El último episodio del reputado pódcast de análisis geopolítico "No es el fin del mundo", producido por la plataforma El Orden Mundial (EOM), ha desatado un intenso debate en los círculos interesados en la política magrebí tras calificar a Argelia como una "bomba de relojería".
Según el espacio radiofónico, el país africano se aproxima a una profunda crisis estructural que podría dinamitar la estabilidad de toda la región. El informe enciende las alarmas sobre la situación política y económica del Estado más grande de África, respaldándose en indicadores preocupantes como el declive de sus yacimientos de gas históricos —encabezados por Hassi R'Mel— y el alarmante desempleo entre una población mayoritariamente joven que ya alcanza los 48 millones de habitantes.
En su análisis sobre la estructura del poder, los analistas explicaron que el régimen argelino ha dependido históricamente de un "modelo rentista" edificado por el expresidente Houari Boumédiène y consolidado por Abdelaziz Bouteflicka durante sus décadas de mandato. Este sistema se sostiene sobre la base de una legitimidad política comprada mediante la distribución de los ingresos del petróleo y el gas para mantener la paz social, en lugar de fundamentarse en mecanismos democráticos reales. Los expertos advierten que esta dependencia absoluta del mercado energético representa una vulnerabilidad letal; cualquier caída prolongada de los precios o de la producción se traduce inmediatamente en grietas en el sistema, un escenario que ya provocó las revueltas de 1988 y el masivo movimiento de protesta del Hirak en 2019.
El análisis no se limitó a la clave interna, sino que dedicó un amplio espacio al impacto directo de esta situación sobre la seguridad energética europea. Argelia se erige hoy como un socio estratégico y un sustituto crucial para el gas ruso, especialmente ante la meta de la Unión Europea de eliminar por completo las compras a Moscú para el año 2027. Los analistas señalan que cualquier quiebra política o económica en Argelia amenazaría de forma directa el suministro hacia el Viejo Continente. Esta hipotética interrupción golpearía con especial dureza al sur de Europa, concretamente a España e Italia, países que dependen críticamente de los gasoductos conectados con la costa argelina.
Asimismo, el programa abordó el papel fundamental que desempeña Argelia en el complejo tablero de seguridad del Sahel, una zona profundamente inestable donde el país actúa como un muro de contención esencial frente al avance del yihadismo transnacional. A esta relevancia securitaria se suma su gestión de los flujos migratorios, al ser tanto un país de origen como una ruta de tránsito clave para los migrantes subsaharianos hacia las costas europeas. El pódcast advierte que un eventual colapso en el aparato de seguridad interna argelino desataría oleadas migratorias sin precedentes que los países del Mediterráneo difícilmente podrían absorber.
Finalmente, el análisis puso el foco sobre la enquistada rivalidad geopolítica entre Argel y Rabat en torno al conflicto del Sáhara Occidental. Los expertos señalan que este enfrentamiento crónico condiciona severamente la política exterior de la región y complica el equilibrio diplomático de países como España. Madrid se ve obligada a realizar un ejercicio de funambulismo constante para proteger sus intereses estratégicos con Marruecos en materia de control fronterizo y, al mismo tiempo, salvaguardar su dependencia energética del gas argelino, en un tablero internacional donde el margen de maniobra es cada vez más estrecho.