Mientras la inmigración vuelve a ocupar el centro del debate político español tras las llegadas masivas registradas a finales de julio en Ceuta, un reportaje de la cadena estadounidense CNN ha dirigido la mirada hacia otra realidad menos presente en esa discusión. La dependencia de importantes sectores de la economía española de una mano de obra inmigrante que, en algunos casos, trabaja por salarios muy bajos y vive en asentamientos sin agua corriente ni suministro eléctrico.
El reportaje, publicado el 21 de agosto y realizado en la provincia de Almería por los periodistas Vasco Cotovio, Jomana Karadsheh y Li-Lian Ahlskog Hou, recorre los invernaderos del sureste español y los asentamientos informales levantados alrededor de una industria agrícola que produce más de 3,5 millones de toneladas de frutas y hortalizas al año destinadas en gran medida a los mercados europeos.
CNN sitúa así su cámara en la conocida «huerta de Europa», una extensa superficie de invernaderos que cubre buena parte del territorio almeriense y cuya concentración de plástico es visible incluso desde el espacio. Detrás de esa capacidad productiva aparece una fuerza laboral formada en gran medida por extranjeros, muchos procedentes de Marruecos y de otros países africanos.
Uno de los protagonistas del reportaje es Amoateng Foster, un ghanés de 44 años que ejercía como profesor de matemáticas antes de abandonar su país, atravesar el Sahel y Libia, cruzar posteriormente el Mediterráneo hacia Italia y terminar finalmente en España.
Foster vive actualmente en Don Domingo de Arriba, uno de los asentamientos informales identificados por CNN en los alrededores de Níjar. Cientos de personas residen allí en construcciones improvisadas con ladrillos, neumáticos, plásticos y otros materiales, sin una red oficial de electricidad ni agua corriente.
«Si estás fuera, puedes pensar que aquí todo es de color de rosa. Aquí no es de color de rosa», explica Foster a la cadena estadounidense al describir una realidad que contrasta con la imagen de Europa que acompaña a muchos migrantes antes de emprender el viaje.
CNN asegura haber identificado al menos cuatro asentamientos de este tipo alrededor de Níjar, donde viven trabajadores vinculados a los numerosos invernaderos de la provincia.
El reportaje adquiere una dimensión particular al aparecer pocas semanas después de la crisis migratoria de Ceuta. La cadena estadounidense recuerda que las imágenes de hombres, mujeres y menores cruzando desde Marruecos hacia la ciudad a finales de julio alimentaron nuevamente el discurso de partidos populistas opuestos a la inmigración tanto en España como en el resto de otros países europeos.
Sin embargo, la investigación desplaza el foco desde las fronteras hacia el interior de una economía que necesita trabajadores extranjeros para mantener algunos de sus sectores productivos.
Los datos oficiales citados por CNN indican que más de 70.000 personas están dadas de alta en la Seguridad Social en el sector agrícola de Almería, aunque sindicatos y organizaciones no gubernamentales consideran que las cifras oficiales no reflejan a numerosos inmigrantes sin documentación que también trabajan en el campo.
Sus estimaciones elevan a más de 110.000 el número de trabajadores agrícolas de la provincia y calculan que alrededor del 90 % son extranjeros.
La necesidad de esta mano de obra aparece de manera especialmente visible en los invernaderos. Durante diferentes épocas del año, Almería produce pimientos, tomates, sandías, pepinos y otras hortalizas que terminan en supermercados de numerosos países europeos.
CNN señala que los trabajadores con documentación suelen percibir al menos el salario mínimo, situado alrededor de los ocho euros por hora en el sector según el reportaje, aunque también existen denuncias de abusos. La situación cambia especialmente entre quienes carecen de documentación.
Foster asegura que algunos reciben apenas cinco euros por hora por trabajar dentro de los invernaderos, donde las temperaturas pueden resultar extremas durante el verano.
«Trabajas en un ambiente caluroso, de rodillas, continuamente, y te dan cinco euros. ¿Cuánto puedes ahorrar?», relata.
Otros trabajadores entrevistados por CNN afirmaron que determinados empleadores llegan a ofrecer cuatro euros por hora a quienes se encuentran en una situación administrativa más vulnerable.
La cadena recoge también el argumento de los empresarios agrícolas, sometidos a su vez a la presión de intermediarios y grandes cadenas de supermercados para colocar los productos al menor precio posible. Según el reportaje, algunos productores sostienen que el recurso a mano de obra barata termina formando parte de una estructura económica condicionada por unos márgenes cada vez más estrechos.
Pero quizá una de las imágenes más significativas del reportaje para Marruecos sea la de Amal, una madre marroquí de 36 años y con dos hijos, que llegó a España siete meses antes para trabajar en la recogida de fresas.
Amal dejó a sus hijos al cuidado de su madre y su hermana en Marruecos. Después de un desacuerdo con su empleador perdió el trabajo y, cuando CNN la encontró frente a un centro de distribución de alimentos gestionado por las hermanas de las Mercedarias de la Caridad , buscaba desesperadamente cualquier oportunidad laboral.
«Es difícil. No hay trabajo, no hay dónde vivir, no hay papeles. Mis hijos están lejos», explica mientras muestra en su teléfono fotografías de los menores y trata de contener las lágrimas.
Su situación forma parte de otra realidad documentada por CNN. Inmigrantes que trabajan o buscan empleo en una de las zonas agrícolas más productivas de Europa y que, al mismo tiempo, necesitan recurrir a organizaciones religiosas y humanitarias para conseguir alimentos.
Las Hermanas Mercedarias de la Caridad mantienen en San Isidro un centro que ofrece clases de idiomas, talleres y alimentos a personas necesitadas. En los días de mayor actividad pueden atender a unas 50 familias; cuando disminuyen las donaciones, la cifra se reduce a alrededor de veinte.
La hermana Francisca, coordinadora local de la congregación, rechaza las acusaciones dirigidas desde determinados sectores políticos contra las organizaciones que prestan asistencia a los migrantes.
«No buscan un trozo de pan. Buscan una vida más digna y un trabajo con el que puedan ganar dinero y enviarlo a sus familias», señala a CNN.
El contraste atraviesa todo el reportaje. Almería necesita trabajadores extranjeros para sostener una producción agrícola que abastece los mercados europeos, pero simultáneamente se ha convertido en uno de los territorios españoles donde el discurso contrario a la inmigración ha adquirido mayor peso político.
CNN muestra incluso pintadas con mensajes como «No Muslims» («No musulmanes») en algunos lugares de la provincia y recuerda que Andalucía fue precisamente la comunidad donde Vox consiguió en 2018 su primera gran irrupción institucional antes de extender su presencia al conjunto de España.
La cadena recoge testimonios de vecinos que califican la inmigración como una «invasión», mientras la realidad económica descrita a pocos kilómetros muestra explotaciones agrícolas cuya actividad depende ampliamente de trabajadores extranjeros.
Es esa contradicción la que termina articulando el reportaje: una inmigración cuestionada desde una parte creciente del discurso político, pero necesaria para mantener sectores esenciales de la economía española.
El Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por responder a esta realidad mediante un proceso de regularización que ofrece a cerca de medio millón de inmigrantes en situación irregular que cumplan determinados requisitos la posibilidad de obtener documentación. El Ejecutivo defiende esta política como «sensata, justa y responsable», frente a las críticas de los partidos que reclaman un endurecimiento de la política migratoria.
Para Foster, la explicación es mucho más sencilla. «Ellos nos necesitan», afirma sobre los trabajadores inmigrantes empleados en los invernaderos.
Y resume la relación en términos de reciprocidad: «El Gobierno ha visto que necesita nuestra ayuda, que nosotros les estamos ayudando. Y ellos también nos ayudan. Es un beneficio mutuo».
El recorrido de CNN por Almería ofrece así una imagen distinta a la que suele dominar el debate sobre la inmigración entre Marruecos y España. Más allá de las fronteras, las llegadas irregulares y las disputas políticas, muestra a trabajadores africanos, entre ellos marroquíes, integrados en la base de una industria que alimenta buena parte de Europa, mientras algunos continúan viviendo en condiciones que la propia cadena estadounidense considera difíciles de imaginar en la Europa del siglo XXI.