Desde la última crisis migratoria de Ceuta, el debate sobre Marruecos ha experimentado un llamativo giro en una parte de la prensa española. Lo que comenzó centrado en la gestión de la frontera, la inmigración y las responsabilidades políticas ha terminado trasladándose a un terreno mucho más sensible: el de una hipotética confrontación militar entre los dos países y la pregunta sobre quién se impondría en caso de guerra.
Medios situados en el espectro conservador han publicado durante las últimas semanas diferentes análisis sobre el equilibrio militar entre Rabat y Madrid, coincidiendo con la atención generada por el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas Reales. El Español ha ido ahora un paso más allá al plantear directamente cómo respondería España a una supuesta intervención marroquí en Ceuta y recoger de antiguos altos mandos militares afirmaciones según las cuales las Fuerzas Armadas españolas podrían «apagar Marruecos en 24 horas».
El escenario, conviene señalarlo, es considerado por los propios militares consultados por el periódico como «extremadamente improbable» y «muy remoto». Sin embargo, el artículo desarrolla ampliamente las características que tendría una eventual guerra y las capacidades que España emplearía contra Marruecos.
Una de las afirmaciones más contundentes procede del teniente general retirado Francisco José Gan Pampols, exdirector del Centro de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (CIFAS), quien sostiene que España dispone de capacidad para «apagar Marruecos en 24 horas». El antiguo alto mando va todavía más lejos al describir las consecuencias que, a su juicio, tendría una respuesta española: «Todo lo que vuele suyo se va al suelo» y «todo lo que flote será hundido», además de señalar como potencialmente afectados puertos, aeropuertos, comunicaciones e infraestructuras estratégicas.
El medio español, recoge trambién afirmaciones del almirante Juan Rodríguez Garat, en la reserva y antiguo almirante de la Flota, quien considera que una escalada militar comenzaría previsiblemente por una batalla aérea y sostiene que España dispone de medios suficientes para imponerse en ella.
Las declaraciones introducen así una dimensión inédita en el debate que ha acompañado a la crisis de Ceuta: ya no se trata únicamente de determinar responsabilidades políticas o analizar la cooperación fronteriza entre Rabat y Madrid, sino de especular abiertamente sobre una guerra entre dos países vecinos que mantienen una asociación estratégica, importantes intereses económicos compartidos y una intensa cooperación en seguridad, inmigración y lucha antiterrorista.
Los números dibujan una realidad más compleja
Más allá de un escenario bélico que actualmente carece de visos de materializarse, la comparación de las capacidades militares ofrece una fotografía considerablemente más compleja que la que sugiere la idea de una guerra resuelta en cuestión de horas.
En 2025, España destinó 40.200 millones de dólares al gasto militar, según los datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), frente a unos 6.300 millones de Marruecos. La diferencia es considerable en términos absolutos, aunque cambia de perspectiva cuando se mide el esfuerzo realizado por cada país en relación con el tamaño de su economía: Marruecos dedicó a defensa el 3,54 % de su PIB, frente al 2,13 % de España.
La diferencia presupuestaria, sin embargo, no puede trasladarse automáticamente al resultado de una eventual confrontación. Los presupuestos militares incluyen personal, mantenimiento, adquisiciones, infraestructuras y numerosos conceptos que no equivalen directamente a capacidad de combate, mientras que una guerra depende además del teatro de operaciones, la logística, la disponibilidad efectiva de los sistemas, la inteligencia, la profundidad estratégica y la capacidad de sostener las operaciones.
España aventaja en número de cazas mientras Marruecos gana peso en capacidades aéreas clave
En el ámbito aéreo, España mantiene cierta ventaja en el número de cazas actualmente operativos. El Ejército del Aire y del Espacio dispone de alrededor de 136 aparatos de combate principales, repartidos entre unos 67 Eurofighter Typhoon y cerca de 69 F/A-18. A esta fuerza se suma una capacidad de transporte militar considerable, con 14 Airbus A400M de transporte pesado, alrededor de una veintena de C-295 y CN-235, siete C-212 y un Airbus A330 de transporte, además de otro A330 destinado al reabastecimiento en vuelo.
Marruecos opera actualmente una flota más reducida, de alrededor de 70 cazas, compuesta por 23 aparatos de la familia F-16, unos 25 Mirage F1 y 22 F-5. Sin embargo, la fotografía cambia parcialmente al incorporar las adquisiciones ya contratadas: los 25 nuevos F-16 Block 72 elevarán a alrededor de 95 el número de cazas entre aparatos en servicio y encargados, al tiempo que supondrán un salto tecnológico para la Real Fuerza Aérea.
En transporte militar, las capacidades marroquíes descansan principalmente en unos 14 C-130 Hercules, cuatro C-27J Spartan, seis CN-235 y siete King Air, además de dos KC-130 destinados al reabastecimiento en vuelo. España conserva, por tanto, una ventaja en este apartado, especialmente por la capacidad de transporte estratégico que le proporcionan los A400M.
La comparación presenta, sin embargo, un resultado distinto en los helicópteros de ataque. España dispone de alrededor de 17 Tiger, frente a los 24 AH-64E Apache adquiridos por Marruecos. No se trata únicamente de una diferencia numérica: la versión incorporada por las Fuerzas Armadas Reales pertenece a la última generación del helicóptero de ataque estadounidense y proporciona una capacidad de fuego considerablemente más pesada.
El AH-64E puede portar hasta 16 misiles AGM-114 Hellfire y dispone de un cañón automático M230 de 30 milímetros con hasta 1.200 proyectiles. A ello suma sistemas avanzados de sensores, adquisición de objetivos y conectividad, además de capacidades concebidas para intercambiar información y operar de forma coordinada con sistemas aéreos no tripulados.
El Tiger español continúa siendo, por su parte, un helicóptero de ataque avanzado, más ligero y ágil, y dotado de capacidades anticarro y de apoyo a las fuerzas terrestres. Sin embargo, al comparar las versiones actualmente disponibles de ambas plataformas, el AH-64E Apache proporciona a Marruecos una combinación superior de potencia de fuego, sensores y conectividad operativa.
El balance aéreo, por tanto, no admite una lectura única. España conserva una superioridad apreciable en el número de cazas operativos y, sobre todo, en transporte estratégico, mientras Marruecos está reduciendo parcialmente la distancia con la incorporación de los F-16 Block 72 y dispone, con los Apache, de una ventaja específica en el segmento de los helicópteros de ataque.
El factor de los drones cambia la comparación
Uno de los ámbitos donde la modernización marroquí resulta especialmente visible es el de los sistemas aéreos no tripulados.
Marruecos ha construido durante los últimos años un inventario procedente de varios proveedores internacionales. Entre sus plataformas figuran los Bayraktar TB2 turcos y sistemas de mayor capacidad como el Akıncı, además de aparatos chinos de la familia Wing Loong y diferentes sistemas de origen israelí.
A ello se añaden las municiones merodeadoras, entre ellas sistemas de la familia Harop, y el desarrollo de capacidades industriales locales vinculadas a este tipo de armamento.
España dispone igualmente de una amplia gama de sistemas no tripulados, incluidos los MQ-9 Predator B y diferentes plataformas destinadas a vigilancia, reconocimiento y adquisición de objetivos. Sin embargo, buena parte de su flota se ha desarrollado prioritariamente alrededor de misiones ISR, inteligencia, vigilancia y reconocimiento.
Esto proporciona a Marruecos una combinación particularmente amplia de drones armados y municiones merodeadoras. No supone por sí sola superioridad aérea, pero introduce una variable que una comparación limitada exclusivamente al número de cazas dejaría fuera.
El equilibrio naval
En el ámbito naval, España opera 11 fragatas, entre ellas cinco de la clase F-100 y seis Santa María, además del buque de proyección estratégica Juan Carlos I, dos buques de desembarco anfibio y el submarino S-81, al que se sumará una segunda unidad de la clase S-80 próxima a entrar en servicio. Su dispositivo se completa con seis cazaminas, dos buques de aprovisionamiento de combate y diferentes unidades de patrulla y apoyo.
Marruecos cuenta, por su parte, con seis fragatas principales. La Mohammed VI, de la clase FREMM, constituye la unidad más potente de la Marina Real y está especialmente preparada para la guerra antisubmarina. A ella se suman las tres fragatas de la familia SIGMA, Tarik Ben Ziyad, Sultan Moulay Ismail y Allal Ben Abdellah, además de las dos unidades de la clase Floréal, Mohammed V y Hassan II.
La flota marroquí incluye asimismo la corbeta Lieutenant-Colonel Errahmani, de la clase Descubierta, y un amplio número de patrulleros costeros y oceánicos, entre ellos el Bir Anzarane. Marruecos dispone además de tres buques de desembarco anfibio de la clase Batral, junto con unidades de apoyo e hidrográficas.
A este dispositivo se incorporará el patrullero oceánico Avante 1800 construido por la española Navantia, de 87 metros de eslora, unas 2.020 toneladas de desplazamiento, una velocidad máxima de 24 nudos y una autonomía aproximada de 4.000 millas náuticas. La unidad se encuentra actualmente en la fase final previa a su entrada en servicio.
La modernización marroquí se extiende también a los sistemas navales no tripulados. Rabat ha contratado en Países Bajos dos vehículos de superficie no tripulados destinados a misiones de guerra antisubmarina y lucha contra minas, incorporando así nuevas capacidades a una flota que, aunque sigue siendo numéricamente inferior a la española, ha ampliado progresivamente tanto sus medios de superficie como el abanico de misiones que puede desempeñar.
Marruecos refuerza su capacidad de ataque terrestre a distancia
El equilibrio vuelve a cambiar al analizar la artillería cohete y las capacidades de ataque terrestre de largo alcance. Marruecos dispone de lanzacohetes chinos PHL-03/AR2 y ha incorporado el sistema israelí PULS, compatible con diferentes familias de munición y capaz de alcanzar objetivos situados a distancias considerablemente superiores a las de la artillería convencional.
A ello se suma la compra estadounidense de sistemas HIMARS y municiones asociadas, incluida la autorización para misiles ATACMS de hasta aproximadamente 300 kilómetros de alcance.
España, en cambio, retiró hace años los lanzacohetes Teruel y todavía trabaja para recuperar una capacidad moderna de este tipo. El proyecto SILAM inicialmente previsto estaba basado precisamente en tecnología del sistema israelí PULS, pero el Ministerio de Defensa inició su cancelación dentro de la política de ruptura con tecnología militar israelí, lo que ha obligado a buscar una alternativa.
Esta diferencia no convierte a Marruecos en militarmente superior, pero sí cuestiona cualquier lectura que presente el equilibrio bilateral como una sucesión de ventajas españolas en todos los dominios.
Una guerra que difícilmente duraría 24 horas
Las capacidades analizadas dibujan, en realidad, un equilibrio mucho más complejo que el que sugiere una hipotética guerra resuelta en cuestión de horas. España dispone de ventajas importantes en determinados segmentos, particularmente en medios navales, capacidad submarina, número de cazas y transporte estratégico.
Marruecos, sin embargo, ha desarrollado capacidades relevantes en otros ámbitos, entre ellos los drones armados y las municiones merodeadoras, los helicópteros de ataque y los sistemas de artillería cohete y ataque terrestre de largo alcance, además de reforzar su defensa aérea y modernizar progresivamente sus fuerzas terrestre, aérea y naval.
No existe, por tanto, una equivalencia absoluta entre ambos ejércitos, pero tampoco una superioridad española uniforme en todos los dominios que permita trasladar mecánicamente la diferencia presupuestaria al resultado de una eventual confrontación.
La pertenencia de España a la OTAN introduce otra variable, aunque tampoco permite dar por descontado un respaldo militar automático de la Alianza en cualquier escenario. Ceuta y Melilla mantienen una particularidad dentro del Tratado del Atlántico Norte por la delimitación geográfica establecida en su artículo 6 para la aplicación del artículo 5. Madrid podría activar el artículo 4 para abrir consultas con sus aliados, pero una eventual respuesta colectiva dependería de la naturaleza y localización del conflicto, de las decisiones adoptadas dentro de la organización y de la asistencia que cada Estado acordara prestar.
Marruecos, por su parte, tampoco se encuentra al margen de la arquitectura militar occidental. El Reino forma parte del Diálogo Mediterráneo de la OTAN desde 1995, ha desarrollado durante tres décadas mecanismos de cooperación e interoperabilidad con la Alianza y participa desde 2025 en su Programa de Mejora de la Educación en Defensa (DEEP).
Esa relación ha avanzado hasta el punto de que Rabat y la OTAN preparan la utilización de Marruecos como plataforma para formar a militares de terceros países africanos, dentro de un esquema de cooperación triangular que amplía el papel del Reino de receptor de programas de capacitación a socio para su proyección en África.
A esto se suma un vínculo todavía más estrecho con Estados Unidos. Marruecos ostenta desde 2004 el estatuto de aliado principal de Washington fuera de la OTAN y renovó en 2026 su hoja de ruta de cooperación militar bilateral hasta 2036. Las Fuerzas Armadas Reales mantienen además una elevada interacción con las estadounidenses a través de ejercicios como African Lion y de nuevos proyectos como el Centro Africano de Formación y Experimentación Multidominio de Tan-Tan.
Todo ello hace que una hipotética confrontación entre España y Marruecos difícilmente pueda analizarse reduciendo el tablero internacional a una España integrada en Occidente frente a un Marruecos situado fuera de sus estructuras militares.
La Unión Europea ofrece a España un marco jurídico distinto. El artículo 42.7 del Tratado de la UE establece el deber de ayuda y asistencia a un Estado miembro que sufra una agresión armada en su territorio. Sin embargo, esa cláusula tampoco equivale a una respuesta militar predeterminada: la Unión carece de una estructura de mando equivalente a la de la OTAN y la forma concreta que adoptaría la asistencia dependería de las decisiones de sus Estados miembros.
La proximidad geográfica añade otro elemento que las comparaciones puramente numéricas tienden a ignorar. En una eventual confrontación en el Estrecho, ambos países operarían a escasa distancia de sus respectivas bases, ciudades, puertos, aeródromos, redes energéticas e infraestructuras estratégicas. El mismo artículo de El Español reconoce, de hecho, que las nuevas capacidades de ataque hacen cada vez más difícil aproximar buques de guerra a costas hostiles.
Una confrontación directa entre Marruecos y España difícilmente podría describirse, por tanto, como una guerra limpia, breve o unilateral. Incluso partiendo de la superioridad española en varios dominios, Marruecos dispone de medios capaces de infligir daños militares, económicos y estratégicos y de elevar sustancialmente el coste de cualquier escalada.
El debate abierto en determinados medios españoles después de la crisis de Ceuta corre así el riesgo de confundir superioridad en determinadas capacidades con invulnerabilidad. Los equilibrios militares modernos no se determinan únicamente contando aviones, fragatas o carros de combate, sino evaluando simultáneamente capacidad de ataque, defensa, dispersión, inteligencia, logística, profundidad estratégica, geografía, alianzas y, sobre todo, la capacidad del adversario para responder.