El Ministerio de Asuntos Exteriores, Cooperación Africana y Marroquíes Residentes en el Extranjero declinó hacer comentarios sobre las informaciones publicadas por medios españoles acerca de un supuesto visto bueno de Marruecos a la próxima visita del rey Felipe VI y la reina Letizia a las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla, prevista para los días 13 y 14 de octubre.
Assahifa se puso en contacto con el Ministerio para conocer la posición de Marruecos ante las informaciones que circulan en España, en particular las relativas a una supuesta aprobación previa de Rabat al viaje, pero el departamento de Exteriores no hizo comentarios sobre el contenido de esas informaciones.
El medio español el País, por su parte, había informado, citando fuentes diplomáticas y de Defensa, de que el rey Mohammed VI y su entorno habrían dado su conformidad a que la visita se celebre en esta ocasión. Una información que, hasta el momento, no ha sido confirmada oficialmente por Marruecos.
En la misma línea, Europa Press señaló que las elecciones legislativas marroquíes, celebradas el 23 de septiembre, fueron uno de los factores que retrasaron la fijación de la fecha del viaje, ante el interés del Gobierno español por evitar que la visita provocara el malestar de Marruecos.
Por su parte, el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, afirmó que, desde el punto de vista de Madrid, el desplazamiento de los Reyes a Ceuta y Melilla no requiere autorización de Marruecos, aunque señaló que Rabat podría ser informado de determinados aspectos relacionados con la visita por "cortesía diplomática".
La decisión del Ministerio marroquí de Exteriores de no pronunciarse sobre estas informaciones mantiene, por tanto, la supuesta existencia de un "visto bueno" de Rabat en el terreno de las versiones difundidas por fuentes españolas, sin confirmación oficial por parte de Marruecos. Todo ello, a menos de dos semanas de la primera visita de un rey español a las ciudades ocupadas de Ceuta y Melilla desde el viaje de Juan Carlos I y la reina Sofía en 2007, al que siguió una crisis diplomática entre Rabat y Madrid.
La mirada puesta también en el escenario interno español
Al margen esta incógnita fuentes consultadas por Assahifa en Español apuntan a que la decisión de Felipe VI de desplazarse ahora a Ceuta y Melilla podría obedecer más a las circunstancias internas de España que a la intención de proyectar un mensaje hacia Marruecos. Estas fuentes no descartan, además, que la fijación de las fechas haya estado precedida por algún grado de entendimiento entre Madrid y Rabat que permita contener sus repercusiones diplomáticas.
Esa interpretación obliga a volver a las primeras horas de la crisis. Felipe VI reaccionó apenas un día después de las entradas masivas expresando su "gran preocupación e indignación" y reclamando medidas para impedir que una situación semejante volviera a repetirse. Desde entonces mantuvo contactos con Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y los presidentes de Ceuta y Melilla, mientras desde la propia ciudad comenzó a reclamarse que ese respaldo institucional terminara materializándose con la presencia del jefe del Estado.
La implicación de la Corona adquirió después un alcance distinto. El 7 de septiembre, Felipe VI reunió en el Palacio de la Zarzuela a la ministra de Defensa, Margarita Robles, al jefe del Estado Mayor de la Defensa, al jefe del Mando de Operaciones, al responsable del Mando Operativo Terrestre y al comandante general de Ceuta. El objeto de aquella reunión, según la información facilitada entonces, fue examinar la situación de Ceuta "desde el punto de vista de la defensa". Para entonces, el Gobierno ya había declarado la crisis como una situación de interés para la seguridad nacional y había establecido un mando único para coordinar la respuesta del Estado. Una emergencia que había comenzado como una llegada excepcional de migrantes terminaba así instalada también en el terreno de la defensa y la seguridad nacional.
La siguiente señal llegó fuera de ese marco estrictamente interno y en un escenario diplomático de especial relevancia. Durante la visita de Estado de Emmanuel Macron a España, Felipe VI llevó la crisis de Ceuta a su discurso ante el presidente francés, calificó de "inaceptable" lo sucedido y reclamó una respuesta europea al considerar que España estaba protegiendo también una frontera exterior de la Unión. No era ya únicamente una declaración de respaldo a Ceuta: el Rey situaba ante uno de los principales socios de España una crisis migratoria convertida previamente en cuestión de seguridad nacional.
El anuncio de las fechas del viaje, conocido inmediatamente después, completa una secuencia en la que Felipe VI ha ido adquiriendo una presencia cada vez mayor alrededor de la crisis. Las fuentes consultadas por Assahifa en Español interpretan que ese recorrido también debe leerse a la luz del debate interno que acompaña desde hace años a la monarquía española, sometida periódicamente a discusión sobre su papel y su capacidad para conservar un espacio propio dentro de la arquitectura institucional del Estado. Desde esa perspectiva, Ceuta ofrece a la Corona un terreno particularmente sensible para reforzar su presencia pública: seguridad, integridad territorial, Fuerzas Armadas y respaldo a una población que acaba de atravesar una crisis de enorme magnitud.
Amnistía introduce un elemento incómodo antes del viaje
Hay, además, otro factor que no puede separarse del momento elegido. La visita se producirá pocas semanas después de que Amnistía Internacional haya formulado graves acusaciones sobre la actuación de militares españoles durante la misma crisis que ha situado a Felipe VI en el centro de la respuesta institucional. Tras desplazarse a Ceuta entre el 10 y el 15 de septiembre y entrevistarse con más de 65 migrantes y solicitantes de asilo, la organización denunció torturas y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes presuntamente cometidos por miembros de las Fuerzas Armadas, particularmente de unidades de Regulares y de la Legión. Amnistía sostiene que los testimonios recogidos apuntan a un posible patrón y reclama una investigación independiente.
Las denuncias no aparecieron de manera aislada al final de septiembre. Ya el 13 de agosto, Amnistía había pedido explicaciones a las autoridades españolas por posibles devoluciones sumarias, las garantías aplicadas a menores y solicitantes de asilo y las denuncias sobre un uso excesivo de la fuerza. A finales de ese mismo mes volvió a advertir sobre testimonios que consideraba creíbles relativos a abusos contra migrantes.
Para las fuentes consultadas por Assahifa en Español, esa coincidencia tampoco resulta menor desde el punto de vista político y comunicativo. La presencia del Rey en Ceuta devolverá previsiblemente el foco hacia el respaldo institucional a la ciudad, la soberanía española y la protección de la frontera, precisamente cuando la actuación de una parte del dispositivo militar desplegado durante la crisis está bajo escrutinio de una organización internacional de derechos humanos.
En ese sentido, consideran que el viaje puede contribuir a desplazar el centro del relato público desde las denuncias sobre la gestión de la emergencia hacia una imagen de normalidad institucional y apoyo de la Corona a Ceuta.
La cuestión deja así de limitarse a si Marruecos responderá al viaje como hizo en 2007. Si las versiones españolas sobre algún tipo de conformidad previa de Rabat tienen fundamento, pese al silencio oficial marroquí, el interrogante se desplaza hacia qué función pretende cumplir la visita.