España sin inmigración: 15 millones de habitantes menos y colapso de los servicios públicos… ¿por qué partidos como Vox insisten en políticas antimigratorias?

Un informe oficial de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia (ONPE), dependiente directamente de la Presidencia del Gobierno, ha desvelado este miércoles la radiografía de lo que sería España en las próximas décadas si se reducen los flujos migratorios. Según la simulación elaborada por el organismo, una disminución de apenas el 30% en la llegada de extranjeros durante los próximos cincuenta años sería suficiente para invertir por completo las tendencias demográficas y económicas del país, abocándolo a un escenario de contracción poblacional y colapso de los servicios esenciales.

El documento, titulado España ante el reto migratorio: dos escenarios posibles, traza un horizonte nítido: si España cierra sus fronteras, en 2075 no alcanzará los 55 millones de habitantes que apuntan las previsiones actuales, sino que se quedará en 40 millones, una cifra inferior en nueve millones a la población actual. Pero la fotografía no solo muestra un país con menos gente, sino una sociedad mucho más envejecida, con una población activa en caída libre y un sistema de bienestar al borde del colapso por la creciente presión sobre unas arcas públicas cada vez más mermadas.

La “España vacía” se expande

Según la simulación de la ONPE, las provincias que ya sufren el fenómeno de la despoblación, como Soria, Huesca y Teruel, serán las más castigadas, llegando a perder el 28% de sus habitantes. Las pérdidas no se limitarán al censo: cerca de 2.300 municipios podrían desaparecer del mapa, un tercio de las explotaciones agrarias se esfumarán y unos 90.000 bares y restaurantes —casi la mitad de los que existen hoy— echarán el cierre, generando un efecto dominó en sectores como la alimentación o el turismo.

Golpe directo a los servicios públicos

En el ámbito educativo, la abrupta caída de la natalidad provocará un drástico ajuste de la oferta. El informe calcula que desaparecerán cerca de 30.000 aulas de educación primaria y 18.000 de secundaria, lo que supondrá, especialmente en los municipios pequeños, la pérdida de servicios complementarios como el transporte escolar o los comedores.

El sistema sanitario público tampoco saldrá indemne. La falta de profesionales se dejará sentir con especial crudeza: unos 63.000 médicos especialistas podrían evaporarse, mientras que los que queden tendrán que atender un 4% más de pacientes, lo que inevitablemente disparará las listas de espera.

El sistema de pensiones, ya tensionado en la actualidad, se enfrentará a una crisis de sostenibilidad sin precedentes. Con menos trabajadores cotizando y un número creciente de personas dependientes —que aumentarán un 60% respecto a la situación actual—, cada trabajador debería aportar unos 2.000 euros adicionales al año en 2075 para garantizar las mismas prestaciones que se perciben hoy.

Un crecimiento económico que se desvanece

El impacto económico que dibuja el informe es igualmente demoledor. El Producto Interior Bruto (PIB) sería un 5% menor en 2035, un 14% menor en 2055 y un 22% inferior al cabo de cincuenta años, lo que equivale a una pérdida de unos 18.000 euros anuales por cada residente.

Esta advertencia oficial llega en un momento en que organismos como el Banco Central Europeo o el centro de estudios Funcas atribuyen una parte sustancial del reciente crecimiento español a la población extranjera. De hecho, España cerró 2025 con 3,58 millones de trabajadores foráneos —la cifra más alta de su historia—, que representan casi el 16% del mercado laboral. Según Funcas, cerca de la mitad del avance del PIB en los últimos tres años se explica directamente por los trabajadores extranjeros.

¿Por qué Vox insiste en el cierre fronterizo pese a las advertencias oficiales?

El informe comenzó a elaborarse a finales del año pasado, antes de que el Gobierno anunciara en enero una regularización extraordinaria que podría beneficiar a más de medio millón de extranjeros en situación irregular. Esa decisión fue recibida con una andanada de críticas desde el flanco ultra, que la presentó como un agravio comparativo y un incentivo a la inmigración ilegal. Pero más allá de esta coyuntura, la pregunta de fondo persiste: ¿por qué un partido como Vox insiste en el cierre fronterizo cuando los datos oficiales señalan que la inmigración es un elemento central para el futuro de España?

Los analistas políticos y sociólogos apuntan a varias razones estructurales:

  1. La construcción del "enemigo" como estrategia identitaria

Para partidos como Vox, la inmigración —especialmente la procedente de países musulmanes o de África subsahariana— se ha convertido en el eje central de su relato identitario. No se trata solo de una propuesta de política migratoria, sino de un símbolo que permite definir quién pertenece a la "nación verdadera" y quién es el "invasor" que amenaza la identidad, la cultura y la seguridad. Este discurso del "nosotros contra ellos" tiene una función de cohesión interna de su electorado: cuanto más se percibe al inmigrante como una amenaza, más se refuerza la lealtad de sus votantes.

  1. La desconexión entre el votante ultra y la realidad económica

Una parte importante del electorado de Vox reside en territorios donde la presencia de inmigración es menor que en las grandes ciudades o en las zonas rurales con alta demanda de mano de obra agrícola. Para estos votantes, los beneficios económicos de la inmigración son invisibles, mientras que los costes percibidos —inseguridad, competencia por servicios públicos— se magnifican a través de un discurso mediático y político que alimenta la percepción de amenaza. La economía real, con sus datos incontestables sobre el PIB, las cotizaciones a la Seguridad Social y el sostenimiento de los servicios públicos, queda lejos de su experiencia cotidiana.

  1. La rentabilidad política frente al coste electoral de rectificar

Para la dirección de Vox, moderar su discurso antimigratorio supondría un coste electoral altísimo. Su nicho de voto se ha construido precisamente en torno a la radicalidad en este asunto. Ceder terreno significaría abrir una brecha por la izquierda —en el terreno del discurso identitario— que otros partidos o formaciones aún más extremas podrían ocupar. En este cálculo político, los costes futuros que alerta el informe (menos crecimiento, más envejecimiento, colapso de servicios) son demasiado lejanos en el tiempo (2075) como para pesar en las urnas de hoy. La lógica electoral prima sobre la prospectiva a cincuenta años vista.

  1. La influencia del ecosistema mediático y la internacionalización del discurso

Vox no actúa en un vacío. Forma parte de una constelación internacional de partidos de ultraderecha —desde el partido de Giorgia Meloni en Italia hasta la formación de Marine Le Pen en Francia, sin olvidar la influencia de figuras como Donald Trump— que han convertido la lucha contra la inmigración en su caballo de batalla global. Este ecosistema proporciona relatos, marcos interpretativos y una sensación de legitimidad transnacional que refuerza sus posiciones, incluso cuando chocan con los datos oficiales de sus propios países.

  1. La instrumentalización del miedo en tiempos de incertidumbre

En contextos de crisis económica, de vivienda o de tensiones sociales, la figura del inmigrante se convierte en un chivo expiatorio útil. Vox ha sabido capitalizar las ansiedades de una parte de la población que siente que el Estado no responde a sus necesidades, presentando la inmigración como la causa de todos los males: desde la saturación de la sanidad hasta la inseguridad ciudadana o la falta de vivienda. Este mecanismo de transferencia de responsabilidades —"el problema no es el sistema, son los que vienen de fuera"— tiene una eficacia política contrastada, aunque se sustente sobre una base empírica frágil o directamente falsa.

El documento de la Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia concluye con una afirmación que resume el fondo del desafío: "Los resultados de este informe muestran que la migración constituye un elemento central en la configuración del futuro de España". Una frase que, más allá del debate político, invita a la reflexión sobre qué modelo de país se quiere construir en las próximas décadas y qué papel está dispuesta a jugar la sociedad española en un escenario global donde la competencia por el talento y la población joven será cada vez más feroz.

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