Aunque Teherán no ha emitido una declaración oficial de cierre, la realidad sobre el terreno apunta en esa dirección. Fuentes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica han reivindicado un ataque este domingo contra tres petroleros de bandera estadounidense y británica en las proximidades de esta estratégica vía marítima. Este incidente ha sido la chispa que ha llevado a las principales navieras y petroleras a ordenar a sus flotas que eviten la zona, desviando sus rutas y anticipando una disrupción prolongada en la cadena de suministro.
El estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo que se consume a diario en el mundo, se ha convertido en el epicentro de una crisis que ya está reconfigurando el mercado energético global. Lo que durante años fue una amenaza recurrente por parte de Irán se ha materializado en un bloqueo de facto, desencadenando el caos logístico y una escalada inmediata en los precios del crudo.
La agencia Reuters informa de que al menos 150 buques cisterna se encuentran actualmente inmovilizados en las inmediaciones del estrecho, incapaces de navegar o a la espera de instrucciones en medio de la creciente tensión bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán. Esta parálisis ha tenido un efecto inmediato en el mercado OTC (over-the-counter), donde las transacciones bilaterales ya reflejan un incremento del 10% en el precio del barril de Brent, que ha alcanzado los 80 dólares. Se espera que la volatilidad y la tendencia al alza se intensifiquen con la apertura de los mercados oficiales.
Este episodio marca un antes y un después en la geopolítica de la región. Irán nunca había llegado a ejecutar el cierre del estrecho de Ormuz, su principal arma económica y el único conducto de salida para la producción de crudo y gas natural de potencias como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin y Kuwait. Si bien en el pasado, como ocurrió en junio tras un ataque estadounidense a instalaciones nucleares iraníes, las tensiones elevaron el precio del petróleo hasta niveles cercanos a los 80 dólares, la situación actual es cualitativamente distinta. La ofensiva militar lanzada sobre Teherán ha transformado la retórica en acción, llevando a la región a un escenario de confrontación abierta que amenaza con mantener estrangulado el suministro energético mundial.