Entre la necesidad europea de gas y el deseo argelino de romper el aislamiento: visitas intensivas en plena crisis energética

En un escenario geopolítico convulso en Oriente Próximo, Argelia se ha encontrado de repente en el centro de la ecuación energética europea. Con el suministro de gas catarí interrumpido tras los ataques contra las instalaciones de Ras Laffan el pasado 19 de marzo de 2026, y el cierre del estrecho de Ormuz a gran parte de los buques tanque, las miradas del Viejo Continente se han vuelto hacia la orilla sur del Mediterráneo. Argelia ha recibido este acercamiento europeo con una cálida bienvenida, atrayendo a altos responsables de Roma, Madrid y París al palacio de El Mouradia, en un intento claro de recuperar la posición diplomática que se desgastó durante años de aislamiento y ensimismamiento. Sin embargo, mientras las autoridades argelinas agasajan a las delegaciones europeas en los salones oficiales de recepción, la realidad del ciudadano argelino de a pie es muy distinta, pues no percibe de los ingresos del gas más que la creciente carestía de la vida y la falta de oportunidades laborales.

El país, que mantiene tres gasoductos con Europa – Transmed hacia Italia a través de Túnez, Medgaz directamente a España, y el del Magreb Árabe, suspendido en 2021 por razones políticas – puede hacer llegar su gas al mercado europeo por rutas marítimas que no atraviesan zonas de conflicto, a diferencia del gas catarí, que hoy sufre la inseguridad en las rutas de navegación a causa de la guerra contra Irán. Argelia ha sabido aprovechar esta ventaja, y en cuestión de días ha recibido a delegaciones europeas de alto nivel. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, llegó a la capital argelina el pasado 25 de marzo en una visita que la prensa italiana calificó de "visita de la necesidad" más que de un viaje protocolario. Le siguió al día siguiente el ministro de Asuntos Exteriores español, mientras se espera una próxima visita francesa. Esta apertura argelina sin precedentes hacia Europa, tras años de tensiones con Madrid y París, refleja un claro deseo de aprovechar las cartas de la energía para recuperar la influencia regional y diplomática perdida durante la última década.

Sin embargo, expertos internacionales en economía y energía advierten de que esta oportunidad podría no traducirse en ganancias estratégicas duraderas, debido a varias razones estructurales que arrastra Argelia desde hace años. La primera de ellas es que los gasoductos ya operan al límite de su capacidad. Geoff Porter, analista de North Africa Risk Consulting, asegura que "el gasoducto Transmed no dispone de capacidad excedentaria alguna, mientras que Medgaz cuenta con un excedente limitado que no supera los mil millones de metros cúbicos al año". Añade Moncef Ayoubi, experto energético de EY, que "sustituir a Catar – cuya producción alcanza los 200.000 millones de metros cúbicos anuales, el doble de los 100.000 millones que produce Argelia – no es realista a corto plazo sin inversiones masivas". La competencia estadounidense constituye una amenaza aún mayor, ya que el gas natural licuado estadounidense está invadiendo el mercado europeo con una cuota del 60% en el tercer trimestre de 2025, frente al 24% que representaba a comienzos de 2021, lo que convierte cualquier intento argelino de compensar el déficit catarí en una carrera contra un gigante al que no puede hacer frente.

Pero más importante que todos estos desafíos es la pregunta que se formulan los observadores: ¿adónde va todo ese dinero que Argelia obtiene del aumento de los precios del gas? Mientras los palacios presidenciales reciben a las delegaciones europeas y se cierran acuerdos por valor de miles de millones de dólares, el ciudadano argelino de a pie sufre una difícil realidad económica. En un informe publicado en enero de 2026 por Allianz Research, la firma reveló que la tasa oficial de desempleo se mantiene en el 11%, con estimaciones de que entre el 30% y el 40% de la población activa trabaja en el sector informal, lejos de cualquier protección social. El informe añade que "la frustración juvenil sigue siendo elevada debido a la falta de oportunidades y al alto desempleo, lo que impulsa una fuga de cerebros a gran escala". En septiembre de 2025, se reprimieron los intentos de un movimiento juvenil de protesta, un indicio de que la paciencia social podría agotarse en cualquier momento.

La inflación sigue erosionando el poder adquisitivo de los ciudadanos. Aunque la tasa de inflación interanual se redujo al 1,5% en noviembre de 2025, esta cifra no refleja la realidad de los precios que los argelinos afrontan a diario, especialmente con el continuo aumento de los precios de los alimentos importados debido a las perturbaciones en las cadenas de suministro mundiales. Maqfoud Qaoubi, analista económico y financiero independiente en Argel, afirma: "Lo que ganamos con una mano lo perdemos con la otra. Existe el riesgo de que asistamos a un aumento de los precios en el mercado internacional, lo que afectará al coste de las importaciones". Argelia importa anualmente bienes por valor de 50.000 millones de dólares, incluidos alimentos y equipos, y cualquier aumento de los precios mundiales se reflejará negativamente en el poder adquisitivo de los ciudadanos.

La paradoja más dolorosa es que Argelia vende el gas a Europa por más de 11 dólares por millón de unidades térmicas británicas, mientras que lo vende al ciudadano argelino por un precio que no supera 1,5 dólares. Esta enorme disparidad de precios significa que el Estado pierde miles de millones para subvencionar el consumo energético interno, pero esta subvención no llega de forma equitativa a los sectores más necesitados. Con frecuencia se desperdicia en un consumo no racionalizado, mientras los pobres sufren la carestía del resto de bienes básicos. Ante la nueva apertura diplomática hacia Europa, observadores temen que Argelia se convierta en un mero "punto de tránsito" del gas europeo, sin que las clases populares más desfavorecidas perciban beneficio alguno de estos enormes ingresos.

En cuanto a los proyectos futuros en los que Argelia deposita sus esperanzas, como el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con Argelia a través de Níger con una capacidad de 30.000 millones de metros cúbicos anuales, o el plan de inversión anunciado por Sonatrach por valor de 60.000 millones de dólares para aumentar la producción, se trata de proyectos a largo plazo que afrontan importantes dificultades de ejecución. Pese a que las autoridades argelinas y nigerinas anunciaron en febrero de 2026 que los trabajos prácticos para tender el gasoducto en territorio nigerino comenzarían tras el Ramadán, los expertos dudan del calendario anunciado ante la inestabilidad política y de seguridad en la región del Sahel, por no mencionar el enorme coste financiero. Mientras estos grandes proyectos esperan años hasta ver la luz, la juventud argelina sufre hoy el desempleo, las familias gimen por la carestía de la vida y la inmigración ilegal sigue drenando a los hijos de esta generación.

Argelia se enfrenta hoy a una gran paradoja: por un lado, recibe a los líderes europeos en el palacio de El Mouradia como si estuviera recuperando sus antiguos fastos diplomáticos, mientras que, por otro, su pueblo sufre un desempleo crónico y una inflación que erosiona sus ahorros. Como señaló Alina Lysenkova, investigadora del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO): "La decidida decisión europea de renunciar al gas ruso ha abierto una ventana de oportunidad para Argelia en particular, permitiéndole emerger como líder en el suministro... pero la visión a largo plazo de la Unión Europea y los diversos desafíos internos actúan como factores limitantes". La conclusión es que Argelia corre contra el tiempo: o aprovecha este momento excepcional para llevar a cabo reformas estructurales que beneficien a sus ciudadanos, o permanecerá cautiva del ciclo de la renta petrolera que llena las arcas del Estado y exporta gas al exterior mientras el pueblo sufre la carestía de la vida y el desempleo. El pueblo argelino – que contempla cómo se recibe a los líderes europeos en su país mientras él mismo lucha por asegurar el sustento diario – será el único que pagará el precio en ambos escenarios.

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