El Ejecutivo español pidió a Felipe VI que llamara al rey Mohammed VI para agradecerle la gestión de la crisis en Ceuta.

La crisis migratoria de Ceuta ha llevado al Gobierno español a explorar incluso la vía de ambas monarquías para gestionar uno de los episodios más delicados de las últimas semanas en las relaciones con Marruecos. El Ejecutivo de Pedro Sánchez llegó a trasladar a la Casa Real la posibilidad de que Felipe VI telefoneara al rey Mohammed VI, una posibilidad que finalmente no se ha materializado, pero que sigue sobre la mesa mientras Madrid calibra también el alcance político de una eventual visita del monarca español a la ciudad ocupada.

Según adelantó El País, fuentes tanto del Gobierno como de la Casa Real confirmaron que un ministro del Ejecutivo trasladó a Zarzuela la posibilidad de establecer ese contacto directo con el rey Mohammed VI. La iniciativa no partió de una petición formal de Pedro Sánchez y la llamada no llegó a producirse, al considerar la Casa Real que, en las actuales circunstancias, podía ser objeto de interpretaciones políticas mientras la crisis continúa abierta.

El propósito atribuido a esa eventual conversación resulta especialmente significativo. Según las mismas fuentes, el contacto podía servir para agradecer a Marruecos su actuación después de la oleada migratoria registrada a finales de julio y valorar la cooperación desplegada para contener nuevas llegadas y facilitar el retorno de migrantes. La iniciativa situaba así a al rey Mohamed VI no como destinatario de un reproche español por lo ocurrido en Ceuta, sino como posible interlocutor para contribuir a gestionar las consecuencias de la crisis.

Ese planteamiento coincide con la línea que el Gobierno español ha mantenido públicamente durante las últimas semanas. Madrid ha evitado responsabilizar a Rabat de la llegada masiva de migrantes y ha atribuido buena parte de lo ocurrido al efecto llamada generado a través de las redes sociales y a la actuación de redes dedicadas a favorecer los cruces irregulares. Al mismo tiempo, varios responsables del Ejecutivo han insistido en reconocer la cooperación posterior de las autoridades marroquíes.

La posibilidad de recurrir al canal directo entre ambos monarcas recupera una dimensión histórica de las relaciones entre Marruecos y España, aunque en unas condiciones muy distintas a las que marcaron durante décadas la relación entre el rey Hassan II y Juan Carlos I.

De acuerdo con el citado medio, los anteriores monarcas mantuvieron una relación personal mucho más estrecha y recurrieron con frecuencia al contacto directo cuando surgían crisis entre Rabat y Madrid. Felipe VI y el rey Mohammed VI, en cambio, han construido una relación más institucional y reservada.

La crisis de Ceuta ha vuelto ahora a poner a prueba hasta dónde puede llegar ese canal. El hecho de que dentro del propio Gobierno español se haya considerado que una conversación entre los dos reyes podría contribuir a gestionar la situación muestra que la diplomacia de las casas reales continúa siendo contemplada como un recurso en momentos especialmente sensibles de la relación bilateral.

Una llamada al rey Mohamed VI y una visita a Ceuta con efectos opuestos

La eventual intervención del rey Felipe VI encierra, sin embargo, una segunda dimensión mucho más delicada para las relaciones con Marruecos. Al mismo tiempo que Madrid ha estudiado la conveniencia de un contacto con el rey Mohammed VI, sigue abierta la posibilidad de que Felipe VI viaje a Ceuta, una decisión cuyo impacto diplomático sería muy diferente.

Juan Jesús Vivas aseguró tras su encuentro con Felipe VI el pasado 6 de agosto que el monarca se había comprometido a visitar la ciudad, aunque sin fijar una fecha. La Casa Real mantiene que cualquier desplazamiento deberá producirse cuando resulte «útil y razonable» y de acuerdo con el Gobierno, al que corresponde determinar la oportunidad política de una visita de estas características.

Precisamente la ausencia de Felipe VI en Ceuta durante las primeras jornadas de la crisis ya había suscitado interrogantes. Pese a las informaciones que apuntaban al interés del monarca por desplazarse a la ciudad ocupada para expresar su solidaridad con sus habitantes y conocer sobre el terreno las consecuencias de la oleada migratoria, el viaje no llegó a producirse. En su lugar, Felipe VI recibió a Vivas en su residencia de verano de Marivent, un encuentro excepcional en plena crisis.

Aunque la explicación institucional remite al papel constitucional del monarca y a la necesidad de que sus desplazamientos oficiales se coordinen con el Gobierno, la decisión abrió entonces el debate sobre si Madrid pretendía evitar un gesto susceptible de añadir un nuevo foco de tensión con Rabat en un momento en el que ambos países trataban de preservar los canales de cooperación.

La cautela no carece de precedentes. Marruecos considera Ceuta y Melilla parte de su territorio y las visitas de altos responsables españoles, especialmente las de miembros de la Casa Real, han provocado históricamente reacciones diplomáticas de Rabat. El propio Gobierno español es consciente, según las fuentes citadas por El País, de la especial sensibilidad que tendría una eventual presencia de Felipe VI en Ceuta en las actuales circunstancias.

El antecedente más significativo se remonta a noviembre de 2007, cuando Juan Carlos I y la reina Sofía realizaron una visita de apenas unas horas a Ceuta. Fue la primera presencia de un jefe del Estado español en la ciudad en 74 años y desencadenó una fuerte reacción de Marruecos, que rechazó el desplazamiento al considerar que afectaba a un territorio cuya soberanía reivindica.

La situación coloca ahora a Felipe VI ante dos movimientos de naturaleza prácticamente opuesta. Una llamada al rey Mohammed VI podría funcionar como instrumento de interlocución y contribuir a preservar el entendimiento entre Rabat y Madrid, mientras que una visita a Ceuta tendría una carga política y simbólica susceptible de introducir nuevas tensiones precisamente cuando la crisis migratoria todavía no se ha cerrado.

La decisión final dependerá del Gobierno de Pedro Sánchez. La Casa Real ha dejado abierta tanto la posibilidad de establecer el contacto con el soberano marroquí como la de desplazarse a Ceuta, pero insiste en que cualquiera de esos pasos deberá darse cuando las circunstancias lo hagan conveniente y en coordinación con el Ejecutivo.

La crisis ha devuelto así a las dos monarquías al centro de una relación bilateral en la que históricamente han desempeñado un papel singular. Pero también ha puesto de manifiesto la complejidad del escenario actual. Madrid contempla recurrir al vínculo entre Felipe VI y Mohamed VI para contribuir a gestionar las consecuencias de la crisis, mientras sopesa al mismo tiempo una visita a Ceuta cuyo significado para Marruecos podría producir justamente el efecto contrario.

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