En el 611 aniversario de la caída de Ceuta en manos portuguesas, la ciudad marroquí ocupada sigue en el centro del histórico conflicto de soberanía con España

Hoy, 21 de agosto, vuelve a la memoria uno de los episodios que más han marcado la historia del norte de Marruecos. En esta misma fecha de 1415, Ceuta cayó en manos de las fuerzas portuguesas, abriendo una nueva etapa en la historia de la ciudad que se prolongaría durante siglos, antes de pasar posteriormente a la Corona española.

Y con la llegada de este 21 de agosto de 2026 se cumplen 611 años de aquella ocupación, en un aniversario marcado esta vez por el regreso de Ceuta al primer plano de las tensiones entre Marruecos y España, tras los acontecimientos registrados a finales de julio y principios de agosto.

La reciente crisis ha reavivado en España un viejo debate sobre Ceuta y el lugar que ocupa en el imaginario político e histórico del país, al tiempo que ha cobrado fuerza, entre una parte de la clase política y de los medios de comunicación, un discurso que presenta la ciudad como una línea roja estrechamente ligada a la soberanía y a la identidad nacional españolas.

Por otro lado, los críticos con este discurso consideran que refleja la pervivencia de una parte del legado histórico forjado durante la llamada «Reconquista» y el ascenso del Reino de Castilla, una etapa en la que la expansión hacia el sur del Mediterráneo quedó estrechamente vinculada a la confrontación con el mundo islámico asentado en la orilla meridional.

Antes de la llegada de los portugueses, Ceuta no era una tierra vacía ni una ciudad ajena a cualquier estructura política. Conocida históricamente como Ceuta, la ciudad formó durante siglos parte del espacio político del Marruecos islámico y estuvo bajo el dominio de distintos Estados y dinastías que gobernaron Marruecos y otras zonas del norte de África.

Las fuentes históricas indican que Ceuta permaneció integrada en el ámbito islámico durante más de siete siglos, desde comienzos del siglo VIII hasta su ocupación por Portugal en 1415. A lo largo de ese periodo, la ciudad quedó sucesivamente bajo la autoridad de distintos Estados marroquíes, hasta encontrarse, en vísperas de la conquista portuguesa, bajo dominio del Estado meriní, cuyo centro político se encontraba en Fez.

La ciudad gozaba de una notable importancia estratégica y comercial por su posición a la entrada del estrecho de Gibraltar, a lo que se sumaba su conexión con las rutas comerciales procedentes del África subsahariana que desembocaban en el Mediterráneo y enlazaban con Europa. Los estudios históricos señalan que el control de este enclave, tanto desde el punto de vista comercial como militar, fue uno de los principales motivos que impulsaron la campaña portuguesa.

En el verano de 1415, el rey portugués João I puso en marcha una amplia campaña militar en la que participaron sus hijos, los príncipes Duarte, Pedro y Enrique, este último conocido posteriormente como Enrique el Navegante. La expedición movilizó una flota de más de 200 embarcaciones y un importante contingente de soldados, que acabaron poniendo rumbo a las costas de Ceuta.

En la mañana del 21 de agosto de 1415 comenzó el desembarco de las tropas portuguesas, seguido de enfrentamientos en el interior de la ciudad, hasta que las fuerzas lusas lograron hacerse con el control de Ceuta ese mismo día. La historiografía portuguesa sitúa la caída de la ciudad como el punto de partida simbólico de la expansión imperial de Portugal fuera de Europa, al convertirse Ceuta en su primera gran base para proyectarse hacia el norte de África.

Después de su ocupación, Pedro de Meneses fue nombrado el primer gobernador portugués de la ciudad, mientras que el Estado meriní intentó recuperarla militarmente. En 1419, las fuerzas marroquíes, apoyadas por tropas del Emirato de Granada, sometieron Ceuta a un asedio, pero no lograron expulsar a los portugueses.

Ceuta permaneció bajo dominio portugués durante más de dos siglos. Incluso durante la unión dinástica de Portugal y España bajo una misma Corona, entre 1580 y 1640, la ciudad conservó su administración portuguesa.

Sin embargo, cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, las autoridades de Ceuta optaron por mantener sus vínculos con la Corona española y se negaron a jurar lealtad al nuevo monarca portugués. La situación no quedó formalmente resuelta hasta el Tratado de Lisboa de 1668, por el que España reconoció la independencia de Portugal, mientras Ceuta quedó definitivamente bajo soberanía española.

Desde esa fecha, la ciudad ha permanecido bajo control español, mientras que las huellas de la etapa portuguesa siguen siendo evidentes hasta el día de hoy, incluyendo la bandera de Ceuta que conserva un diseño de raíces portuguesas.

Tras la independencia de Marruecos en 1956, la cuestión de Ceuta, Melilla y el resto de islas y peñones bajo control español pasó a formar parte de las reivindicaciones oficiales de Rabat. Diversos documentos históricos muestran que Marruecos ha reclamado desde entonces completar su integridad territorial y recuperar los territorios que permanecieron bajo el control de España.

En noviembre de 1960, Marruecos llevó oficialmente la cuestión ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde su representante afirmó que Ceuta y Melilla eran ciudades marroquíes y que la presencia española no alteraba su realidad geográfica e histórica. Las actas de Naciones Unidas recogen desde entonces el enfrentamiento de posiciones entre Rabat y Madrid en torno al estatus de ambas ciudades.

Y en enero de 1975, Marruecos trasladó nuevamente la cuestión al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, al que remitió una comunicación en la que calificaba a Ceuta, Melilla y las islas y peñones mediterráneos bajo control español como los últimos vestigios de la ocupación colonial en la costa africana del Mediterráneo. Rabat afirmó además que nunca había renunciado a recuperarlos y a completar su integridad territorial.

A pesar de que Naciones Unidas no ha incluido a Ceuta y Melilla en su lista de territorios no autónomos, Marruecos ha mantenido la cuestión en su agenda política y diplomática, con mayor o menor intensidad en función de las distintas etapas por las que han atravesado las relaciones entre Rabat y Madrid.

Así, el recuerdo del 21 de agosto adquiere este año una dimensión distinta a la de aniversarios anteriores. A 611 años de la caída de Ceuta, la ciudad ya no representa únicamente una página de la historia de la expansión portuguesa y española en el norte de África, sino que continúa en el centro de una de las cuestiones más sensibles entre Rabat y Madrid. Los acontecimientos de 2026 han vuelto a situar en primer plano una pregunta que ha atravesado los siglos sin encontrar una respuesta definitiva. ¿Cómo pasó una ciudad integrada en el espacio político marroquí antes de 1415 a convertirse en uno de los contenciosos territoriales todavía abiertos entre Marruecos y España?

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