La encuesta refleja un consenso mayoritario en Marruecos a favor de superar el marco bilateral con Madrid y activar el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
El periódico Assahifa ha pulsado la opinión pública respecto al futuro diplomático de las ciudades de Ceuta y Melilla, en un momento en que el histórico litigio territorial entre Rabat y Madrid reaparece con fuerza en el centro de la escena política. Este repunte coincide con una serie de declaraciones consecutivas de altos cargos gubernamentales marroquíes que reiteran la innegociable soberanía del Reino sobre ambos enclaves, frente al tajante rechazo de España a entablar cualquier tipo de diálogo sobre el estatus de los dos territorios.
La consulta planteaba una interrogante directa: «¿Ha llegado el momento de elevar la cuestión de Ceuta y Melilla ante el Comité de los 24 de las Naciones Unidas, encargado de la descolonización?». Lejos de cuestionar la marroquinidad inherente de ambas ciudades —asumida como un consenso indiscutible—, la encuesta buscaba medir qué estrategia diplomática debe priorizar Rabat en la presente coyuntura: la internacionalización inmediata, la gestación de una alianza legal y diplomática previa antes de acudir a la ONU, o la persistencia en el canal del diálogo bilateral con Madrid.
Para ello, Assahifa ofreció tres opciones de respuesta:
1. «Sí, el contexto internacional es idóneo para replantear ambos expedientes».
2. «Sí, pero tras consolidar una amplia alianza diplomática y jurídica internacional».
3. «Es preferible mantener el cauce de la negociación bilateral con España».
Un respaldo incontestable a la vía multilateral
Sobre una muestra de 989 votantes registrados hasta la fecha, los datos revelan una rotunda inclinación de la ciudadanía. Un 41% de los participantes (413 votos) sostiene que la coyuntura geopolítica actual es propicia para elevar sin dilación el litigio a las instancias internacionales. A ellos se suma un 32% (325 votantes) que aboga por dar este paso de forma estratégica, previa articulación de un bloque diplomático y legal que blinde las pretensiones marroquíes.
En contraste, solo un 25% de los encuestados (251 votos) considera conveniente limitar la resolución del contencioso a las conversaciones bilaterales con el Ejecutivo español.
En términos globales, las cifras son incontestables: 738 de los 989 encuestados —un 74,6%— respaldan abiertamente la internacionalización del litigio de Ceuta y Melilla, supeditándolo únicamente a una cuestión de oportunidad y estrategia temporal. Apenas una cuarta parte de la muestra prefiere mantener el formato tradicional de diálogo directo con España.

Un debate alimentado por el Gabinete Marroquí
El valor político de estos resultados radica en el caldeado clima institucional en el que se enmarcan. En las últimas semanas, varios miembros del Gobierno marroquí han situado la cuestión de la integridad territorial en primera línea del discurso público.
El ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, reafirmó recientemente que la soberanía sobre Ceuta y Melilla constituye para Marruecos un «derecho histórico y geográfico inalienable», instando a establecer mecanismos de negociación con España para definir su futuro. En la misma línea, el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Toufiq, aludió expresamente a la «liberación de los territorios ocupados», unas palabras que resonaron con fuerza en la prensa e instituciones madrileñas.
A este tono asertivo se sumó Nizar Baraka, secretario general del histórico Partido Istiqlal y ministro de Equipamiento y Agua, quien definió a España como un «socio estratégico fundamental», advirtiendo simultáneamente que Marruecos «no renunciará a un solo milímetro de su territorio nacional».
En definitiva, la encuesta de Assahifa pone de relieve que el debate social en Marruecos ha trascendido la mera reclamación de soberanía para centrarse en una cuestión puramente operativa y táctica: determinar si el Reino debe solicitar formalmente la intervención del Comité de Descolonización de la ONU de forma inminente, si debe tejer primero los apoyos diplomáticos internacionales necesarios, o si mantiene la vía de la diplomacia discreta con Madrid. Por el momento, la sociedad marroquí ha enviado una señal nítida: la vía internacional ya no es un tabú, sino la opción mayoritaria.