Exclusiva | Assahifa revela los entendimientos entre Marruecos e Israel para elevar su representación diplomática al rango de embajadas: acuerdos con Washington de cara a una resolución clave de la ONU sobre el Sáhara y pactos en defensa e industria militar en Marruecos

El acuerdo anunciado el miércoles en Nueva York para elevar el nivel de la representación diplomática entre Marruecos e Israel, pasando de oficinas de enlace a embajadas y procediendo al intercambio de embajadores, no fue el resultado de una única reunión, sino la culminación de un proceso de contactos y negociaciones discretas desarrollado durante los últimos meses bajo la supervisión estadounidense, según confirmaron a Assahifa varias fuentes diplomáticas conocedoras del curso de las conversaciones.

Las fuentes señalaron que parte de estos encuentros, mantenidos lejos de los focos, tuvo lugar en Estados Unidos, en paralelo a conversaciones técnicas y políticas directas entre Rabat y Tel Aviv, con Washington presente en las principales fases del proceso, hasta que quedaron reunidas las condiciones para anunciar la elevación de las relaciones diplomáticas al rango de embajadas, junto con la reanudación de los vuelos directos y el fortalecimiento de la cooperación económica y comercial.

Según las mismas fuentes, el nuevo anuncio reactiva un proceso iniciado oficialmente el 22 de diciembre de 2020, cuando Marruecos, Estados Unidos e Israel firmaron en Rabat una declaración trilateral durante el primer mandato del presidente Donald Trump.

Aquel documento contemplaba el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, pacíficas y amistosas entre Marruecos e Israel, la reapertura de las oficinas de enlace, el lanzamiento de vuelos directos y la cooperación en comercio, inversión, tecnología, energía y otros ámbitos. También consolidaba el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara y recogía el compromiso de Washington de abrir un consulado en Dajla para fomentar las oportunidades económicas y comerciales.

Desde el punto de vista documental, el proceso marroquí adoptó la forma de una declaración trilateral específica entre Rabat, Washington y Tel Aviv, aunque Estados Unidos e Israel lo sitúan políticamente dentro de la dinámica más amplia de los Acuerdos de Abraham. En este contexto, fuentes de Assahifa explican que el acuerdo original fue concebido desde el principio como un proceso susceptible de evolucionar, y no simplemente como una reapertura de oficinas de enlace.

Sin embargo, la salida de Trump de la Casa Blanca a comienzos de 2021 ralentizó, según las fuentes, la aplicación de varias partes de este proceso. La Administración de Joe Biden no dio marcha atrás formalmente ni en el reconocimiento estadounidense ni en la declaración trilateral, pero tampoco avanzó al ritmo que Rabat y Washington habían imprimido durante las últimas semanas del primer mandato de Trump. De este modo, quedaron pendientes varios asuntos, entre ellos la elevación del nivel de representación diplomática y la apertura efectiva del consulado estadounidense en Dajla.

Con el regreso de Trump a la Presidencia, el contexto cambió. Marruecos había acumulado durante los años anteriores un creciente respaldo europeo a la iniciativa de autonomía, entre ellos el posicionamiento británico, que en junio de 2025 la calificó como "la base más creíble, viable y pragmática" para una solución justa y duradera, además de la posición francesa favorable a la autonomía en el marco de la soberanía marroquí.

La resolución 2797 del Consejo de Seguridad, adoptada en octubre de 2025, añadió una nueva dimensión a este proceso al llamar a negociar sobre la base de la propuesta marroquí de autonomía y considerar que una "autonomía genuina" podía constituir uno de los resultados más viables, manteniendo al mismo tiempo la exigencia de alcanzar una solución política definitiva, aceptable para las partes y que contemple la autodeterminación. Esto llevó a la Unión Europea, en enero de 2026, a actualizar por unanimidad su posición para alinearla con esta nueva formulación de Naciones Unidas.

De acuerdo con fuentes de Assahifa, Rabat consideró este desarrollo como un salto cualitativo en el expediente, aunque durante los meses posteriores no se produjo un avance decisivo en las negociaciones entre las partes concernidas. A partir de ahí, señalan las mismas fuentes, Washington, Rabat y Tel Aviv comenzaron a reorganizar los intereses vinculados a la culminación del proceso iniciado en 2020, cada uno desde sus propias prioridades e intereses.

Las fuentes añaden que la reciente reunión de Nueva York no se limitó al aspecto protocolario relacionado con las embajadas. Estuvo precedida y seguida por amplias discusiones sobre cooperación económica, inversiones y tecnología, además de cooperación en materia de defensa, industrias asociadas y transferencia tecnológica hacia Marruecos.

Los datos obtenidos por Assahifa, subrayan que el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, mantuvo conversaciones prolongadas con su homólogo israelí, Gideon Saar, en presencia del representante permanente de Marruecos ante Naciones Unidas, Omar Hilale. Las discusiones no se limitaron a los aspectos diplomáticos ligados a la elevación de la representación al rango de embajadas, sino que se extendieron a cuestiones económicas y de defensa de carácter estratégico.

Fuentes de Assahifa aseguran que las conversaciones desembocaron en entendimientos para ampliar la cooperación militar entre ambos países, incluyendo nuevos acuerdos de defensa, además de inversiones en unidades y proyectos de fabricación militar en Marruecos basados en tecnología y experiencia israelíes, dentro de la estrategia de Rabat de localizar una parte mayor de sus industrias de defensa y transferir conocimiento y tecnología al Reino.

Las fuentes citadas señalan que esta dimensión industrial fue uno de los elementos importantes de las negociaciones que precedieron al último anuncio político, al trasladar la relación militar desde una lógica centrada en la adquisición directa de material hacia una asociación que incluya inversión, producción local y cooperación tecnológica.

El capítulo políticamente más sensible, según las fuentes diplomáticas consultadas por Assahifa, está relacionado con la próxima cita del Consejo de Seguridad en octubre. Estas fuentes sostienen que Rabat espera que Washington utilice su peso dentro del Consejo para impulsar una formulación más avanzada que la resolución 2797, reforzando la posición de la autonomía como base de las negociaciones y reordenando el marco jurídico y político en el que se mueve el conflicto.

Las mismas fuentes hablan de una orientación destinada a hacer las negociaciones más directas y centradas en el contenido de la autonomía y en sus mecanismos de aplicación, en lugar de regresar a fórmulas anteriores que mantenían abiertas varias opciones. Algunas de las fuentes consultadas por Assahifa van incluso más lejos y consideran que la próxima resolución de Naciones Unidas podría constituir un punto de inflexión decisivo tanto en la evolución del expediente como en su tratamiento jurídico.

Las fuentes de Assahifa concluyen que el nuevo acuerdo debe entenderse como la culminación progresiva de un equilibrio de intereses iniciado en 2020. Marruecos busca reforzar los avances logrados en el expediente del Sáhara y consolidarlos política y jurídicamente; Israel pretende transformar la relación en una asociación institucional, económica y de seguridad más amplia con un país islámico de importante peso geopolítico; mientras que Estados Unidos mantiene su papel como potencia patrocinadora que vuelve a conectar las distintas piezas del acuerdo trilateral después de años de ralentización.

Se trata de un proceso cuya base política fue reafirmada por el propio Trump el pasado mes de agosto, cuando renovó el reconocimiento de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara y reiteró su apoyo a la propuesta de autonomía como, según la posición estadounidense, "la única base" para alcanzar una solución justa y duradera.

En este sentido, la apertura de embajadas no representa el final del acuerdo trilateral. Según las informaciones obtenidas por Assahifa, parece más bien el inicio de una segunda etapa, marcada por el paso de los reconocimientos políticos a su traducción en acuerdos diplomáticos y económicos, así como en un proceso en Naciones Unidas cuya próxima cita de octubre será una de sus principales pruebas.

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