Pese a la conclusión de los trámites judiciales y forenses en la ciudad ocupada, los restos de siete compatriotas permanecen en el depósito de cadáveres a la espera de completar el protocolo de retorno a sus localidades de origen en el Norte del Reino.
La tragedia humana desencadenada tras los últimos acontecimientos en el paso marítimo de Bab Sebta continúa dejando una estela de dolor e incertidumbre entre decenas de familias marroquíes. Mientras las autoridades judiciales de la ciudad de Ceuta han iniciado la inhumación de 18 cuerpos no identificados en el cementerio de Sidi Embarek, los allegados de otros siete jóvenes marroquíes —cuya identidad ha sido ratificada oficialmente— viven una angustiosa espera para poder dar el último adiós a sus seres queridos en suelo nacional.
Las inhumaciones de las 18 víctimas sin identificar se llevan a cabo bajo una codificación numérica. Según fuentes de la investigación, la medida responde al avanzado estado de descomposición de los restos recuperados en el mar, lo que impedía su conservación prolongada. Sin embargo, la preservación de las muestras genéticas (ADN) por parte de los servicios de medicina legal mantendrá los expedientes abiertos a la espera de futuras comparaciones con los perfiles biológicos que puedan aportar las familias que aún buscan a sus desaparecidos.
Siete identidades confirmadas y un duelo suspendido
A diferencia de los cuerpos no identificados, la morgue del Hospital Militar alberga los restos de siete marroquíes cuya identificación ha sido completada con éxito mediante cotejo dactilar y genético. Se trata de Younes, Noureddine, Abdelmoumen, Ibrahim, Salma y Abdeslam, además de Mohamed Said, quien falleció tras ser trasladado al centro hospitalario como consecuencia de las graves lesiones sufridas durante el colapso en la línea fronteriza.
Los fallecidos, procedentes de las localidades de Fnideq, Tetuán, Larache, Asilah y Alcazarquivir, representan el rostro más amargo de este drama migratorio. Entre las historias que han conmocionado a la opinión pública nacional figura la de Abdeslam, de 74 años, un antiguo trabajador transfronterizo que, tras perder su sustento por el cierre de los pasos terrestres durante la pandemia, halló la muerte en el mar en su intento por reencontrarse con la ciudad donde trabajó durante décadas. Asimismo, la joven Salma se ha convertido en la única víctima femenina confirmada entre los cuerpos rescatados por los equipos de salvamento.
La exigencia de una solución burocrática urgente
Pese a que las familias marroquíes han completado los requerimientos legales y expresado su voluntad inequívoca de trasladar los restos a sus ciudades de origen, el proceso de repatriación se halla inmerso en una rigurosa tramitación administrativa y de verificación documental en la frontera, necesaria para garantizar la plena seguridad jurídica e identificación de las víctimas.
Colectivos de derechos humanos y organizaciones de la sociedad civil en el norte de Marruecos han instado a acelerar los canales de coordinación técnica entre las partes para agilizar la expedición de los permisos de traslado. Para las familias exhaustas por semanas de búsqueda, la prioridad absoluta no es otra que cerrar el duelo y otorgar a sus hijos una sepultura digna en su tierra natal.
Este periódico intentó ponerse en contacto con fuentes del Ministerio del Interior para obtener una postura oficial sobre los plazos y detalles del proceso de repatriación, sin haber obtenido respuesta hasta el momento de esta publicación.