Un centro de investigación estadounidense ha hecho un llamado a lo que describió como “corregir un error histórico”, al instar a que se reconozca oficialmente que las ciudades de Ceuta y Melilla, situadas al norte de Marruecos, son “territorios marroquíes ocupados”, de manera similar a la decisión previa de Washington de reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental.
Este llamado se realizó a través de un artículo publicado por el American Enterprise Institute, un centro de investigación estadounidense especializado en políticas públicas, como respuesta a las posturas del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, respecto a Israel. El autor, Michael Rubin, buscó resaltar las contradicciones en estas posturas frente a diversas cuestiones, como el silencio de Madrid ante los ataques a manifestantes iraníes, en contraste con la condena hacia Israel por su ataque a Teherán.
Rubin también señaló lo que considera contradicciones en el discurso español: el rechazo a las armas israelíes mientras se adquieren otras de Alemania que dependen de la industria israelí, y el intento de presentar a Israel como agresor mientras Madrid mantiene la administración de Ceuta y Melilla.
En este contexto, el artículo menciona que ha llegado el momento de que el presidente estadounidense Donald Trump adopte un enfoque similar al que aplicó durante su primer mandato, cuando reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, considerado en ese momento como una “corrección de un error histórico” de larga data. Según Rubin, la situación de Ceuta y Melilla debería analizarse bajo la misma lógica.
El artículo revisa además las raíces históricas del control español sobre las dos ciudades: Ceuta estuvo bajo dominio portugués desde 1415 antes de pasar a España tras la unión de las coronas española y portuguesa a finales del siglo XVI, mientras que Melilla fue ocupada por España en 1497 y ha permanecido bajo su administración desde entonces.
Asimismo, se recuerda que España participó junto a Francia en la imposición del sistema de protectorado en Marruecos a principios del siglo XX, retirándose posteriormente de la mayoría de los territorios tras la independencia del Reino en 1956, manteniendo únicamente el control de Ceuta y Melilla.
Rubin describió al primer ministro español como “hipócrita”, comparando su postura con la de su homólogo británico de izquierdas, Keir Starmer, quien se ha retractado de demandas sobre las Islas Chagos y es probable que haga lo mismo con las áreas de las bases soberanas en Akrotiri y Dhekelia en Chipre, legado de la era colonial británica y utilizado para la defensa del este del Mediterráneo, señalando que Starmer, según él, permanece “fiel a sus principios”, a diferencia de Sánchez.
El artículo también contextualiza la alta tensión actual entre España e Israel, destacando que Madrid anunció la semana pasada la retirada permanente de su embajadora en Tel Aviv. España ha reducido su representación diplomática al nivel de un alto funcionario interino, con la misión actualmente encabezada por un encargado de negocios.
Estas tensiones se intensificaron tras las declaraciones del ministro israelí Gideon Sa’ar, quien calificó la posición española como “anti-Israel” y “a favor de los tiranos”, generando reacciones políticas y mediáticas en España.
Rubin interpreta que la postura española refleja una posición europea que rechaza el uso de sus bases en operaciones militares contra Irán, lo que también provocó disputas con Estados Unidos y dentro de la OTAN.
Finalmente, el artículo recuerda que estas disputas se producen en un contexto histórico de tensiones España-Israel, que se han intensificado desde la guerra de Gaza, incluyendo etapas previas de convocatorias recíprocas de embajadores, restricciones en la venta de armas y prohibiciones de tránsito de armas a través de puertos españoles. España rechaza las acusaciones de Israel sobre antisemitismo, asegurando que sus posturas buscan proteger el derecho internacional y los derechos humanos.