La Marina Real Marroquí se prepara para incorporar a sus capacidades marítimas dos buques militares de superficie no tripulados y de alto grado de autonomía. La incorporación se produce tras la aprobación del Gobierno holandés para exportar este sistema a Marruecos mediante un acuerdo valorado en 13 millones de euros, destinado principalmente a la guerra antisubmarina y a la lucha contraminas, en un paso que otorga a Marruecos una capacidad especializada hasta ahora limitada en su flota.
Un memorándum oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos, dirigido al Parlamento, revela que el acuerdo incluye dos embarcaciones equipadas para misiones antisubmarinas y de detección de minas, además de sus cargas operativas, componentes adicionales, una estación de control en tierra, dos juegos de repuestos, documentación técnica y la formación y asistencia tecnológica necesarias para su operación y mantenimiento.
Según el mismo documento, los dos buques destacan por su capacidad para llevar a cabo misiones de varios días de duración con una elevada autonomía. El proceso de integración de los sistemas se realizará íntegramente en los Países Bajos antes de su entrega a la Marina Real Marroquí.
Las autoridades holandesas no han revelado el nombre del fabricante, el modelo de las embarcaciones ni la naturaleza detallada de los sensores, al considerar que parte de esta información constituye secreto comercial y militar.
La importancia militar del acuerdo radica en cubrir un vacío estratégico dentro del sistema de defensa marítima marroquí. La evaluación holandesa señala que, si bien Marruecos ya cuenta con capacidades antisubmarinas —basadas principalmente en grandes buques de superficie equipados con sistemas de sonar y un número limitado de helicópteros con sonar calable—, sus medios especializados en la lucha contraminas eran limitados.
Estas dos nuevas unidades añadirán una capa extra de defensa en los accesos a los puertos, las zonas costeras y las rutas marítimas frente a amenazas subsuperficiales, ya sean submarinos o minas marinas.
Las plataformas no tripuladas permiten desplegar sensores en áreas potencialmente minadas sin arriesgar buques tripulados ni a sus dotaciones, al tiempo que reducen los costes de las tareas de vigilancia prolongada en comparación con el uso continuo de grandes fragatas.
La capacidad antisubmarina adquiere una relevancia especial en el entorno marítimo estratégico de Marruecos. Argelia, que mantiene relaciones diplomáticas tensas con Rabat, dispone de seis submarinos de fabricación rusa de la clase Kilo (cuatro del Proyecto 636 y dos más antiguos del Proyecto 877), lo que otorga a su marina una de las fuerzas de guerra submarina más potentes del continente africano.
En la frontera marítima norte, España cuenta con una fuerza de submarinos en proceso de modernización con la avanzada serie S-80. El submarino S-81 Isaac Peral ya ha entrado en servicio, mientras que el S-82 Narciso Monturiol realizó pruebas de mar durante el pasado mes de agosto. La Armada Española confirma que estas unidades poseen capacidades avanzadas en sigilo, reconocimiento, inteligencia y combate naval, con capacidad para emplear torpedos, misiles y minas.
Por todo ello, el verdadero valor del acuerdo no reside en el tamaño ni en el coste de las dos embarcaciones, sino en la función táctica que aportarán a la Marina Real: una mayor capacidad de alerta y un control más eficaz del espacio submarino, garantizando la seguridad en los accesos portuarios y las vías marítimas vitales en un momento en que la guerra naval moderna se orienta cada vez más hacia los sistemas autónomos y no tripulados.