos.

Desde Rabat, este tipo de planteamientos son percibidos como una ruptura con la lógica de buena vecindad, especialmente cuando coinciden con llamamientos a incrementar la presión económica y política sobre el Reino o a reabrir debates relativos a cuestiones territoriales internas de Marruecos.

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