En un momento en que las relaciones hispano-marroquíes y euro-africanas buscan fórmulas más pragmáticas de cooperación regional e integración económica, el debate sobre el futuro de las fronteras entre Melilla y la provincia de Nador ha vuelto al centro de la agenda política y mediática. Las demandas para revisar el modelo de "frontera cerrada" van más allá de los discursos tradicionales para plantear una visión integral impulsada por el partido político Nueva Melilla, formación que ha propuesto formalmente el derribo de la valla fronteriza y el inicio de una nueva etapa de coordinación institucional, siguiendo el modelo histórico implantado en Gibraltar.
Esta visión, defendida por el portavoz de la agrupación, Isaac Fernández, se fundamenta en un cambio radical de lectura de la realidad sobre el terreno. Fernández ha señalado que "las imágenes que llegan desde Gibraltar deberían servir de reflexión para toda Europa y también para nuestra ciudad", subrayando cómo un enclave que albergó durante décadas una verja completamente cerrada disfruta hoy de una etapa de libre circulación, cooperación institucional y oportunidades económicas para decenas de miles de personas. Desde la formación aclaran que este planteamiento no implica en absoluto "renunciar a identidades, soberanías o posiciones políticas", sino construir espacios de colaboración mutua en los que todos salgan ganando, recordando que Melilla seguirá siendo española exactamente igual que Gibraltar seguirá siendo británico.
El caso de Gibraltar sirve así de antecedente histórico para la propuesta. Tras décadas de cierre total impuesto durante la dictadura en 1969 —un aislamiento que dañó gravemente la economía y la vida social a ambos lados de la verja—, la reapertura progresiva en los años ochenta y los recientes acuerdos entre España, el Reino Unido y la Unión Europea han demostrado que superar la "dinámica de la verja" es la vía hacia la prosperidad regional. En este sentido, Fernández reconoció sentir "envidia" por la evolución del Peñón y criticó que Melilla se haya convertido en un "búnker" y una "cárcel", con una valla que funciona prácticamente como un muro de Berlín infranqueable que perjudica económica, social y sentimentalmente a la población.
Desde Nueva Melilla recuerdan además la profunda interconexión social existente, destacando que más de la mitad de la población melillense tiene lazos familiares directos al otro lado de la frontera. Asimismo, apuntan a la perspectiva histórica al rememorar que la valla, tal y como se conoce hoy, se comenzó a levantar en la década de los noventa, mientras que anteriormente existía un tránsito mucho más fluido y cotidiano entre Melilla y Nador.
Con vistas al futuro, el partido aspira a contemplar una "fotografía histórica" en la que el presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla y el alcalde de Nador comparezcan juntos para anunciar inversiones compartidas y proyectos comunes de desarrollo. Para ello, defienden la necesidad de negociar un Tratado de Buena Vecindad con el respaldo de la Unión Europea que regule el tránsito, el comercio y la cooperación. Aunque reconocen que el derribo completo de la valla no es viable de forma inmediata, Nueva Melilla aboga como primer paso a corto plazo por recuperar la flexibilidad fronteriza previa a 2020, sentando las bases de una relación de vecindad normalizada en lugar de perpetuar un modelo basado exclusivamente en el blindaje de las fronteras.