Carlos Uriarte a Assahifa en Español: "Un Gobierno de centro-derecha recuperará la relación estratégica con Israel y EEUU, que podría reforzarse con una mayor confianza entre Marruecos y España"

El paso de las oficinas de enlace a embajadas sitúa las relaciones entre Marruecos e Israel ante una nueva etapa. Seis años después de la reanudación de sus vínculos diplomáticos, Rabat y Tel Aviv han decidido elevar el nivel de su representación, intercambiar embajadores y avanzar, además, en la recuperación de los vuelos directos y en nuevos acuerdos económicos. El entendimiento, anunciado en Nueva York tras una reunión entre el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y su homólogo israelí, Gideon Sa’ar, bajo los auspicios del embajador estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz, devuelve al primer plano el triángulo diplomático que Washington contribuyó a construir en diciembre de 2020.

No se trata, en realidad, de un movimiento aislado. La declaración tripartita suscrita el 22 de diciembre de 2020 ya contemplaba el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, la apertura de vuelos directos y el desarrollo de la cooperación económica entre Marruecos e Israel. Aquel acuerdo estuvo acompañado por el reconocimiento estadounidense de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, una posición que Washington mantuvo durante la Administración Biden. El nuevo entendimiento de Nueva York da ahora continuidad a aquel marco, pero eleva unas relaciones que hasta ahora se articulaban formalmente mediante oficinas de enlace al rango de embajadas.

Ese nuevo escenario no se limita, sin embargo, al eje Rabat-Tel Aviv. La presencia estadounidense en el acuerdo vuelve a colocar a Washington en el centro de una arquitectura regional en la que confluyen Marruecos, Israel, el Mediterráneo y Oriente Próximo, mientras España observa desde la otra orilla un tablero diplomático especialmente sensible para sus propios intereses.

Madrid mantiene una relación estratégica con Rabat y, al mismo tiempo, atraviesa una etapa de fuertes diferencias políticas con Israel a raíz del conflicto palestino-israelí. El Gobierno español ha mantenido su defensa de la solución de dos Estados y ha respaldado, junto con otros países europeos, posibles medidas frente a la política israelí de asentamientos en Cisjordania.

Para Carlos Uriarte Sánchez, especialista en asuntos europeos e internacionales y profesor de Derecho Constitucional, la decisión anunciada en Nueva York debe interpretarse, precisamente, desde esa perspectiva más amplia. En declaraciones a Assahifa en Español, considera que la apertura mutua de embajadas constituye "una consolidación natural de las relaciones iniciada en 2020" y entiende que el movimiento debe contemplarse como la continuación de un proceso que nació durante la primera Administración de Donald Trump.

"Desde una perspectiva europea y de Derecho internacional, la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel iniciada en 2020 debe valorarse como un hecho de indudable relevancia geopolítica", sostiene Uriarte, aunque introduce inmediatamente una cautela: el acercamiento diplomático no resuelve por sí mismo los contenciosos que atraviesan la región.

En ese sentido, el jurista separa la consolidación de las relaciones bilaterales de dos cuestiones que, a su juicio, mantienen sus propias dinámicas. "La normalización no debería confundirse con la solución de las controversias territoriales existentes", señala. El acuerdo, explica, no resuelve por sí mismo ni el diferendo en torno al Sáhara ni la cuestión palestina, dos expedientes que, pese a cruzarse con los equilibrios regionales, requieren sus propios cauces políticos y jurídicos.

Su lectura del acuerdo parte, por ello, de una premisa distinta: la cooperación entre Marruecos e Israel tiene consecuencias sobre un tablero mediterráneo mucho más amplio que la estricta relación bilateral. Para Europa, sostiene, una mayor coordinación entre los países de la región puede contribuir a la seguridad y al desarrollo económico, pero obliga también a pensar qué papel pretende desempeñar la Unión Europea ante la transformación de los equilibrios regionales.

"Para la Unión Europea, y particularmente para España, esto plantea una cuestión fundamental: cómo participar en la configuración de un Mediterráneo basado no solamente en la seguridad, sino también en la cooperación económica, energética, tecnológica y humana", afirma.

Uriarte considera, además, que las relaciones con Marruecos e Israel no deberían quedar encerradas en compartimentos bilaterales. A su juicio, existe margen para construir "un espacio de cooperación euromediterránea más amplio", en el que Europa ejerza una función de diálogo y aproximación entre diferentes regiones.

Ese planteamiento, advierte, tampoco puede hacerse a costa del Derecho internacional. "Precisamente en momentos de transformación del orden internacional, Europa tiene que defender el multilateralismo, el Estado de Derecho y la búsqueda negociada de soluciones", sostiene. El equilibrio entre "realismo político y principios jurídicos", debería constituir uno de los rasgos distintivos de la política exterior europea.

Washington y el momento elegido

Hay, sin embargo, otro elemento que Uriarte considera imprescindible para interpretar lo ocurrido en Nueva York. Washington no solo estuvo en el origen del entendimiento alcanzado en 2020, sino que vuelve a aparecer como avalista de esta nueva fase seis años después.

"El reciente acuerdo alcanzado en Nueva York entre Marruecos e Israel de abrir embajadas con el aval de Estados Unidos debe contemplarse con normalidad y fruto de una consolidación de un proceso iniciado en la primera Administración del presidente Trump", señala.

Uriarte introduce aquí también el calendario político estadounidense. Estados Unidos se aproxima a las elecciones de noviembre en pleno segundo mandato de Trump y, en opinión del especialista, ese contexto interno tampoco puede desligarse por completo de la política de Washington en Oriente Próximo. Alude, en este sentido, a la influencia política que atribuye al lobby judío estadounidense y a la necesidad de que, en medio de un conflicto prolongado en Oriente Próximo, la diplomacia pueda exhibir también avances.

"Sabemos que la guerra enquistada en Oriente Medio necesita también de buenas noticias", resume.

España e Israel: un equilibrio perdido

Si el eje Marruecos-Israel aparece para Uriarte marcado por la continuidad, su diagnóstico sobre las relaciones entre España e Israel es bastante diferente. El profesor recuerda que la diplomacia española buscó históricamente mantener un delicado equilibrio entre Israel y el mundo árabe, condicionado tanto por razones históricas como por la posición geográfica de España.

Como ejemplo, recupera uno de los grandes hitos de la diplomacia española contemporánea: la Conferencia de Paz de Madrid de 1991, que reunió a Israel y representantes árabes en un proceso auspiciado por Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.

"España siempre ha mantenido por razones históricas y situación geográfica una relación equilibrada entre Israel y los países árabes. Por este motivo pudimos, por ejemplo, organizar la Conferencia de Paz de Madrid hace 35 años", recuerda.

Desde esa perspectiva, Uriarte considera que Madrid debería haber preservado una mayor capacidad de interlocución entre las partes. "Si la solución de los dos Estados es aquella que mayor consenso tiene en la comunidad internacional, lo lógico sería que España hubiera seguido jugando ese papel equilibrado entre Israel y Palestina", argumenta.

Tampoco atribuye a España capacidad para resolver unilateralmente el conflicto. "España no tiene el peso diplomático para solucionar por sí sola un contencioso que lleva abierto desde hace décadas", señala.

En este contexto, Uriarte considera que un futuro Gobierno debería volver a estrechar las relaciones bilaterales con Israel y cuestiona lo que define como una "política de trinchera" del presidente del Gobierno tanto en el escenario interno como en el exterior.

En su opinión, esa orientación está alejando a España de algunos de los ejes que tradicionalmente han estructurado su política exterior: el consenso europeo, el vínculo transatlántico con Estados Unidos, la relación con América Latina y la dimensión mediterránea, particularmente el norte de África y Oriente Próximo.

Uriarte vincula también algunas de las decisiones adoptadas por el Ejecutivo a los equilibrios internos de la coalición y, particularmente, a la influencia de Sumar y de los sectores situados más a la izquierda. A su juicio, determinadas posiciones han servido simultáneamente como elemento de movilización política interna y como instrumento para ganar reconocimiento entre países del denominado Sur Global.

En esa misma lectura encuadra la aproximación española a China y a gobiernos con mayor afinidad ideológica con los socios de izquierda del Ejecutivo. Se trata, insiste, de su interpretación de una política que considera alejada de decisiones construidas sobre grandes consensos de Estado con la oposición.

En el terreno práctico, Uriarte destaca especialmente dos ámbitos. "La cooperación tecnológica y de seguridad con Israel y Estados Unidos es para España crucial", afirma. Y añade un tercer vértice a esa ecuación: Marruecos. Una mayor cooperación con Washington y Tel Aviv, sostiene, podría verse reforzada a su vez por una relación entre Madrid y Rabat asentada sobre "una confianza y lealtad mutua afianzadas".

Qué cambiaría con un Gobierno PP-Vox

Preguntado por Assahifa en Español sobre cómo podría evolucionar la política exterior española ante un eventual Gobierno sustentado por PP y Vox, Uriarte distingue claramente entre los tres grandes interlocutores sobre los que se articula su análisis: Estados Unidos, Israel y Marruecos.

En el primero de los casos espera un cambio sustancial. "Con respecto a Estados Unidos, se mejorará claramente y se volverá a una situación anterior", afirma.

Para Uriarte, las actuales diferencias con Washington "no se corresponden" con los intereses estratégicos españoles y deben entenderse también a la luz de la situación política interna. Considera que la debilidad parlamentaria del Gobierno, la participación de Sumar en la coalición y el peso de posiciones situadas más a la izquierda han influido en la política exterior, al tiempo que algunas decisiones han adquirido una dimensión de discurso interno.

En el plano internacional, añade, esa orientación ha proporcionado al Ejecutivo español una determinada visibilidad entre países del llamado Sur Global y se ha producido paralelamente a una aproximación hacia China y otros gobiernos ideológicamente próximos a la izquierda. Uriarte cuestiona que ese viraje responda a una política de Estado construida sobre el consenso entre Gobierno y oposición y lo interpreta, en cambio, desde las claves de la política interna y la afinidad ideológica.

Su pronóstico es todavía más claro respecto a Israel. Considera que las relaciones "mejorarán enormemente" bajo un Ejecutivo de centro-derecha y derecha, fundamentalmente porque existiría voluntad de recuperar una posición española de mayor equilibrio en Oriente Próximo.

Ese eventual reajuste no se limitaría a Israel. Uriarte sitúa dentro del mismo esquema la cooperación con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, dos actores cuyo peso político y económico en la región considera necesario incorporar a una estrategia española más amplia hacia Oriente Próximo.

Marruecos, la relación más delicada

El tercer vértice presenta, para Uriarte, más matices. Si con Washington e Israel anticipa un acercamiento relativamente claro, en el caso de Marruecos considera que el punto de partida estará inevitablemente condicionado por la crisis de Ceuta y por el grado de confianza que exista entre los dos gobiernos.

"Con respecto a Marruecos, se deberá recuperar la confianza y la cooperación", afirma.

Uriarte contrapone aquí el discurso oficial del Ejecutivo español sobre el buen estado de las relaciones con Rabat con las consecuencias que, a su juicio, ha dejado la crisis ceutí. Considera que lo sucedido ha provocado "un daño muy grande de confianza a nivel político" y ha generado malestar entre sectores de la sociedad española.

En ese escenario, defiende preservar el statu quo en aquellos asuntos donde las posiciones de Marruecos y España continúan alejadas, evitando que los desacuerdos terminen contaminando los numerosos ámbitos en los que ambos países mantienen intereses compartidos.

La evolución de la relación dependerá también, sostiene, de cómo termine resolviéndose la crisis de Ceuta. "Debería encontrarse una solución a la mayor brevedad posible", afirma, antes de advertir que la prolongación del episodio perjudica a ambos países.

"Marruecos no puede permitirse la imagen que está dando con la crisis ni tampoco España", sostiene Uriarte, que considera que la situación ha alimentado malestar a ambos lados del Estrecho.

El especialista incorpora al escenario político interno marroquí y relaciona ese clima con los últimos movimientos electorales registrados en el Reino. Uriarte llama la atención sobre la pérdida de la primera posición por parte del partido del jefe del Gobierno, la baja participación que aprecia especialmente entre los jóvenes y el avance de los islamistas, factores que, en su opinión, deberán ser tenidos en cuenta en la evolución política del país.

"Si la cuestión se soluciona pronto podremos recuperar poco a poco la colaboración bilateral exitosa que veníamos desarrollando hasta ahora", señala. La fórmula, a su juicio, pasa por concentrarse "en lo que nos une y no en lo que nos separa" para volver a encauzar la relación bilateral.

El escenario sería distinto si la crisis se prolonga y coincide con un cambio de mayoría política en España. Uriarte considera que, ante una mayoría absoluta del centro-derecha y la derecha, ambos países podrían continuar tratando de preservar una buena relación, pero advierte de que la confianza acumulada durante los últimos años podría resultar más difícil de reconstruir.

"De no ser así, con una mayoría absoluta del centro-derecha y la derecha, me temo que, aun intentando mantener una buena relación entre ambos países, la relación no volverá a ser como antes", concluye.

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