El rearme de Marruecos y el relato de una dependencia española que contradice a los datos

La crisis de Ceuta desatada a finales de julio no solo abrió un nuevo frente de confrontación política en España. La disputa en torno a la actuación de Marruecos derivó rápidamente hacia otros terrenos, en un clima marcado por el endurecimiento del discurso político y por la utilización de la relación bilateral como argumento en el debate interno español.

A la crisis se sumaron acusaciones, interpretaciones y lecturas políticas que terminaron situando a Marruecos en el centro de una parte importante de la confrontación institucional. La cuestión migratoria, las relaciones económicas y comerciales y, de manera creciente, la cooperación en materia de defensa pasaron a formar parte de una misma narrativa en la que se presenta la relación con Rabat desde una perspectiva esencialmente asimétrica.

Una parte de los medios españoles ha insistido en este enfoque al poner el acento en aquellos sectores en los que Marruecos mantiene una relación significativa con España, desde el suministro energético y las inversiones hasta las conexiones marítimas y el turismo. El resultado es una imagen en la que la relación bilateral aparece descrita fundamentalmente desde la supuesta dependencia marroquí, mientras quedan en un segundo plano los ámbitos en los que empresas y sectores españoles dependen igualmente del mercado y de las capacidades productivas marroquíes.

La realidad es más compleja. España y Marruecos mantienen una relación económica, comercial y estratégica de gran profundidad, construida durante décadas y extendida a numerosos sectores. Los datos comerciales de 2025 elaborados a partir de las cifras declaradas por España en la base de datos UN Comtrade de Naciones Unidas, permiten observar esa interdependencia con mayor precisión.

En las exportaciones españolas hacia Marruecos destacan la maquinaria y los equipos mecánicos e industriales, con unos 1.600 millones de dólares, los vehículos y material de transporte, con 1.490 millones, los aparatos eléctricos y electrónicos, con 1.240 millones, y los combustibles y productos petrolíferos, con unos 1.210 millones. A ello se suman los envíos de plásticos, cobre y manufacturas de hierro y acero, todos ellos vinculados en buena medida a las cadenas industriales y productivas de ambos países.

En sentido contrario, Marruecos exportó a España unos 3.590 millones de dólares en equipos eléctricos y electrónicos, además de 1.670 millones en prendas de vestir, 1.370 millones en vehículos y componentes, 970 millones en productos pesqueros, 869 millones en frutas y 567 millones en hortalizas.

Las cifras, muestran así una relación que difícilmente puede reducirse a una dependencia unilateral. La industria española encuentra en Marruecos un mercado para maquinaria, transporte, equipamiento eléctrico y suministros industriales, mientras que las cadenas de producción y distribución españolas reciben desde el otro lado del Estrecho componentes, vehículos, productos agroalimentarios, equipamiento eléctrico y manufacturas. Es sobre esta relación de interdependencia, y no sobre una supuesta subordinación de una economía a la otra, sobre la que conviene analizar también el ámbito de la defensa.

Una relación militar existente, pero de una dimensión concreta

Uno de los sectores utilizados para sostener la tesis de una dependencia española es precisamente el de la defensa. El diario español La Razón recoge en uno de sus artículos titulados «El rearme de Marruecos depende de España», apoyándose en décadas de ventas, cesiones y cooperación industrial entre ambos países.

La relación existe y tiene una trayectoria considerable. España ha suministrado a Marruecos buques, aeronaves, vehículos, equipos y material militar, además de participar en operaciones de mantenimiento y apoyo técnico. Entre enero y junio de 2025, las exportaciones españolas de material de defensa a Marruecos alcanzaron 30,1 millones de euros, de acuerdo con el informe estadístico de la Secretaría de Estado de Comercio. El mismo organismo mantiene publicados los informes oficiales de exportaciones de defensa correspondientes a 2024 y al primer semestre de 2025.

La cooperación naval constituye uno de los ejemplos más visibles. Marruecos encargó a la entonces Empresa Nacional Bazán distintos buques a finales de los años setenta y principios de los ochenta, entre ellos la corbeta que posteriormente recibió el nombre de Lieutenant Colonel Errahmani y varios patrulleros. Décadas después, esa relación continuó mediante trabajos de mantenimiento y nuevas adquisiciones.

El vínculo industrial sigue vigente. Navantia construyó para la Marina Real marroquí un patrullero de altura de 87 metros, botado en San Fernando en mayo de 2025. El programa incluye piezas de repuesto, herramientas, documentación técnica y formación para personal de la Marina Real marroquí en España. La construcción representó más de un millón de horas de trabajo y alrededor de 1.100 empleos directos, indirectos e inducidos durante tres años.

También existen antecedentes de suministro de material retirado de los arsenales españoles mediante operaciones a precios simbólicos. Entre ellas figura la cesión de seis torpedos MK 46 MOD 2 por un euro en 2008, así como anteriores operaciones relacionadas con cañones, direcciones de tiro y otros equipos.

Todos estos elementos muestran una cooperación militar que no es reciente ni anecdótica. Pero demostrar que España ha sido un proveedor relevante para Marruecos durante décadas no equivale a demostrar que el actual proceso de modernización de las Fuerzas Armadas Reales dependa de España.

Estados Unidos, Israel y Francia concentran el grueso del suministro

El informe más reciente del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), publicado en marzo de 2026 con datos actualizados hasta 2025, ofrece una fotografía mucho más amplia del proceso de modernización militar marroquí.

Según el estudio, Marruecos fue el 28.º mayor importador mundial de armamento entre 2021 y 2025 y el primero a nivel continental. Sus importaciones aumentaron un 12 % respecto al período 2016-2020.

Pero el dato más significativo para evaluar el peso de cada socio aparece en la distribución de proveedores. Durante ese quinquenio, Estados Unidos aportó el 60 % del volumen de las importaciones marroquíes de grandes armas, Israel el 24 % y Francia el 10 %. España aparece entre los países con entregas pendientes al cierre de 2025, pero no entre los tres principales proveedores del período.

La diferencia es suficientemente amplia como para cuestionar la idea de que el rearme marroquí tenga una dependencia estructural de España. Si se atiende al conjunto de las grandes armas transferidas entre 2021 y 2025, los tres principales proveedores concentran el 94 % del volumen identificado por SIPRI, mientras que España queda fuera de ese grupo. No se trata de negar el papel español. Se trata de situarlo en el lugar que ocupan los datos.

Washington, el principal proveedor de Rabat

El Departamento de Estado estadounidense señala que Marruecos es el mayor comprador africano de equipamiento militar estadounidense y cifra en 8.545 millones de dólares los casos activos de ventas Gobierno a Gobierno bajo el sistema Foreign Military Sales. Entre los principales programas figuran 25 F-16C/D Block 72, 36 helicópteros de ataque AH-64E Apache, 18 lanzadores HIMARS, misiles Harpoon, sistemas de radar Sentinel y diferentes municiones y sistemas asociados.

La relación no se limita a la compra de plataformas. Marruecos es desde 2004 un aliado principal extra-OTAN de Estados Unidos y participa desde hace años en programas de formación, cooperación militar y ejercicios conjuntos.

La dimensión estadounidense permite entender por qué reducir el proceso de modernización militar marroquí a su relación con España ofrece una imagen incompleta. El componente central de la renovación de capacidades aéreas, artilleras, logísticas y de vigilancia procede de un ecosistema de defensa vinculado a Estados Unidos.

Israel, el segundo socio del nuevo ciclo de modernización

El segundo gran proveedor es Israel. SIPRI sitúa su participación en el 24 % de las importaciones marroquíes de grandes armas durante 2021-2025.

El peso israelí resulta especialmente significativo porque se ha desarrollado en un período relativamente corto. La normalización de las relaciones entre Rabat y Tel Aviv abrió una nueva etapa de cooperación militar y tecnológica, que ha ido más allá de las operaciones comerciales tradicionales.

La cooperación abarca sistemas de vigilancia, drones, inteligencia, electrónica, misiles y defensa aérea. La propia evolución de las exportaciones israelíes muestra la importancia adquirida por Marruecos como mercado. SIPRI señala que las exportaciones israelíes hacia África aumentaron fuertemente durante el período 2020-2024, en buena medida por las entregas a Marruecos y Emiratos Árabes Unidos posteriores a la normalización de relaciones.

El ascenso de Israel introduce además un elemento que resulta especialmente relevante para comprender la estrategia marroquí. Rabat no está sustituyendo un proveedor por otro, sino ampliando el número de socios y las tecnologías a las que tiene acceso.

Francia mantiene un peso estratégico

Francia ocupa el tercer lugar entre los principales proveedores de Marruecos durante 2021-2025, con el 10 % de las importaciones de grandes armas registradas por SIPRI.

La relación franco-marroquí en materia de defensa tiene además una profundidad histórica que no puede medirse únicamente por las entregas registradas en un quinquenio. Francia participa en ámbitos relacionados con la aeronáutica, los sistemas terrestres, el mantenimiento y la cooperación militar.

Por tanto, el esquema que aparece en los datos no es el de un Ejército marroquí sostenido por un único socio europeo, sino el de una fuerza armada que ha diversificado sus proveedores y sus fuentes de tecnología.

España sigue dentro de la ecuación

La diversificación no significa que España haya desaparecido del dispositivo militar marroquí. Al contrario, el último informe de SIPRI señala expresamente que, al finalizar 2025, Marruecos tenía importaciones de grandes armas pendientes procedentes de varios países, entre ellos España y Estados Unidos.

La cooperación industrial continúa además mediante programas concretos. El patrullero construido por Navantia es uno de ellos. Otro ejemplo pertenece al ámbito aeronáutico y muestra, precisamente, que las relaciones de defensa se extienden al mantenimiento de las plataformas una vez adquiridas.

En julio de 2025, la estadounidense L3Harris obtuvo un contrato plurianual para modernizar varios C-130 de la Real Fuerza Aérea de Marruecos. Los trabajos incluyen modificaciones de aviónica, mantenimiento mayor, revisión de motores y apoyo logístico y se desarrollarán en Waco, Texas, hasta 2029. En agosto de 2026, la compañía confirmó que ya había completado las inspecciones del primer avión y que preparaba la entrada de otros aparatos en el programa.

El ejemplo resulta revelador porque demuestra que la dependencia tecnológica derivada del mantenimiento existe, pero no está concentrada en España. El sostenimiento de las capacidades militares marroquíes se reparte entre distintos fabricantes y centros especializados.

Del comprador al desarrollo de capacidades propias

El mantenimiento, la formación de especialistas, la integración de sistemas y la creación de infraestructura industrial forman parte de la misma estrategia. La modernización militar no se reduce a comprar un avión, un buque o un vehículo. Una fuerza armada necesita posteriormente mantenerlos, modernizarlos, integrar nuevos sistemas y formar a los técnicos capaces de operarlos.

En ese terreno, Marruecos está intentando ampliar progresivamente su base industrial mediante asociaciones con empresas extranjeras. El objetivo no es abandonar las importaciones, algo que no ocurre tampoco en las grandes potencias, sino convertir parte de esas adquisiciones en conocimiento, infraestructura y capacidades locales.

La propia experiencia española demuestra que la autonomía militar absoluta es difícil de alcanzar. España, pese a disponer de una industria de defensa desarrollada y de empresas capaces de construir buques, aeronaves y sistemas militares, continúa dependiendo de proveedores extranjeros para determinadas capacidades.

Según SIPRI, durante 2021-2025 Estados Unidos representó el 49 % de las importaciones españolas de grandes armas, seguido de Suiza con el 25 % y Francia con el 9,1 %. España aparece, por tanto, en una situación que permite establecer una comparación más matizada con Marruecos: disponer de industria nacional no elimina la necesidad de recurrir a proveedores extranjeros.

La trayectoria de las relaciones militares entre España y Marruecos contiene contratos, cesiones, mantenimiento, formación y nuevos programas industriales. Esa relación tiene un valor propio y seguirá formando parte de la cooperación bilateral.

Pero convertir esa relación en la prueba de que el rearme marroquí depende de España supone confundir una parte con el conjunto.

La fotografía que emerge es la de una política de adquisiciones diversificada, en la que Rabat combina proveedores estadounidenses, israelíes, franceses y otros socios, al tiempo que mantiene acuerdos con España y desarrolla mecanismos para ampliar sus capacidades industriales y técnicas.

La diferencia no es menor. En un momento en que la relación con Marruecos vuelve a ocupar un lugar central en el debate político español, distinguir entre dependencia, interdependencia y diversificación resulta esencial para interpretar con rigor la dimensión real de los vínculos de defensa entre ambos países.

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