El 3 de marzo de 2025, apenas cuatro días después de que el Rey Mohammed VI hiciera un llamado a los ciudadanos marroquíes para abstenerse de realizar el ritual del sacrificio con motivo del próximo Eid al-Adha, el diario local El Pueblo de Ceuta dio a conocer la postura de la Asociación de Consumidores Halal de Ceuta (ACOHA). En su pronunciamiento, la entidad expresó su compromiso de acatar lo dispuesto en el mensaje real, sumándose así al respeto de las orientaciones emitidas desde la institución monárquica.
La decisión adoptada por un grupo de ciudadanos españoles residentes en Ceuta ha generado inquietud en diversos círculos españoles. Se trata de personas que, habitando en una ciudad que consideran parte del territorio nacional, han optado por secundar una decisión soberana de un Estado vecino, emanada de la más alta instancia de poder religioso y político de Marruecos. Este gesto ha resultado especialmente significativo para aquellos sectores que lo interpretan como un reconocimiento implícito de una autoridad exterior, en un contexto donde Rabat mantiene su histórica reclamación sobre la ciudad, a la que considera territorio ocupado.
Esta fue una estación más entre muchas que evidenciaron que, casi cuatro siglos después de la anexión de la ciudad de Ceuta a la soberanía española, como resultado de un acuerdo político con el anterior ocupante, Portugal, cuyo emblema figura aún en la bandera local de la ciudad, el sentimiento de pertenencia, e incluso de lealtad, hacia Marruecos sigue presente en el corazón de numerosos ceutíes.
Si bien la valla fronteriza que separa la ciudad autónoma de Ceuta de la prefectura de Tánger-Tetuán no ha logrado cortar los lazos familiares históricos entre muchos habitantes de ambas regiones, otros factores —económicos, políticos y religiosos— hacen que la conexión de esta ciudad con el Reino de Marruecos sea perdurable. Este vínculo mantiene muchas de las claves de su futuro en manos de Marruecos, al ser considerado por muchos como su extensión geográfica y cultural natural, en lugar de su pertenencia a la península ibérica.
El comienzo: la conquista Portuguesa
Abordar el conflicto hispano-marroquí en torno a Ceuta exige remontarse al punto de partida, concretamente al 21 de agosto de 1415, fecha en la que se escribió el primer capítulo de esta larga historia que no parece destinada a concluir pronto, ni por marroquíes ni por españoles, sino por los portugueses. En aquel entonces, Marruecos se hallaba bajo el gobierno del sultán meriní Abu Salem Uthman ben Ahmed, penúltimo sultán de la dinastía benimerín que regía el país, la cual atravesaba sus últimas décadas de poder antes de ceder el testigo a los wattasíes.
El movimiento del Reino de Portugal hacia Ceuta estuvo guiado por las ambiciones expansionistas del rey Juan I de portugal, primer monarca de la dinastía de Avis, en un contexto marcado por el ocaso de Al-Ándalus, que atravesaba sus etapas finales previas a la anexión de Granada por parte de la Corona de Castilla. Este proceso, descrito desde la perspectiva cristiana como las "guerras de reconquista", culminaría con la configuración del Reino de España. En este escenario, los portugueses buscaron establecer un punto de apoyo al sur, aprovechando la debilidad del sultanato meriní, por lo que invadieron y ocuparon Ceuta.
La presencia portuguesa en Ceuta se prolongó durante más de siglo y medio, pero el año 1578 marcaría prácticamente el fin de la dinastía gobernante del imperio luso. Ese año, el ejército portugués fue derrotado en la batalla de Alcazarquivir por las fuerzas del sultán Abd al-Malik al-Saadi, encuentro en el que perdió la vida el rey Sebastián I, penúltimo monarca de la casa de Avis, sin dejar heredero al trono. Este suceso provocó el colapso del imperio portugués y abrió las puertas a la formación de la Unión Ibérica.
La disputa por el trono portugués allanó el camino para que Felipe II, rey de España, impusiera la unificación de las coronas mediante el desplazamiento de su ejército hacia los territorios vecinos, siendo oficialmente coronado en 1580. Este hecho supuso la transferencia de la soberanía sobre Ceuta al nuevo entente ibérico, cuya vigencia no sería prolongada, ya que Portugal recuperó su independencia en 1640, constituyéndose nuevamente como reino bajo el reinado de Juan IV.
Esta separación daría lugar a un conflicto entre las dos partes por la estratégica ciudad de Ceuta, tensión que se prolongaría hasta la firma del Tratado de Lisboa el 13 de febrero de 1668, con mediación inglesa. Dicho acuerdo reconoció la independencia de Portugal y la autoridad de la casa real de Braganza, pero transfirió la soberanía de la ciudad norteafricana en el marco de un pacto político que los ingleses habían preparado anticipadamente. La compensación para Inglaterra llegó en 1661, cuando el rey Carlos II incorporó la ciudad de Tánger como parte de su matrimonio con la reina portuguesa Catalina, en un acuerdo político que renovó la alianza entre Inglaterra y Portugal.
Los saadíes podrían haber sitiado Ceuta aprovechando la debilidad portuguesa tras la batalla de Alcazarquivir, pero esta empresa se postergó durante el reinado del sultán Ahmad al-Mansur, quien concentró sus esfuerzos en la expansión hacia el sur, alcanzando territorios que hoy forman parte de Malí, Níger y Burkina Faso. Décadas después, ya con los alauitas en el poder en Marruecos, Moulay Ismail adoptaría una postura diferente. Tras conseguir recuperar Tánger de manos inglesas en 1684 y liberar otras ciudades del norte como Asilah y Larache, dirigió su ejército hacia Ceuta en 1694.
1694-1859: cuando Marruecos estuvo a punto de recuperar Ceuta y perdió Tetuán
El asedio de Mulay Ismail a la ciudad de Ceuta representó la oportunidad más cercana que tuvo Marruecos para recuperar la ciudad por la vía militar. Sin embargo, la potencia del ejército marroquí, que logró mantener el cerco durante más de tres décadas —hasta el punto de que los españoles aún lo denominan "el Gran Asedio"—, se topó con una férrea resistencia española, que consiguió garantizar líneas de suministro marítimo a la ciudad, convertida en una fortaleza inexpugnable. El asedio no concluyó prácticamente hasta 1727, con la muerte del sultán alauita que había emprendido la cruzada para recuperar todos los enclaves ocupados en el norte de Marruecos
Si el asedio militar más prolongado sobre Ceuta finalizó sin lograr su recuperación, ello no significó el fin de las reivindicaciones marroquíes, ya fuese mediante la negociación —como ocurrió durante el reinado del sultán Mohammed III ben Abdallah— o a través del enfrentamiento armado —como sucedió bajo el reinado del sultán Mohammed IV—, cuyo intento de recuperar la ciudad en 1859 fue la causa directa de la guerra hispano-marroquí que culminaría con la ocupación de Tetuán en 1860.

Esta derrota condujo a la firma del tratado de Wad Ras, que puso fin a la guerra con Marruecos mediante el pago de cuantiosas indemnizaciones y la ampliación de las fronteras españolas en Ceuta y Melilla, para incluir otros enclaves como partes de la región de Beliones, la península de Bades y la isla de Nekor. Estos territorios son utilizados por España hasta el día de hoy para fundamentar su soberanía sobre las plazas en disputa con Marruecos, constituyendo además el primer paso en el proceso que llevaría a los españoles a convertir el Sáhara en una colonia a partir de 1884.
Con el paso de los años y el debilitamiento del Estado central marroquí, la codicia española hacia el sultanato sharifiano aumentó progresivamente, especialmente en las regiones del norte. Ceuta y Melilla pasaron así a formar parte de un desafío mayor para Marruecos: la consecución de la independencia y el fin de los protectorados español y francés, proceso que se inició a partir de 1956. No obstante, la recuperación gradual de la soberanía marroquí sobre numerosos territorios del reino histórico fue motivo directo para que la cuestión de ambas ciudades quedara pendiente de resolución.
El acuerdo de Barajas y la estrategia de Hassan II para no olvidar Ceuta
Rabat aspiró a recuperar Ceuta desde los años cincuenta, iniciando pronto las negociaciones al respecto. En 1963, el rey Hassan II se reunió con el general Francisco Franco en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, para abordar el proceso de recuperación por parte de Marruecos de sus territorios pendientes. Este encuentro dio lugar al denominado "acuerdo verbal de Barajas", uno de cuyos puntos fundamentales consistía en aplazar el tratamiento de la cuestión de Ceuta y Melilla, considerándola un asunto fronterizo independiente del resto de reivindicaciones marroquíes respecto al Sáhara, y comprometiéndose Rabat a no plantearla ante el Cuarto Comité de Naciones Unidas sobre Asuntos Políticos Especiales y Descolonización.
La atención prioritaria de Marruecos al Sáhara, en un periodo en que la descolonización alcanzaba su máximo auge, privó al reino de lograr la inclusión de Ceuta y Melilla en la lista de Naciones Unidas de territorios no autónomos, a diferencia de Gibraltar, territorio disputado entre España y el Reino Unido que había sido incluido en 1946. Esta coyuntura determinó que las aspiraciones marroquíes de soberanía sobre ambas ciudades quedaran en suspenso hasta la resolución del caso del Sáhara, máxime cuando España comenzaba a experimentar los síntomas del ocaso del franquismo, el envejecimiento de Franco, el retorno de la monarquía y, con ella, la instauración del sistema democrático.
El rey Hassan II retomaría con energía la cuestión en 1987, mediante una carta dirigida al rey Juan Carlos I y entregada a través de su ministro del Interior, José Barrionuevo, durante el gobierno socialista de Felipe González. En ella se proponía la creación de un comité de reflexión hispano-marroquí para abordar el asunto de Ceuta y Melilla y adoptar la vía de la negociación diplomática con vistas a la transferencia de su soberanía a Marruecos. No obstante, el gobierno de Madrid manifestó su rechazo a la iniciativa, sosteniendo que ambas ciudades son españolas, forman parte de su territorio nacional y no constituyen colonias, a diferencia del caso de Gibraltar.

Sin embargo, las reivindicaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla no cesaron y prosiguieron incluso durante la etapa en que el rey Hassan II, en los años noventa, se concentró en sacar al país de la fase de "infarto" y allanar el camino para una transición ordenada hacia su heredero, debido al agravamiento de su enfermedad. Esto coincidió con el mandato del presidente del Gobierno español, el conservador José María Aznar, quien abordó esta cuestión en sus memorias de 2013, tituladas El compromiso del poder.
Aznar confirmó que el entonces príncipe heredero Mohammed VI le visitó en 1997, como enviado de su padre, y le transmitió las propuestas marroquíes relativas a Ceuta y Melilla, las cuales él rechazó. Asimismo, mencionó que en 1998 conversó con el rey Hassan II y le advirtió de que, si Marruecos pretendía tomar el control de ambas ciudades por la vía militar, se vería abocado a una "guerra perdida", en sus propias palabras..
La doctrina del "Marruecos enfermo": de Isabel la Católica a la geopolítica actual
La relación entre Marruecos y España, regida durante siglos por un conflicto multifacético en el que se entremezclan motivos religiosos con ambiciones expansionistas, cálculos militares con beneficios económicos, se caracteriza por un permanente tira y afloja que se prolonga hasta nuestros días. Uno de sus nudos centrales ha sido y sigue siendo la ciudad de Ceuta, que el rey Mohammed VI heredó de sus padres y antepasados junto a muchos otros expedientes abiertos. Esta ciudad representa el tributo impuesto por el pasado del poderoso Estado musulmán de Marruecos, que se enfrentó a la Europa cristiana y gobernó extensos territorios de ella. Mantenerlo débil garantiza a sus vecinos del norte protegerse de repetir los "dolores" del pasado.
Esta conclusión no solo está respaldada por una lectura atenta de la historia de ambas orillas, sino que también aparece explícitamente en las palabras de muchos líderes europeos, y específicamente españoles. Quizás el ejemplo más destacado sea el testamento de la reina de Castilla, Isabel I, más conocida como "Isabel la Católica", bajo cuyo reinado cayó el último bastión musulmán en Andalucía con la rendición de Granada en 1492, y se produjo la expulsión de tres millones de personas, seguidores del islam y el judaísmo, de la orilla norte. La mayoría de ellos cruzaron el Estrecho de Gibraltar hacia Marruecos. Fue ella, además, quien inició las inquisiciones contra aquellos sospechosos de practicar el cristianismo.
En este testamento, conservado en el Archivo Real Español, que la reina Isabel redactó en 1504 —dos meses antes de su muerte— y al que añadió disposiciones tan solo tres días antes de fallecer, encontramos explícita esa hostilidad hacia Marruecos. No olvidó recomendar siempre la anexión de Marruecos, su conversión al cristianismo, o su mantenimiento permanente "enfermo"
En el texto del testamento, incluido en el libro Las relaciones entre Portugal y Castilla en la época de los descubrimientos y la expansión colonial, de la autora española Ana María Carabias Torres, profesora del Departamento de Historia Medieval, Moderna y Contemporánea de la Universidad de Salamanca, leemos lo siguiente "Ordeno que no se dude en planificar la cristianización de Marruecos y África". La reina Isabel continúa diciendo: "La propagación del cristianismo en ambos es una garantía real para la continuidad del catolicismo en la resistente península ibérica". Antes de agregar que "el bien, todo el bien, para España, es que Marruecos esté disperso, ignorante, pobre y siempre enfermo".
Este testamento explica gran parte de las tensiones que han marcado la historia reciente de las relaciones entre Marruecos y España. Desde la celebración del Congreso de Algeciras en 1906, que allanó el camino para la división de Marruecos entre España y Francia mediante la imposición del protectorado en 1912, hasta el conflicto por la isla de Perejil en 2002. En aquella ocasión, el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar —líder del Partido Popular—, quiso recordar a Marruecos la "superioridad" militar de su país, sin prever que aquel episodio marcaría el inicio de un nuevo enfoque por parte de Rabat, en el que Ceuta se convertiría en una de sus principales cartas de juego.
La visita de Juan Carlos: el día que todo cambió entre España y Marruecos
Desde el inicio del reinado de Mohamed VI en 1999, Ceuta ha permanecido como un foco de fricción entre Madrid —que considera su soberanía sobre la ciudad incuestionable— y Rabat —que la sigue considerando territorio ocupado y rechaza cualquier forma de soberanía española—. Sin embargo, el enfrentamiento entre ambas partes ha adoptado nuevas fórmulas, alejadas del conflicto militar. El cambio más significativo reside en la estrategia marroquí: Rabat busca relacionarse con España desde una posición de "igualdad", respaldada por las cartas de presión que ha acumulado frente a un vecino militarmente superior y respaldado por su pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea.
El primer choque violento entre los dos países en el reinado del rey Mohammed VI tuvo lugar el 5 de noviembre de 2007, cuando los reyes Juan Carlos y Sofía iniciaron una visita oficial a Ceuta y Melilla, la primera desde el regreso de la monarquía a España hacía 32 años, y la última de cualquier rey español hasta la fecha . La visita fue respondida por Rabat con un tono agudo y medidas de confrontación, comenzando con la llamada a consultas del entonces embajador marroquí en Madrid, Omar Azziman

El monarca marroquí expresó una posición clara en aquel momento con respecto a las dos ciudades, cuando emitió un comunicado leído por el fallecido consejero real, Mohammed Al-Mu'tasim, que decía que "esta visita inútil ofende los sentimientos nacionales arraigados de todos los componentes y sectores del pueblo marroquí", y continuaba: "Ante este acto que anhela una era oscura pasada y terminada, responsabilizamos a las autoridades españolas por arriesgar el futuro y desarrollo de las relaciones entre los dos países, y por la grave violación del gobierno español de la lógica y el espíritu del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación firmado en 1991", enfatizando que "la ocupación no adquiere su legitimidad por la prescripción ni por actos unilaterales ni por la política del hecho consumado".
Las imágenes de los habitantes locales en Ceuta en ese momento, con rasgos y vestimenta marroquíes, recibiendo al monarca español y a su esposa portando las banderas rojas y amarillas, en una escena claramente celebrada por los medios de comunicación españoles, no significaban nada para Rabat. Mientras los manifestantes marroquíes se dirigían al consulado español en Tetuán y a la valla fronteriza, el entonces primer ministro marroquí, Abbas Al-Fassi, declaraba: "España debe entender que la era del colonialismo ha terminado". Entre tanto, las autoridades de seguridad marroquíes dejaron de vigilar las costas del norte, permitiendo que las oleadas de inmigración clandestina alcanzaran la península ibérica.
Rápidamente, España se aseguró de que la situación no pasara desapercibida, por lo que el gobierno del presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero intentó resolver la crisis mediante las declaraciones del secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores, Bernardino León, quien consideró que se trataba de "un punto de desacuerdo" entre los dos países "que no debería afectar a todas las relaciones entre ellos", antes de enviar al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, a Rabat en enero de 2008, portando un mensaje de Zapatero para el rey Mohammed VI, cuyo contenido no se reveló, y que logró convencerlo de devolver al embajador marroquí a Madrid. Pero también es seguro que, después de aquello, Juan Carlos I no volvió a pisar Ceuta ni Melilla hasta que abdicó al trono en junio de 2014.
Resulta evidente que el impacto de la escalada marroquí en aquel momento se extendió hasta alcanzar el reinado del nuevo rey Felipe VI, al menos hasta ahora, ya que después de once años en el trono, ha visitado todas las regiones autónomas de España, mientras que Ceuta y Melilla, siendo dos ciudades con estatuto de autonomía, son "las únicas dos regiones españolas" a las que no ha acudido oficialmente, según la perspectiva de muchos españoles, especialmente de las fuerzas de derecha, que señalan al actual presidente socialista, Pedro Sánchez, como responsable de este continuo "aplazamiento".
El 3 de julio de 2020, la agencia oficial de noticias española EFE emitió un comunicado de prensa desmintiendo que los reyes Felipe y Letizia fueran a visitar Ceuta y Melilla, apenas 48 horas después de haber confirmado la visita. Una semana más tarde, el periódico digital Periodista Digital informó de que Sánchez fue quien se opuso a la visita y trabajó para difundir el comunicado oficial que negaba la inclusión de ambas ciudades en el programa de visitas realizadas por los monarcas a las ciudades españolas, con el fin de apoyarlas en su recuperación y retorno al turismo y a la economía tras el declive provocado por la pandemia de coronavirus, citando que Sánchez "lo hizo para no enfadar al rey Mohammed VI". Y añadía que la motivación era "su miedo a ser castigado por Marruecos".
La crisis del yate de Mohamed VI: un incidente en aguas de Ceuta que marcó un antes y un después"
Con el paso de los años, ha quedado patente que el conflicto sobre Ceuta se ha convertido en un juego de tira y afloja entre Marruecos y España, de modo que cada vez que uno de los lados afloja un tanto, el otro aprovecha la oportunidad y tira con fuerza de la cuerda hacia sí. Esta dinámica explica muchas de las etapas en las que ninguno de los dos países ha dudado en anotarse puntos a expensas del contrario para demostrar que lleva la mano en la determinación del destino de la ciudad.
El 7 de agosto de 2014, España tuvo una oportunidad arriesgada para tirar de la cuerda hacia su lado y subrayar su soberanía sobre la ciudad con todas sus costas, cuando una patrulla de la Guardia Civil interceptó el yate del rey Mohammed VI, quien pasaba sus vacaciones estivales en la costa norte de Marruecos. Ello reabrió las puertas del conflicto entre ambos países y modificó, hasta hoy, la manera en que Marruecos gestiona el archivo de la ciudad.
Aparentemente, se trató de un error de apreciación, ya que, según lo manifestado por Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior en ese momento dentro del gobierno de derechas de Mariano Rajoy, la patrulla ignoraba que se tratase del monarca marroquí. Los agentes se aproximaron a él tras advertir que se desplazaba en su moto acuática entre Fnideq y Ceuta, movidos por sospechas relacionadas con actividades de contrabando de drogas.

Díaz afirma en sus memorias, publicadas en 2019, que el rey Mohammed VI, visiblemente enojado por lo sucedido, contactó directamente con el nuevo monarca español, Felipe VI, quien apenas llevaba dos semanas en el trono. Este último, que desconocía por completo lo ocurrido, se apresuró a comunicarse con los miembros del gobierno en un intento por contener la situación.
Díaz califica el incidente como el "más aterrador" de su carrera al frente del Ministerio del Interior, subrayando que las autoridades de su país lo tomaron con extrema seriedad. Mientras se encontraba de vacaciones estivales en la ciudad de Soria, recibió una llamada directa del monarca español para que rectificara la situación, por lo que el ministro contactó de inmediato con el comandante de la Guardia Civil en Ceuta para que se personara en el yate del rey y le presentara una disculpa formal.
El otro testigo de este episodio fue el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Margallo, quien recuperó los detalles de lo acontecido en agosto de 2020 en una entrevista concedida al periódico Vozpópuli, coincidiendo con el sexto aniversario del suceso. Margallo coincide con su colega del Interior en que vivió un "estado de terror" cuando este le puso al tanto de la situación, y llamó inmediatamente a su homólogo marroquí, Salaheddine Mezouar, que se hallaba de vacaciones en Rusia, para ofrecer explicaciones y hallar una solución, temiendo que en los días siguientes pudieran llegar quince mil inmigrantes ilegales a las costas andaluzas.
Madrid se apresuró a enviar a Rabat a altos mandos militares para presentar las disculpas y aclaraciones pertinentes a las autoridades marroquíes, antes de desplazar a su ministro del Interior, Fernández Díaz, unas tres semanas después, para reunirse con su homólogo marroquí, Mohammed Hassad, en las afueras de Tetuán, con el fin de abordar fórmulas para resolver la crisis. Efectivamente, lo que Margallo temía —la llegada de inmigrantes ilegales— no llegó a producirse, pero las cosas no quedaron ahí, pues los años sucesivos demostraron que este acontecimiento constituyó el punto de partida de un nuevo enfoque de Marruecos respecto a la cuestión de Ceuta.
El asedio marroquí a Ceuta se reinventa: de la presión militar a la estrangulación económica
La convicción persiste aún en los círculos marroquíes de que el incidente del 7 de agosto de 2014 constituyó un "mensaje" enviado por España a la más alta instancia de autoridad en Marruecos, indicando que Ceuta, con sus fronteras terrestres y marítimas, se halla bajo su soberanía, incluso si posteriormente se ofrecen disculpas y se califica lo ocurrido como un "error no intencionado", e incluso después de que el coronel Andrés López García, comandante de la Guardia Civil en Ceuta, fuera destinado a Sevilla como medida disciplinaria.
Resulta sencillo apreciar la transformación en la gestión marroquí del expediente de Ceuta a partir de aquella fecha, pues todas las acciones que los españoles describen como intentos de "estrangular" la ciudad tuvieron lugar después de entonces. En 2019, Marruecos puso fin a la actividad de contrabando de subsistencia a través del paso fronterizo terrestre, práctica que entrañaba comportamientos vejatorios contra miles de mujeres marroquíes, y cuyo abigarramiento en sus accesos provocó la muerte de dos mujeres en 2017.
En un principio, pareció tratarse de una medida coyuntural, a la que siguió, en marzo de 2020, la decisión de clausurar el paso también al tráfico de viajeros, en el marco del cierre total de las fronteras terrestres, marítimas y aéreas impuesto por la emergencia sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, unos meses después, concretamente en septiembre de 2020, el ministro del Interior, Abdelouafi Laftit, anunciaría que la prohibición del contrabando de subsistencia era "definitiva e irreversible", destacando durante su intervención en una reunión celebrada en Rabat que Marruecos había adoptado esta decisión "en defensa de la dignidad de las mujeres marroquíes".

Aquello supuso un duro revés para la economía ceutí, altamente dependiente del comercio a través del paso fronterizo, especialmente de las mercancías adquiridas por los contrabandistas de subsistencia, actividad que durante décadas se había extendido por las provincias de Tetuán y el Estrecho-Fnideq. Sin embargo, el paso siguiente resultaría aún más impactante tanto para las autoridades de la ciudad como para el gobierno central en Madrid.
En diciembre de 2020, durante una entrevista concedida al canal saudí Al-Sharq, el entonces jefe del Gobierno, Saad Dine El Otmani, fue interrogado acerca de las relaciones entre Marruecos y España, incluida la cuestión de Ceuta y Melilla, en un contexto en el que las relaciones bilaterales entre ambos países parecían fluidas. El Otmani respondió que "Ceuta y Melilla son asuntos que requieren ser abordados... la inmovilidad es la norma actualmente", y prosiguió señalando que este tema llevaba pendiente entre cinco y seis siglos, añadiendo que "quizá se abra algún día, pero primero debemos resolver el problema del Sáhara, que es la prioridad ahora". Aunque confirmó que Marruecos considera ambas ciudades como territorio marroquí, insistió en que la gestión por parte de Marruecos de sus asuntos constituye una "decisión soberana".
Estas declaraciones sorprendieron a los españoles y les impulsaron a convocar con celeridad a la embajadora marroquí en Madrid, Karima Benyaich, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores, que acompañó esta medida con un comunicado en el que expresaba que "espera que todos sus socios respeten su soberanía y la integridad de su territorio". No obstante, Benyaich, durante su encuentro con la secretaria de Estado española de Asuntos Exteriores, Cristina Gallach, aclaró que "la posición de Marruecos respecto a Ceuta y Melilla no ha variado y no hay nada nuevo", y añadió que Rabat "considera que ambas ciudades están ocupadas por España", según informó la agencia española Europa Press.
Diez mil personas en tres días: así usó Marruecos la frontera de Ceuta como arma política"
Pese a la conmoción suscitada por las declaraciones de El Othmani, estas no constituyeron más que un primer indicio del cambio en la manera en que Marruecos gestiona el expediente de Ceuta. El 18 de abril de 2021, Rabat encontró una coyuntura propicia para tensar con fuerza la cuerda cuando España permitió la entrada en su territorio del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, quien utilizó un pasaporte diplomático argelino con identidad falsa para recibir atención médica. Gali aterrizó en un avión privado facilitado por Argelia, a bordo del cual viajaba una persona a la que se había asignado el nombre de "Mohamed Ben Batouche", con el fin de eludir la justicia debido a las querellas presentadas contra él por saharauis opuestos al Frente, que le acusan de estar implicado en crímenes de lesa humanidad y graves violaciones de derechos humanos, incluyendo secuestro, desaparición forzada, tortura, violación y asesinato.
Este movimiento debía ejecutarse en secreto, sin conocimiento de Marruecos, tras un acuerdo verbal alcanzado en Madrid entre los entonces ministros de Asuntos Exteriores de Argelia y España, Sabri Boukadoum y Arancha González Laya. Sin embargo, las autoridades de Rabat detectaron la operación, que terminó convirtiéndose en un "escándalo" transfronterizo y desencadenó la peor crisis diplomática entre ambos países desde el conflicto de la isla de Perejil en 2002. Mientras el gobierno de Pedro Sánchez buscaba soluciones, se vio sorprendido por una avalancha humana que invadió Ceuta.
Entre el 17 y el 19 de mayo de 2021, las autoridades marroquíes relajaron casi por completo el control en la frontera con Ceuta, permitiendo que unos diez mil migrantes irregulares —según las estimaciones de Madrid, procedentes de Marruecos y de otras nacionalidades africanas y árabes, muchos de ellos menores— alcanzaran la ciudad. Este hecho fue calificado por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y por el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, como la mayor oleada de entradas que la urbe ha experimentado en su historia reciente

Las autoridades marroquíes relajaron prácticamente por completo el control en las fronteras con Ceuta, permitiendo que unos diez mil inmigrantes irregulares, según las estimaciones de Madrid, alcanzaran la ciudad. Esta medida respondía a que España había permitido la entrada en su territorio del líder del Frente Polisario, Brahim Gali, para recibir tratamiento médico, con un pasaporte falso y en "completo secreto", con el fin de que no fuera perseguido por las autoridades españolas en casos relacionados con torturas.
El impacto de lo ocurrido fue significativo en España, ya que Sánchez tuvo que cancelar su viaje a la capital francesa, París, y desplazarse a Ceuta. Madrid envió alrededor de seis mil efectivos del ejército para apoyar a la policía, la guardia civil y los servicios sanitarios, que se vieron desbordados ante la incapacidad de gestionar esta situación repentina. El Ministerio de Asuntos Exteriores español anunció, en el segundo día de la crisis, que había convocado a la embajadora marroquí, Karima Benyaich, para transmitirle su "descontento" por lo sucedido, y la ministra Laya recordó a la embajadora que "el control de las fronteras siempre ha sido y debe seguir siendo una responsabilidad compartida entre España y Marruecos".
Como era previsible, España recurrió a la Unión Europea para obtener respaldo en esta crisis. Margaritis Schinas, vicepresidente de la Comisión Europea, declaró el 19 de mayo de 2021 que Ceuta es "parte de Europa, y sus fronteras son fronteras europeas", considerando, durante su intervención en la radiotelevisión española, que "nadie puede ejercer intimidación o chantaje contra la Unión Europea".
Un día después, el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, realizó declaraciones a través de la agencia oficial de noticias de Marruecos que constituyeron un mensaje directo a España, insistiendo en que "Madrid debe entender que el Marruecos de hoy no es el Marruecos de ayer, y que algunos círculos en España deben actualizar su visión del Reino". Añadió que Marruecos "no acepta la duplicidad de discurso y posturas" por parte de los españoles.
El 25 de mayo de 2021, Rabat dirigió sus palabras a la Unión Europea mediante una entrevista de Bourita en la radio Europa 1, en la que afirmó que existe "un intento de desviar el curso del debate y orientarlo hacia el tema de la migración, mientras que el núcleo de la crisis es el comportamiento ofensivo de España hacia Marruecos, su pueblo y sus intereses estratégicos". Como señal de que el Reino está dispuesto en cualquier momento a modificar su trato con la frontera de Ceuta, declaró que, en cuanto a la crisis migratoria, "Marruecos no está obligado ni comprometido, y no es su deber proteger fronteras que no son las suyas. Marruecos no es un gendarme ni una puerta para Europa para proteger fronteras que no son las suyas, y Marruecos no hace esto en cumplimiento de una orden ni de un compromiso".
Quién abre y quién cierra: Marruecos tiene las llaves de la frontera ceutí
El enfrentamiento hispano-marroquí por el caso que los medios de comunicación bautizaron como "Ben Batouch", en alusión al alias con el que el líder del Polisario entró en España, situó a Madrid en una posición de debilidad frente a Rabat, hasta el punto de que la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, fue cesada menos de dos meses después, concretamente en la remodelación gubernamental del 12 de julio de 2021. En ella, Sánchez recurrió al embajador de España en Francia, José Manuel Albares, cuya primera tarea consistió en recomponer las relaciones con Marruecos.
La ciudad de Ceuta y su hermana Melilla sufrieron cuantiosos daños derivados de la ira marroquí, quedando aisladas de su entorno después de que Rabat decidiera posponer sine die la reapertura de las fronteras terrestres, incluso después de que el gobierno marroquí confirmara la reanudación de los vuelos a mediados de junio de 2021 debido a la mejora de la situación epidemiológica provocada por la pandemia de COVID-19. Esta situación supuso un "estrangulamiento" para ambas ciudades y una prolongación de la crisis económica que padecen.
Al parecer, la cuestión de Ceuta y Melilla figuró entre los asuntos que impulsaron a Sánchez a adoptar una decisión inesperada, al anunciar su respaldo a la propuesta de autonomía marroquí para el Sáhara, considerándola "la propuesta más seria, realista y creíble para resolver el conflicto", según expresó en una carta dirigida por Sánchez al rey Mohammed VI el 18 de marzo de 2022. A esta misiva siguió su visita a Rabat el 7 de abril de 2022, donde mantuvo una reunión de Ramadán con el monarca marroquí que concluyó con una declaración conjunta que regirá las futuras relaciones entre ambos países.
En el tercer punto de dicha declaración se lee: "Se reanudará completamente el movimiento normal de personas y mercancías de manera ordenada, incluyendo los arreglos apropiados para el control aduanero y de personas a nivel terrestre y marítimo". Esto representa un compromiso de Rabat para atender una de las prioridades urgentes de Madrid: la reapertura de los dos pasos fronterizos terrestres con Ceuta y Melilla, que efectivamente se produjo el 17 de mayo de 2022 para los viajeros. No obstante, antes de ello hubo un anuncio oficial por parte de las autoridades marroquíes de "no permitir en absoluto que los cruces terrestres de Ceuta y Beni Ansar, después de su reapertura, se conviertan en corredores para actividades de contrabando de mercancías y bienes".
En cuanto a la apertura de la aduana comercial en Ceuta, constituyó otra carta en manos de Rabat, que supo perfeccionar su uso, logrando dos objetivos fundamentales: primero, mantener la ausencia de reconocimiento de la soberanía española sobre la ciudad; y segundo, que cualquier acuerdo en este sentido sea correspondido con un nuevo paso que respalde el apoyo español a la propuesta marroquí respecto al Sáhara, algo que Marruecos venía reclamando desde hacía tiempo. A cambio, la ciudad se ha visto sumida en una crisis económica sin precedentes.
La economía como arma: el comercio en la pugna por la soberanía de Ceuta
En noviembre de 2024, los datos del Consejo de Asociaciones de Agentes y Representantes de Aduanas de España revelaron que los operadores dedicados a la exportación e importación de mercancías en las ciudades de Ceuta y Melilla habían perdido el ochenta por ciento de su actividad comercial transfronteriza debido a la paralización de la aduana comercial en ambos pasos fronterizos. El presidente del Consejo, Antonio López de Pablo, durante los trabajos de la vigésima edición del Foro de Aduanas celebrado en Málaga, explicó que "la situación de los profesionales en Ceuta y Melilla es muy crítica, ya que su actividad se limita únicamente a gestionar los envíos procedentes del interior de España para atender las necesidades de ambas ciudades".
Esta situación ha llevado a numerosos círculos españoles a convencerse de que existe un "estrangulamiento sistemático" llevado a cabo por Marruecos contra ambas ciudades, en el contexto de su aspiración a anexionarlas en el futuro. Entre las entidades que expresan abiertamente esta convicción se encuentra el partido de extrema derecha Vox, tercera fuerza en el Parlamento español. Por ejemplo, en octubre de 2021, la diputada de esta formación por la circunscripción de Ceuta, Teresa López, afirmó que el deterioro de la situación económica en Ceuta y Melilla se ve "agravado como consecuencia de su estrangulamiento por Marruecos, a lo que se suma la incapacidad del gobierno para encontrar un plan alternativo que las rescate", lo que ha provocado un "rápido deterioro de las condiciones sociales" de sus habitantes.

Por otro lado, Juan Sergio Redondo, líder del partido Vox en Ceuta, se mostró más explícito que su compañera de filas. En declaraciones previas a las elecciones municipales españolas celebradas en mayo de 2023, consideró que la "hoja de ruta" acordada por España y Marruecos en 2022 permite a Rabat "imponer su dominio" sobre la ciudad de Ceuta, acusando al gobierno de Pedro Sánchez de traición. Asimismo, criticó a Juan Vivas, presidente de la Ciudad Autónoma perteneciente al Partido Popular, a quien acusó de "aplicar los dictados del gobierno central" y de ser "incapaz de actuar para detener la marroquinización de la ciudad".
Marruecos solo acepta aduanas regionales
Sin ningún gesto de celebración, Marruecos y España abrieron por primera vez una oficina de aduanas comerciales en Ceuta, que comenzó a funcionar oficialmente a principios de este año, coincidiendo con la reapertura de su homóloga en Melilla, que Marruecos había cancelado unilateralmente en 2018. La apertura se produjo tras procedimientos técnicos y fases de prueba que se prolongaron durante casi dos años y medio, en los que el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, fue prácticamente el único que mantuvo un tono optimista sobre la conclusión de este asunto, pese a que muchas de las fechas de apertura oficial que había pronosticado fueron pospuestas.
En Marruecos, el debate sobre la creación de una oficina de aduanas comerciales en Ceuta estuvo prácticamente ausente de la agenda pública del Ministerio de Asuntos Exteriores y del gobierno en general. Esta circunstancia se explica por el hecho de que Rabat no deseaba proporcionar a Madrid ningún documento que pudiera reforzar su "soberanía" sobre la ciudad. Por consiguiente, el tratamiento de este punto, incluido en la declaración conjunta de 2022, fue cauteloso, y resultó evidente que el objetivo principal para Rabat era inaugurar aduanas regionales.
En cuanto a Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular que encabeza la oposición y cuenta con el grupo mayoritario en el Parlamento español, considera que el gobierno de Sánchez "fracasó" en la gestión del expediente de las aduanas comerciales y que, por el contrario, fue Rabat quien "dictó" las condiciones para su apertura, de tal modo que "pone en peligro las fronteras españolas". Llegó a calificar el acuerdo con Marruecos como "un nuevo insulto a España y una prueba adicional de que las relaciones con Marruecos dependen de que una parte decida y la otra obedezca". Así se expresó durante su participación en el Foro Europa, celebrado en Madrid el pasado mes de enero.
Por su parte, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu, senador del Partido Popular, consideró que lo procedente sería convertir las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla en "aduanas de la Unión Europea". Sin embargo, la realidad es distinta, porque para Rabat no se trata principalmente de aduanas nacionales españolas, sino de aduanas regionales con dos enclaves que considera ocupados. La clave de ello reside en el tipo de mercancías cuya entrada se autoriza desde allí, limitadas a aquellas parcialmente fabricadas en ambas ciudades.
Los medios de comunicación españoles revelaron el pasado mes de enero que el gobierno marroquí, al negociar con su homólogo español sobre las aduanas comerciales, se basó en el acuerdo suscrito entre el difunto rey Mohammed V y el general Francisco Franco en 1957. Conforme a dicho acuerdo, Marruecos insistió en no permitir el tránsito de productos procedentes de España o de otros países como China o India, estableciendo una estricta delimitación de los listados de productos autorizados para su entrada en ambas direcciones, y sujetos a licencias de importación específicas.

El asunto entonces está relacionado con la "sensibilidad" con la que Marruecos maneja el tema de la soberanía sobre Ceuta y Melilla, una cuestión bien conocida por importantes actores políticos y económicos en España. Incluso después del acuerdo de 2022, considerado un cambio histórico a favor de Rabat en el manejo por parte de Madrid del expediente del Sáhara, el lado marroquí no ha concedido la subordinación de ambas ciudades a la soberanía española, un hecho que ha expresado oficialmente en varias ocasiones, la más destacada en mayo de 2023.
Después de que el vicepresidente de la Comisión Europea responsable de Migración, Margaritis Schinas, declarara el 11 de mayo de 2023 que las ciudades de Ceuta y Melilla representan las fronteras de Europa y pidiera su protección, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos, el 17 del mismo mes, a través de la embajada de la Unión Europea en Rabat, envió una carta de protesta a Bruselas en la que expresó su "preocupación" por esas "declaraciones hostiles", enfatizando su "rechazo absoluto" a su contenido. Pero lo más relevante es que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos adjuntó a su comunicación un anexo titulado "Las declaraciones hostiles de Margaritis Schinas sobre nuestro país y las ciudades marroquíes de Ceuta y Melilla desde mayo de 2021". Este hecho enfureció a Madrid, que envió una carta de protesta a Rabat a través de la embajada marroquí en España.
Ceuta.. ¿Un efectivo medio de presión?
Sin embargo, jugar la carta de las aduanas comerciales con España era algo "necesario" para Marruecos. Esto es lo que se puede inferir al remitirse al largo camino de las negociaciones entre ambos países sobre este expediente, que finalmente resultó tener intersecciones con otros dos asuntos destacados: el primero, el esfuerzo de Rabat por obtener una posición clara de la Unión Europea con respecto al apoyo a la propuesta de autonomía; el segundo, la transferencia de la gestión del espacio aéreo de las regiones del Sáhara a España.
Así, el 2 de noviembre de 2024, el periódico español Ok Diario citó a "fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores español" que afirmaban que el retraso de Marruecos en abrir una oficina de aduanas comerciales en Ceuta y Melilla estaba vinculado a los dos acuerdos de agricultura y pesca que el Tribunal de Justicia Europeo anuló en octubre del mismo año, debido a su inclusión de las regiones del Sáhara, subrayando que Marruecos mantendría esa posición hasta que la Unión Europea reconociera su soberanía sobre el Sáhara.
Según lo que el periódico español citó de "diplomáticos cercanos al expediente de aduanas", Marruecos no tiene intención de adoptar medida alguna que pueda significar "reconocimiento" de Ceuta y Melilla como ciudades españolas, y por tanto como parte de Europa, hasta que se resuelva su problema con los acuerdos de agricultura y pesca, y hasta que la Unión Europea acepte clasificar los productos procedentes del Sáhara como productos marroquíes. En este contexto, las mismas fuentes señalan que "Marruecos espera un compromiso total de España para garantizar la redacción del futuro acuerdo en Bruselas conforme a sus intereses".
Además de ello, Marruecos también jugó la carta de las aduanas en la mesa de negociaciones sobre la transferencia de la gestión del espacio aéreo del Sáhara desde las Islas Canarias a la estación aérea de Agadir, considerando que la declaración conjunta del 7 de abril de 2022, tal como establece en su tercer punto "la reanudación total de los arreglos adecuados para el control aduanero y de las personas a nivel terrestre y marítimo", en su séptimo punto habla de "iniciar conversaciones sobre la gestión de los espacios aéreos".
Y parece que esta estrategia ha dado sus frutos para Marruecos, ya que en diciembre de 2024, días antes de la apertura oficial de la oficina de aduanas comerciales en Ceuta y la reanudación de su homóloga en Melilla, que había estado paralizada durante unos siete años, el periódico "El Independiente" citó fuentes españolas que describió como "fiables" para señalar que, en medio de las conversaciones secretas entre el gobierno español y el Reino de Marruecos sobre la cesión del espacio aéreo del Sáhara, las cosas comenzaron a cambiar debido a lo que calificó como "acciones unilaterales" de Rabat, destacando que Marruecos controla ahora entre el 15 y el 20 por ciento del espacio aéreo del Sáhara.
Según el mapa revelado por la misma fuente, Marruecos gestiona actualmente el espacio aéreo de seis zonas, tras establecer áreas de exclusión aérea sobre espacios designados para entrenamiento militar, lo que ha llevado a modificar los mapas aéreos vigentes durante décadas, que otorgaban a Madrid la autoridad para administrar la totalidad del espacio aéreo del Sáhara.
Las áreas que han pasado a la administración marroquí incluyen la región 2, perteneciente a la ciudad de Dajla y el espacio terrestre y marítimo que la rodea hasta una altitud de 8.500 pies; la región 6, que concierne a la ciudad de El Aaiún y sus alrededores hasta una altitud de 12.500 pies; y las regiones 1, 3, 4 y 5, que se extienden desde la fachada atlántica norte del área del Sáhara hacia el oeste, hasta poco antes del muro de seguridad hacia el este.
Esta progresiva tendencia de Marruecos hacia la recuperación del espacio aéreo del Sáhara, a cambio de permitir operaciones aduaneras comerciales por primera vez en Ceuta y la reapertura de la oficina aduanera de Melilla, puede interpretarse a la luz de la respuesta del ministro de Asuntos Exteriores, Albares, a un parlamentario del partido nacionalista vasco EH Bildu, citada por la agencia oficial EFE el 16 de diciembre de 2024. El parlamentario le instó a dejar de "apoyar teorías extrañas sobre el espacio aéreo del Sáhara" en el contexto de hablar sobre la cesión de España a favor de Marruecos, a lo que Albares agregó que "hay una hoja de ruta clara y transparente entre España y Marruecos, que se está siguiendo", en referencia a lo estipulado en la declaración conjunta de 2022.
Marruecos, la arteria económica que alimenta Ceuta
Las nuevas medidas adoptadas por Marruecos en la frontera de Ceuta a partir de 2019 han cambiado las reglas del juego económico para ambas partes. Según las cifras del director general de la Administración de Aduanas e Impuestos Indirectos, Nabil Lakhdar, el valor de los bienes contrabandeados anualmente antes de detener el contrabando de subsistencia oscilaba entre 600 y 800 millones de euros. Mientras la economía marroquí perdía entre 200 y 300 millones de euros en aranceles cada año, España obtenía un beneficio adicional de 2.700 millones de euros anuales.
Los marroquíes constituían un tesoro precioso para Ceuta a otro nivel, ya que el turismo en la ciudad dependía en gran medida de ellos. Con lo que acompañaba a sus recorridos de compras, hoy resulta imposible o casi imposible entrar a Marruecos debido a las estrictas medidas aduaneras en el lado marroquí desde 2022. Según datos revelados por Alejandro Ramírez Hurtado, consejero de Desarrollo y Turismo del gobierno local de Ceuta (equivalente a ministro autonómico), correspondientes a marzo de 2021 —esto es, un año después del cierre por la pandemia de COVID-19—, la tasa de ocupación hotelera los fines de semana alcanzaba anteriormente el 95 por ciento, y el 80 por ciento de los turistas eran marroquíes.
Las consecuencias de esto pueden observarse al examinar las cifras de desempleo registradas en la ciudad. En 2018, según datos de la oficina europea de estadística Eurostat, la tasa de paro era del 29 por ciento —un año antes de detener las operaciones de contrabando de subsistencia—. Sin embargo, a finales de 2023, conforme a los datos de la misma entidad, la tasa de empleo se situaba en el 53 por ciento, lo que significa que la proporción de personas sin trabajo alcanzó el 47 por ciento, colocando a Ceuta entre las regiones más afectadas por el desempleo en Europa, considerando que la Unión Europea la considera parte de su territorio.
En la práctica, Marruecos comenzó a recuperar las claves del comercio y la logística de España desde que abrió el puerto Tánger Med en 2007, situado a solo 20 kilómetros de Ceuta, para convertirse en el título más destacado del desarrollo de las regiones del norte. Con el paso de los años, se ha transformado en un gigante económico controlado por Rabat en la entrada occidental de la cuenca mediterránea.
Según el Índice de Rendimiento de Puertos de Contenedores a nivel mundial, publicado a mediados de 2024 por el Banco Mundial y S&P Global, el puerto Tánger Med ocupa el cuarto lugar entre 405 puertos incluidos en la clasificación, superando a todos los puertos españoles, así como a todos los puertos de África y la región euromediterránea. Esto genera una preocupación no oculta en los círculos españoles, que ven cómo Ceuta ha sido privada de todas sus ventajas económicas.
Este temor quedó claramente señalado en un informe detallado publicado por el periódico El Español el 7 de diciembre de 2020, titulado "Mohamed VI rodea Ceuta y Melilla con grandes proyectos para imponer la soberanía compartida", en el que se lee: "La economía de Ceuta ha sufrido debido a este gigantesco puerto que conecta Marruecos con 77 países y 186 puertos, y que sitúa a este país en el escenario marítimo internacional, avanzando del puesto 83 al puesto 17 en la clasificación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo".
Pero el puerto Tánger Med no fue la única apuesta de Marruecos para recuperar "su soberanía" en los intercambios comerciales en el entorno de Ceuta, ya que en 2022 se inauguró la zona de actividades económicas de Fnideq, junto al paso fronterizo terrestre. Este proyecto, que se extiende sobre diez hectáreas y cuya ejecución costó 200 millones de dirhams, pretende ser una alternativa a las actividades de contrabando de subsistencia, aunque aún no ha dado sus frutos, a la espera de la decisión sobre la modalidad de actividad comercial en ambos lados del paso de Bab Ceuta.
Balanza demográfica: Ceuta se inclina hacia Marruecos
Las variables económicas en Ceuta han afectado claramente la estructura demográfica de la ciudad, y esto guarda una relación directa con las medidas marroquíes. Para entenderlo, basta con examinar las cifras oficiales publicadas por el Instituto Nacional de Estadística de España relativas a la población de la ciudad: se observa que Ceuta pierde habitantes año tras año. La última vez que registró un aumento demográfico fue en 2018, con 85.144 habitantes. En 2019, cuando se detuvo la actividad de contrabando de subsistencia, la cifra descendió a 84.777. En 2020, coincidiendo con el cierre de las fronteras terrestres, disminuyó a 84.202 habitantes. En 2022, por el cierre continuado de las fronteras y la crisis hispano-marroquí, bajó a 83.517 habitantes, y esta cifra se redujo posteriormente a 83.117 y luego a 83.039 en 2023.
La composición demográfica de Ceuta no resulta cómoda para muchos españoles, especialmente los sectores de derechas que temen a Marruecos, ya que los musulmanes constituyen alrededor del 43 por ciento de la población. Según las cifras del Observatorio Andalusí de la Unión de Comunidades Musulmanas de España, publicadas por la agencia EFE en 2023, su número en la ciudad asciende a 35.439 personas. Si los marroquíes clasificados en la categoría de "inmigrantes" representan aproximadamente 4.000 de ellos, la mayoría de los restantes son de origen marroquí, pero se contabilizan como españoles por haber crecido en Ceuta.
Esto llevó a Juan Sergio Redondo, líder del partido de extrema derecha Vox en el parlamento autonómico de Ceuta, a acusar públicamente a Marruecos, en el mismo año, de intentar "controlar" la ciudad alterando su composición demográfica. Redondo alegó que Rabat está trabajando para "marroquinizar" la ciudad mediante flujos migratorios y el fomento del crecimiento de la población de origen marroquí, además de respaldar otros elementos que encajan en la misma categoría, como la religión islámica, el idioma árabe y el modelo arquitectónico.

Estas palabras han llevado al partido a un choque con el presidente del gobierno local, Juan Jesús Vivas, miembro del Partido Popular, quien acusó a Vox de "incitar al odio y la división entre los habitantes de la ciudad en base a la religión y la raza". Pero también vale la pena señalar que Vivas, quien ha estado al frente del gobierno de Ceuta y su consejo desde febrero de 2001, se vio obligado a aliarse con el partido Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, conocido abreviadamente como MDyC, una formación compuesta principalmente por musulmanes de Ceuta, y que actualmente es la cuarta fuerza en el parlamento autonómico con tres escaños de veinticinco. En diciembre de 2023, su presidenta, Fátima Hamed, la abogada y política musulmana con hiyab nacida de padres marroquíes, se convirtió en la segunda vicepresidenta.
El nombre es la primera trinchera: la batalla identitaria de los ceutíes de origen marroquí
Otro partido compuesto principalmente por habitantes musulmanes, representado en el parlamento autonómico por dos miembros, ha hecho noticia recientemente, concretamente en febrero de 2025. Se trata del partido Ceuta Ya, liderado desde 2021 por el político de origen marroquí Mohamed Mustafa, cuando anunció una iniciativa legislativa que permitiría a los musulmanes de Ceuta recuperar sus apellidos familiares, que en su mayoría provienen de familias, tribus y regiones del norte de Marruecos, después de haber sido forzados a cambiarlos desde los años ochenta.
Para entender bien el asunto, conviene remontarse al procedimiento que adoptó el gobierno español hace más de cuatro décadas, en lo que se conoce como "la naturalización administrativa". Este proceso permitió a los musulmanes de Ceuta de origen árabe y amazigh, principalmente descendientes de familias marroquíes, obtener la ciudadanía española a condición de cambiar sus apellidos de nacimiento por un nombre triple compuesto por el nombre personal, el nombre del padre y el nombre del abuelo, en un intento de separar a los ceutíes de sus raíces marroquíes. Por eso encontramos que el nombre completo de la líder del partido MDyC es Fátima Hamed Husein, y el nombre del líder del partido Ceuta Ya es Mohamed Mustafa Ahmed.
El partido de izquierdas Ceuta Ya se alió con otra formación representada en el Parlamento español, el partido Podemos —integrante de la coalición Sumar y socio del Partido Socialista Obrero Español del presidente Pedro Sánchez en la mayoría— para presentar una proposición legislativa que modifique el Código Civil español con el fin de facilitar la recuperación de los apellidos originales de los ciudadanos de Ceuta sin obstáculos burocráticos, y para exigir al Estado español que se disculpe por esta "injusticia histórica".
Los musulmanes de Ceuta han buscado durante años poner fin a este enfoque discriminatorio, y lograron un éxito en 2016 al conseguir que el parlamento autonómico votara unánimemente a favor de una propuesta dirigida al gobierno central, solicitando la modificación de la ley del registro civil con el mismo propósito, basándose en el artículo 50 de la Ley del Registro Civil española de 2011, que reconoce el derecho de cada persona a mantener su nombre y apellido originales. Mohamed Mustafa comentó al respecto: "Los derechos humanos también incluyen el derecho de las personas a mantener su identidad, y los apellidos son una parte fundamental de esa identidad".
Entre los detalles que llaman la atención, cabe señalar que los miembros del partido Ceuta Ya, en su encuentro con la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, para coordinar la propuesta, le obsequiaron un recuerdo que representa la "Puerta de Fez", una puerta histórica que forma parte de las antiguas murallas meriníes, cuya construcción data del siglo XIV, erigida por el sultán Abu Saíd Uthman ben Yaqub al-Marini cuando la ciudad estaba bajo dominio marroquí. Este gesto conlleva claras implicaciones sobre el arraigo de los musulmanes ceutíes a sus raíces marroquíes.
Ceuta celebra cuando Marruecos celebra: el Eid al-Adha como ejemplo
La conexión de la población ceutí con Marruecos se ha hecho más patente en los últimos años, lo que se refleja en la reacción ante la decisión del rey Mohammed VI de pedir a los ciudadanos marroquíes que se abstengan de sacrificar un cordero en la próxima celebración del Eid al-Adha. Se trata de una medida vinculada a una cuestión puramente económica interna, relacionada con la disminución de la cabaña ganadera y el aumento de sus precios en los mercados debido a los años sucesivos de sequía. Este contexto fue explicado en el mensaje que leyó el ministro de Asuntos Religiosos e Islámicos, Ahmed Toufiq. Por ello, resultó significativa la decisión de los musulmanes de Ceuta de acatar el llamamiento del monarca marroquí, tratándose de una ciudad bajo la "soberanía" de otro país.
Volviendo a lo anunciado por la Asociación de Consumidores Halal de Ceuta (ACOHA), encontramos que decidió seguir los pasos de Marruecos por tratarse de un "compromiso religioso", destacando que los musulmanes de la ciudad repetirán lo que hicieron en 1981 y 1996, cuando el rey Hassan II decidió suspender el ritual del sacrificio del cordero, señalando que "en Ceuta los musulmanes entienden la realidad y seguirán la decisión como en el pasado".
En las explicaciones de la asociación publicadas en el diario El Pueblo de Ceuta, se leen algunos párrafos reveladores que muestran la conexión religiosa y cultural entre los ceutíes y Marruecos. En uno de ellos se niega la existencia de un "debate" sobre este asunto, argumentando que "el problema no tiene que ver con la existencia o no de ganado en España, sino que está relacionado con el compromiso religioso: los musulmanes deben seguir la decisión colectiva".
Para la Asociación de Consumidores Halal, la decisión dentro de Ceuta es "unificada", ya que señalan: "A través de los informes que hemos recibido, no hay ninguna discrepancia sobre esta decisión. Existe un consenso en que los musulmanes en Ceuta deben solidarizarse con Marruecos. Al fin y al cabo, el sacrificio no es obligatorio, sino que puede simbolizar el sacrificio de una comunidad entera o incluso de un país entero con la inmolación de un solo cordero".
La postura de ACOHA, que representa a los musulmanes de Ceuta, trasciende la cuestión de los sacrificios del Eid al-Adha para plantear abiertamente el asunto de la lealtad religiosa a Marruecos, representada en la institución del "Emirato de los Creyentes" que el propio rey encabeza según la Constitución marroquí. La asociación rechaza seguir a otros países como Arabia Saudí, argumentando que "no es lógico seguir a un país que está a seis mil kilómetros de distancia cuando hay un país musulmán directamente en la frontera. Marruecos es un país estable y seguro, y no hay razón para cambiar este enfoque".
En otro pasaje, la asociación recuerda que "no debemos olvidar que las mezquitas y los centros islámicos en Ceuta son administrados por Marruecos, y hay más de ciento veinte empleados que reciben sus salarios del Ministerio de Asuntos Islámicos y Habices de Marruecos, además del apoyo continuo a los centros religiosos. Por lo tanto, los musulmanes en Ceuta están acostumbrados a seguir a Marruecos en la determinación de las ocasiones religiosas, como el comienzo y el final del Ramadán y el Eid al-Adha, y no hay razón para cambiar esta costumbre ahora. Pero, por supuesto, cada persona es libre de tomar su decisión dentro de su hogar".
Ceuta, donde la lealtad religiosa mira hacia Marruecos
La presencia "oficial" de Marruecos en la gestión de los asuntos religiosos en Ceuta no es desconocida para las autoridades españolas, y Rabat no la considera secreta. En noviembre de 2018, el ministro de Asuntos Religiosos e Islámicos, Ahmed Toufiq, reveló en una entrevista con la agencia oficial española EFE que Marruecos se hace cargo de todos los gastos de las mezquitas de la ciudad de Ceuta, que son diecisiete, además de los gastos de treinta y cuatro de las cuarenta y dos mezquitas de Melilla.
Asimismo, aclaró que Marruecos paga los salarios de noventa y cinco empleados religiosos en Ceuta y cincuenta y ocho en Melilla, destacando que los imanes de ambas ciudades perciben seis mil dirhams mensuales, mientras que los predicadores reciben tres mil dirhams y los almuédanos son retribuidos con quinientos dirhams.
Se trata, por tanto, de una presencia marroquí explícita en la organización de los asuntos religiosos islámicos en Ceuta, que incide directamente en la sociedad y la cultura de la ciudad. Esta influencia se ha puesto de manifiesto este año, cuando Marruecos anunció el domingo 2 de marzo de 2025 como el primer día del mes de Ramadán de 1445 de la Hégira, debido a la falta de confirmación del avistamiento de la luna creciente. Esa fue la fecha que la mayoría de los musulmanes de la ciudad eligieron para comenzar su ayuno, pese a que la mayoría de los países del mundo iniciaron el ayuno el 1 de marzo, incluida la Comisión Islámica de Madrid, que determina las fechas de inicio del ayuno para los musulmanes en esa región.

El ministro de Asuntos Religiosos e Islámicos, Ahmed Toufiq, reveló en una entrevista con la agencia oficial española EFE que Marruecos se hace cargo de todos los gastos de las diecisiete mezquitas de la ciudad de Ceuta, así como de los gastos de treinta y cuatro de las cuarenta y dos mezquitas de la ciudad de Melilla
Aunque la conexión de los ceutíes con las fechas de ayuno en Marruecos es conocida de facto, diversas entidades en la ciudad abogan por seguir oficialmente este enfoque. Es el caso de la entidad sufí "La Vía Alawiya Jauziya", con presencia en Ceuta e inscrita en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia español, que en 2020 instó a adoptar en el futuro la visión autónoma del avistamiento de la luna creciente a través de un comité especializado integrado por varias entidades representativas de los musulmanes en España. Con anterioridad, en una propuesta dirigida a la Comisión Islámica Española, había instado a declarar el comienzo y el final del ayuno según lo anunciado por Marruecos y no conforme a lo anunciado por el Reino de Arabia Saudita.
Esta realidad no solo es conocida por el gobierno español, sino también por la extrema derecha, particularmente el partido Vox. En 2021, a través de su grupo en el parlamento autonómico de Ceuta, solicitó la inhabilitación de todos los imanes de las mezquitas de la ciudad que reciben sus salarios del gobierno marroquí para ejercer sus funciones, alegando que "sirven los intereses de otro Estado" y que ello representa "un golpe a la soberanía española". El partido añadió en su sitio web oficial que esto implica "un gran riesgo, que es la difusión sistemática y estratégica de los mensajes y directrices del rey Mohammed VI", considerando que podría allanar el camino para solicitar la separación de Ceuta de España y su anexión a Marruecos.
El precio de la autonomía: Ceuta, una carga económica para Madrid
En 1995, ante el resurgimiento de las reivindicaciones marroquíes para recuperar la soberanía sobre Ceuta y Melilla y la aparición de tendencias separatistas dentro de ambas ciudades, España decidió poner fin a una situación anormal que Ceuta y Melilla habían experimentado durante largo tiempo, implementando un nuevo sistema administrativo que nunca antes había aplicado en ninguna de sus ciudades. Decidió segregarlas de las provincias de Málaga y Cádiz respectivamente y otorgarles el estatus de ciudades autónomas, un paso que confirió a los habitantes de ambas ciudades amplias competencias para gestionar sus asuntos internos, manteniendo el control español sobre las áreas de defensa, seguridad y relaciones exteriores.
Esta medida constituyó un reconocimiento español de la singularidad de Ceuta y Melilla respecto a la península ibérica, aunque trató dicha singularidad con extrema cautela: no se les concedió el estatus de "comunidad autónoma", considerándolas ciudades, y su consejo de gobierno se convirtió en un equivalente de menor rango que un parlamento autonómico. No obstante, se les otorgó competencia para gestionar numerosas áreas habitualmente gestionadas por las comunidades autónomas, como educación, sanidad, urbanismo y vivienda, lo que convirtió su estatus administrativo en un sistema excepcional cuyo propósito fundamental es mantenerlas "españolas", evitando cualquier futura reclamación secesionista.
Y si bien Madrid intentó, a través de la autonomía, paliar la disparidad entre Ceuta y Melilla y sus fronteras naturales en la península ibérica, para muchos españoles el esfuerzo no merece la pena, pues con el paso del tiempo ambas ciudades se han convertido en una carga económica y social creciente para España, además de la continua conexión religiosa, cultural e histórica de sus habitantes con Marruecos.
En 2012, un periodista español llamado Horacio Pechandy generó controversia al sugerir, en un artículo publicado por el diario regional Galicia Confidencial—procedente de una región con tendencias separatistas—, "vender Ceuta y Melilla" a Marruecos en medio de la crisis económica que España atravesaba entonces, considerándolo una forma de reducir el déficit fiscal y limitar el deterioro de las condiciones de los trabajadores, y una alternativa adecuada a desmantelar los sistemas de sanidad y educación.
Lo interesante del artículo es que el autor admite que ambas ciudades son originalmente marroquíes, afirmando en uno de sus párrafos: "Mientras todos esperan el colapso económico de España, algunos proponen ideas para salvar la situación, y yo no soy menos audaz que ellos, por lo que sugiero vender Ceuta y Melilla a los marroquíes. Es un trato perfecto: vendemos algo a alguien que originalmente lo poseía". Y añade: "Es cierto que España dice que Ceuta y Melilla eran suyas antes de que Marruecos existiera como Estado independiente, pero este es el caso de la mayoría de los países africanos, que surgieron después de que terminamos de colonizarlos. Así es siempre la lógica colonial, llena de hipocresía".
En referencia al coste económico que Madrid soporta por mantener la anexión de ambas ciudades, Pechandy consideró que "el trato debe ejecutarse rápidamente, antes de que los marroquíes se den cuenta de que todo lo que tenemos para defender estas dos colonias es un palo y una piedra, y que ni siquiera tenemos el incentivo suficiente para defenderlas. Tenemos que tomar el cheque, y al amanecer, con un ligero viento del oeste, bajar la bandera española y retirarnos con honor, como dijo Federico Trillo (exministro de Defensa español)".
Sin embargo, las reacciones que provocó el artículo del escritor gallego fueron mucho menores que la tormenta que afectó a María Antonia Trujillo, figura destacada del Partido Socialista Obrero y ministra de Vivienda en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entre abril de 2004 y julio de 2007. Trujillo consideró, durante su participación en un foro sobre relaciones hispano-marroquíes organizado por la Universidad Abdelmalek Essaâdi en Tetuán en septiembre de 2022, que el asunto de Ceuta y Melilla es "un remanente del pasado" entre Marruecos y España, y que las reclamaciones de Rabat para recuperar la soberanía sobre ellos "tienen justificación".
Las declaraciones de Trujillo llegaron un día después de la participación del expresidente Zapatero en la primera sesión del foro en Martil, y en un momento en que aún desempeñaba responsabilidades oficiales, pues era asesora de Asuntos Educativos en la embajada española en Rabat. Por tanto, sus palabras tuvieron un gran impacto, especialmente cuando habló de que la continuación del control español sobre Ceuta, Melilla y las islas del Mediterráneo frente a la costa norte de Marruecos representa "una afrenta a la integridad territorial de Marruecos".
Trujillo mencionó que esta situación es "un remanente del pasado que está en conflicto con la independencia económica y política de Marruecos y con las buenas relaciones entre los dos países", y continuó diciendo que Ceuta y Melilla "han sido árabes por más tiempo del que han sido cristianas". Expresó su convicción de que la reclamación marroquí para recuperarlas "tiene justificación", instando a "volver a los hechos históricos, recordando la sabiduría", y a la necesidad de avanzar hacia "una solución política" para este expediente.
Las palabras de Trujillo provocaron reacciones airadas contra ella, la primera de ellas del gobierno local de Ceuta, encabezado por Juan Vivas, que calificó la situación como una "traición institucional inaceptable", considerándola una "deslealtad" a España, y añadió que "la soberanía española sobre Ceuta y Melilla y su pertenencia a España no son discutibles o debatibles", señalando que el asunto implica una "falta de respeto a las dos ciudades españolas", y que tales declaraciones no deberían haber sido emitidas por una exministra del gobierno español.
Soberanía compartida: ¿una solución para Ceuta y Melilla?
Si el consenso sobre la pertenencia de Ceuta y Melilla a España no se alcanza, ni dentro ni fuera de las ciudades, y al mismo tiempo parece improbable que Madrid las ceda a Marruecos en este momento, ello puede haber impulsado a voces —que se expresan principalmente a puerta cerrada— a plantear el tema de la "soberanía conjunta" como solución de compromiso que permita a ambas ciudades tener un estatus especial que las devuelva a Marruecos sin arrancarlas de España, y al mismo tiempo ponga fin a su creciente crisis económica.
Este asunto encuentra algunos factores de apoyo en ambos lados. El sistema de soberanía conjunta no es ajeno a España, que lo aplica en la isla fronteriza de los Faisanes, en asociación con Francia, desde 1659 en virtud del Tratado de los Pirineos, por el cual Madrid ejerce soberanía sobre la isla entre el 1 de febrero y el 31 de julio de cada año, mientras que la soberanía pasa a París entre el 1 de agosto y el 31 de enero.
Pero la "soberanía conjunta" tampoco es ajena a Marruecos, pues este enfoque se aplicó en la región de Tánger Internacional entre 1923 y 1956. En aquel entonces, Marruecos, pese a estar bajo protectorado francés y español, estaba representado en algunas instituciones de la ciudad, como el consejo local, y España era uno de los nueve países que representaban a las partes del sistema internacional allí, junto a Francia, el Reino Unido, Estados Unidos, Italia, Portugal, los Países Bajos, Bélgica y Suecia.
En enero de 2008, el diario El Imparcial publicó una noticia sorprendente según la cual el entonces presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, había ofrecido al rey Mohammed VI negociar la soberanía conjunta de Ceuta y Melilla, en caso de que él y el Partido Socialista Obrero pudieran ganar las elecciones generales programadas dos meses después. La noticia señalaba que esta propuesta estaba incluida en la carta que envió al monarca marroquí, cuyo contenido no ha sido revelado oficialmente. El diario español afirmó que esta fue una de las razones que aceleraron el regreso del embajador marroquí Omar Azziman a Madrid, tras la crisis de la visita de los reyes Juan Carlos y Sofía a ambas ciudades en noviembre de 2007.
El periódico que publicó esta noticia no es muy conocido, pero causó un gran impacto debido a sus antecedentes, pues su fundador, que preside su consejo de administración hasta hoy, no es otro que Luis María Anson, miembro de la Real Academia Española, que presidió la agencia EFE entre 1976 y 1983, y dirigió el diario ABC entre 1983 y 1997 antes de fundar La Razónen 1998. Sin embargo, a nivel oficial, tanto Madrid como Rabat negaron esta noticia.
Lo cierto es que la propuesta del Partido Socialista Obrero, específicamente la idea de la "soberanía compartida" sobre Ceuta y Melilla con Marruecos, no es un asunto secreto. Así fue hasta principios de los ochenta, cuando el partido consideraba ambas ciudades como colonias españolas y abogaba por negociar sobre ellas con Rabat, hasta que cambió su discurso en 1982, cuando los socialistas llegaron al poder por primera vez en la era democrática española y nombraron a Felipe González presidente del gobierno.
El tema de la soberanía compartida volvió a surgir en agosto de 2024, cuando Fernando Cucho Pérez, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, que también se describe como analista de inteligencia en su biografía, afirmó haber visto informes sobre un acuerdo entre Marruecos y España para implementar un sistema de soberanía compartida en Ceuta y Melilla entre 2030 y 2032. En declaraciones a la Cadena SER, seguidas de una entrevista con El Farode Melilla, dijo que este paso se llevaría a cabo en coordinación con la Unión Europea y con el apoyo de Francia y Estados Unidos.
Cucho Pérez, cuyos análisis son utilizados en medios de comunicación públicos y privados españoles, incluida la radiotelevisión española RTVE, consideró que el asunto todavía está sujeto a negociación entre ambos países, pero encuentra respaldo en el hecho de que Marruecos se ha convertido en un aliado estratégico de Estados Unidos, Francia, Rusia y el Reino Unido, y podría resultar en acuerdos especiales entre la Unión Europea y Rabat, similares a los existentes con Andorra o Turquía. Sin embargo, fuentes gubernamentales marroquíes que hablaron en ese momento con El Independiente consideraron estas declaraciones como "meras lecturas alejadas de la realidad, y no están en la mesa de discusión entre los dos países".
Ceuta y Melilla: Marruecos no tira la toalla
Aunque la idea de la soberanía compartida no es oficialmente bienvenida, al menos públicamente, ni en Rabat ni en Madrid, hay círculos españoles que consideran que el deseo marroquí de recuperar ambas ciudades no se extinguirá. Así, en 2023, el general retirado del ejército español Juan Carlos Domingo Guerra volvió a plantear este asunto, pues dos años después de la publicación de su libro Ceuta en la encrucijada en 2021, publicó un nuevo libro titulado Los soldados, en el que indica claramente que la amenaza militar que acecha a España "viene del sur".
El general Guerra cree que Marruecos está movido por motivos "nacionales" y se aferra a la ambición de establecer un "Gran Marruecos", por lo que, para él, es solo "cuestión de tiempo antes de que intente recuperar Ceuta y Melilla, algo que logró en el Sáhara". Añade el militar, que anteriormente trabajó con la alianza OTAN, que ambas ciudades no están bien protegidas por España debido a "un fallo en los sistemas de seguridad y defensa", y duda de la posibilidad de solidaridad con ellas por parte de sus aliados en caso de ataque, porque "la entidad que lidera la OTAN, es decir, Estados Unidos, ve a Marruecos como su aliado preferido".

El tema de la convergencia entre España y Marruecos, especialmente en el ámbito militar, está generando una creciente preocupación en España, particularmente en los círculos tradicionales de derechas y extrema derecha. Esta inquietud alcanza tal grado que el expresidente del Gobierno José María Aznar —quien estuvo detrás de la crisis de la isla de Perejil hace veintitrés años y que involucró a España en la coalición internacional que invadió Irak en 2003 bajo liderazgo estadounidense— declaró en abril de 2023 que los acuerdos de armamento que Rabat firma con Washington "han contribuido a reducir la brecha de poder con España".
Aznar, durante su participación en un encuentro sobre relaciones iberoamericanas organizado por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) en Madrid, se mostró convencido de que España había perdido su estatus frente a Estados Unidos. Consideró que el indicador más destacado de ello es la alianza actual entre Rabat y Washington, que ahora suministra a Marruecos armas y equipos militares de calidad como los misiles HIMARS y los sistemas ATACMS, responsabilizando de esta situación al gobierno de Pedro Sánchez y al "caos interno" en España.
Este dato se suma a otro: la alianza OTAN no cubre las ciudades de Ceuta y Melilla, a pesar de que España es miembro de la organización. Esto significa que, teóricamente, el ejército español estaría solo frente al ejército marroquí en caso de cualquier enfrentamiento militar sobre lo que Madrid denomina "los territorios españoles en el norte de África". Por ello, el almirante retirado de la Armada española Juan Rodríguez Garat, al pasar por la Cadena COPE el pasado mes de marzo, llamó a la creación de un "ejército europeo unificado" para proteger ambas ciudades frente a las supuestas "amenazas marroquíes".
Está confirmado que las relaciones estratégicas entre Marruecos y Estados Unidos se han convertido en una obsesión para los españoles respecto al futuro de Ceuta. Hasta tal punto que el diario El Español, el pasado 23 de febrero, habló —basándose en la lectura de "expertos en seguridad"— sobre la posibilidad de que Marruecos organice una "Marcha Verde" en esta ocasión hacia las dos ciudades del norte, con el apoyo de Estados Unidos. Incluso predijo que Trump, que regresó a la Casa Blanca hace unos meses, firmará un decreto presidencial por el que Washington reconoce la soberanía marroquí sobre ambos enclaves, como sucedió con el Sáhara a finales de 2020.
A pesar de ello, el gobierno español insiste en mantener estos temores en el marco de las lecturas mediáticas y las exageraciones de políticos y militares de derechas que no sintonizan con el gobierno izquierdista de Sánchez. Así, el ministro de Asuntos Exteriores, Albares, en una entrevista con Telecinco, insistió en afirmar que Ceuta y Melilla "son españolas y pertenecen a la soberanía española de manera indiscutible", aunque también enfatizó que "Marruecos es un país amigo y socio estratégico", y que Estados Unidos "siempre ha sido el aliado natural de todos los europeos".
Ceuta y Gibraltar: dos enclaves, un mismo dilema
La insistencia de España en Ceuta puede tener otros objetivos geoestratégicos, pues no puede separarse del asunto de Gibraltar, el peñón situado en el extremo sur de España que pertenece a la corona británica y disfruta de autonomía. Esta región, que el Reino Unido controla desde el siglo XVIII, ha provocado una ruptura en la soberanía española y en la demarcación natural de sus fronteras marítimas, similar a la que Madrid ha causado a Marruecos con la ocupación de Ceuta.
Y aunque los sucesivos gobiernos españoles han trabajado arduamente para separar ambos expedientes, esto no es necesariamente así en la realidad, ya sea para la opinión pública española o para la perspectiva oficial marroquí. Volvamos, por ejemplo, al artículo del periodista español Horacio Pechandy, quien propuso vender Ceuta y Melilla a Marruecos en 2012. Allí se lee lo siguiente: "Estoy seguro de que los marroquíes aceptarán esto. Si David Cameron (primer ministro británico en ese momento) ofreciera ahora a Mariano Rajoy (presidente del Gobierno español en ese momento) vender Gibraltar, este último diría que sí, y le daría todo el oro del Banco de España".
La asociación del problema de Gibraltar con Ceuta y Melilla puede también implicar la asociación de la solución entre ambos expedientes. Algo que ya fue revelado por Ángel Manuel Bañasteros García, embajador y diplomático español que presidió el Consejo Superior de Asuntos Exteriores anteriormente, y que fue el primer y único enviado al Sáhara tras la salida de España de allí. En 2013, concedió una entrevista al diario El Faro en su edición publicada en Ceuta, en la que afirmó que los españoles entregarán ambas ciudades a Marruecos inmediatamente después de recibir Gibraltar de Gran Bretaña, agregando que "las grandes potencias no permitirán que España controle ambas orillas del estratégico estrecho de Gibraltar".

Y lo cierto es que esta conexión no es nueva ni secreta. El lado marroquí, a nivel oficial, la invoca habitualmente. En 2013, Londres desclasificó una correspondencia que había sido retenida por el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, actualmente depositada en el Museo Nacional Británico, que incluye palabras del rey Juan Carlos I fechadas en 1982. En ellas, el monarca español afirma que el rey Hassan II le comunicó que, si España recuperaba Gibraltar, Marruecos, a cambio, activaría sus reclamaciones respecto a la recuperación de la soberanía sobre Ceuta y Melilla. El rey Juan Carlos añade que tomó estas "amenazas" en serio.
El rey Hassan II no solo invocaba esta conexión en correspondencias secretas o reuniones bilaterales, sino también públicamente, en declaraciones a periodistas y en encuentros con cobertura mediática. Así ocurrió en 1974, durante una reunión con un grupo de empresarios, entre ellos británicos, donde afirmó: "Espero que las reclamaciones de los españoles sean muy fuertes, porque nos devolverán Ceuta y Melilla si los británicos les entregan Gibraltar". Reiteró esta idea en otra declaración en 1987, antes de una visita oficial a España, cuando dijo que los españoles "reclaman Gibraltar porque está en territorio español" y que, en contrapartida, Marruecos "continuará reclamando Ceuta y Melilla porque están en territorio marroquí".
Entre ambos expedientes existen numerosas similitudes. La pequeña superficie de Gibraltar, de 6,8 kilómetros cuadrados, se encuentra fuera de la geografía natural de las Islas Británicas y está clasificada como "territorio de ultramar", al igual que Ceuta y Melilla, aunque estas son de mayor tamaño —18,5 y 12,3 kilómetros cuadrados, respectivamente— y también se hallan fuera de la península ibérica. La composición demográfica del Peñón, bajo soberanía británica, está encabezada por españoles andaluces, y el catolicismo, predominante en España, es la religión del 78 por ciento de la población, frente a alrededor del 7 por ciento de protestantes, más comunes en Gran Bretaña. Esto recuerda que aproximadamente la mitad de la población de las dos ciudades del norte de Marruecos son musulmanes, la proporción más alta de todas las "ciudades españolas", según datos oficiales.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental que hace que las reclamaciones españolas sobre Gibraltar sean menos "legítimas". Si bien el Reino Unido anexionó este territorio de manera definitiva mediante el Tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la Guerra de Sucesión Española, el gobierno británico permitió posteriormente a los habitantes de Gibraltar celebrar dos referendos para decidir su destino. El primero, en 1967, contó con la participación de aproximadamente el 96 por ciento de la población y concluyó con la opción de "permanecer bajo soberanía británica con autogobierno" respaldada por el 99,64 por ciento de los votantes, frente a la opción de "integrarse en España". Este resultado condujo a la adopción de la Constitución de Gibraltar en 1969, año en que España decidió cerrar las fronteras terrestres con este territorio hasta 1985.
El segundo referéndum tuvo lugar en 2002, tras un largo proceso de negociación durante los años noventa entre Madrid y Londres, en el que se planteó la cuestión de la soberanía conjunta. Ello llevó a las autoridades británicas a someter la propuesta a la población gibraltareña. Participó aproximadamente el 88 por ciento del censo, y la opción de "rechazar la soberanía conjunta con España y permanecer exclusivamente bajo soberanía de la corona británica" obtuvo más del 98 por ciento de los votos, frente al 1,03 por ciento que optó por aceptar la soberanía compartida.
En cambio, la posibilidad de celebrar un referéndum en Ceuta y Melilla nunca se ha planteado a los habitantes de ambas ciudades, ya que Madrid se niega a ello, considerando que su caso es "diferente" al de Gibraltar e incluso al del Sáhara. Sin embargo, podría verse obligada a hacerlo, especialmente si ambas ciudades se convierten en una carga económica y social creciente para España, o si Rabat encuentra un fuerte respaldo internacional en su camino para llevar este caso ante el Cuarto Comité de Naciones Unidas.